
Tomada de Diario Primicia
Alex Fergusson 02.10.26
El fenómeno climático conocido informalmente como “El Niño” es un evento global que ocurre cuando la temperatura de la superficie del mar en la franja ecuatorial del océano Pacífico (entre Ecuador y Nueva Zelandia) registra anomalías de calentamiento superiores a la media histórica (por lo general entre 0,5 y 1 grado centígrado por encima) causando episodios de sequía o lluvias torrenciales en ciertas épocas del año y según el lugar del mundo.
Esta oscilación térmica provoca importantes alteraciones climáticas, especialmente en los patrones de viento y en los patrones de precipitación en todo el mundo, intensificando sus impactos en algunos lugares.
Ahora resulta que la anomalía de calentamiento en la franja ecuatorial ha alcanzado valores entre 3 y 4 °C por encima del promedio, por lo que se esperan terribles consecuencias, particularmente en Sudamérica, Asia y sur de África.
A este fenómeno se le está llamando (y con razón), el “Súper Niño”.
A nivel mundial los impactos serán: a) aumento generalizado de la temperatura, con posibilidad de que se rompan récords históricos, disparando intensas olas de calor; perturbación del clima global por alteración del comportamiento de los monzones en Asia y el patrón de huracanes en el Caribe y el Atlántico, pero intensificándolos en el Pacífico; impactos económicos y de seguridad alimentaria: por las pérdidas de cosechas agrícolas generalizadas por sequías en zonas productoras claves como Sudamérica y el sudeste asiático, impulsando la inflación en el precio de los alimentos.
En la región sudamericana, los efectos de un Súper Niño se están manifestando de manera asimétrica según la ubicación geográfica. En Ecuador, Perú y Chile: se generarán lluvias torrenciales, inundaciones fluviales y deslizamientos de tierra, y además habrá impacto económico por reducción en la pesquería, que es una actividad importante en estos países; en Colombia, norte de Brasil y Venezuela, habrá severas condiciones de sequía, con pérdida del caudal de ríos y embalses que producen energía hidroeléctrica, aumento de riesgo de incendios forestales y la pérdida de cosechas agrícolas y pecuarias, además de olas de calor; en el Cono Sur (Uruguay, Paraguay, Argentina y sur de Brasil) ocurrirán precipitaciones acumuladas por encima del promedio, favoreciendo la humedad del suelo pero aumentando el riesgo de inundaciones en zonas rurales y urbanas.
En el caso específico de Venezuela, el escenario del Súper Niño afectara al país, adicionalmente a lo antes señalado, con una crisis energética por reducción del volumen de agua en los embalses hidroeléctricos (pues el país depende, en un 75%, de esta fuente de energía), que además sufren un deterioro notable por fallas en el mantenimiento. Muy probablemente el sistema eléctrico nacional no soportará esta presión y la actividad económica y social se verán severamente afectadas.
En el caso de Europa, el impacto del fenómeno del Súper Niño es significativamente distinto e indirecto en comparación con sus efectos inmediatos en las cuencas del Pacífico, del Índico o del continente americano.
Debido a la distancia geográfica y a la complejidad de las dinámicas atmosféricas del Atlántico Norte, sus consecuencias en Europa dependen de la interacción con variables como la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) y el comportamiento de las corrientes marinas (jet stream), propias de la región.
Sin embargo, habrá efectos a considerar según la estación climática.
En otoño e invierno: en la Península Ibérica, Francia e Italia habrá una mayor frecuencia de borrascas procedentes del Atlántico. Esto suele traducirse en un otoño e invierno más húmedos y lluviosos, con un incremento en el riesgo de episodios de precipitaciones intensas y temporales marítimos; en Escandinavia y zona Báltica se verá favorecido el bloqueo anticiclónico en latitudes altas, lo que desplaza el aire frío polar hacia el sur y generaría inviernos significativamente más secos y fríos en el norte del continente.
En primavera y verano: la energía térmica liberada a la atmósfera global por un Súper Niño, reforzará la tendencia del calentamiento global, favoreciendo la aparición de olas de calor más tempranas, prolongadas e intensas en todo el continente europeo, especialmente en verano.
Pero, además, habrá un impacto socioeconómico y energético principalmente por las secuelas globales sobre las cadenas de suministro y los mercados de commodities, pues las sequías extremas y las inundaciones en zonas agrícolas estratégicas para Europa (Latinoamérica, Sudeste Asiático, África) mermarán las cosechas globales de diversos rubros alimenticios como café, cacao, azúcar, cereales y soja, y otros productos, lo cual producirá un aumento directo en los precios de los alimentos importados por la Unión Europea.
También habrá presión sobre sistema energético pues los periodos de calor extremo estival aumentarán exponencialmente la demanda de energía para climatización; las eventuales sequías en el centro y sur de Europa reducirán la capacidad de generación hidroeléctrica y limitarán la producción de energía nuclear (debido al menor caudal y al aumento de temperatura de los ríos utilizados para la refrigeración de centrales); y, finalmente, aunque las lluvias de invierno pueden reponer parcialmente los embalses en el sur de Europa, las temperaturas anormalmente altas aceleran la evapotranspiración del suelo, prolongando la vulnerabilidad de las masas forestales ante grandes incendios durante la estación seca.
Así que, a diferencia de los ciclos habituales de El Niño, la intensidad registrada en los episodios catalogados como Super Niño, agravarán significativamente el estrés hídrico ambiental, la ocurrencia de incendios forestales, disminuirá la productividad agropecuaria y sobrecargará la generación hidroeléctrica; pero, además, pondrá de relieve la vulnerabilidad de las sociedades que hemos construido, frente al cambio climático que hemos inducido con nuestras actividades.
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