Opinión y análisis

Venezuela: ausente

Fotografía: Anna Bodnar

Fotografía: Anna Bodnar

Por: Elsa Cardozo

La inasistencia del presidente Nicolás Maduro a la Asamblea General de las Naciones Unidas se ha producido en un panorama internacional en el que la pretensión de continuidad de la política exterior heredada ya no encuentra los vientos favorables de hace un tiempo.

Los aparatosos arreglos para la enorme comitiva presidencial parecían confirmar la intención de ir a Nueva York y aprovechar el foro mundial para continuar la campaña internacional del sucesor de Hugo Chávez, a razón de una semana de viaje por cada mes en el cargo. Las denuncias del propio Presidente sobre las razones para suspender su participación parecían, a su vez, justificar que el canciller asistiera a la reunión de la Unasur donde se iban a procurar respuestas regionales de solidaridad con Venezuela; pero ni estuvo el canciller ni hubo apoyo para la tesis conspirativa del gobierno.

A las ausencias y negativas subyacen profundas grietas en la diplomacia venezolana así como una cada vez más visible reducción del margen de maniobra internacional del país cuyo Presidente, precedido por abundantes mensajes y mensajeros a Beijing, acaba de volver de China con un preocupante desbalance entre las garantías otorgadas y los recursos recibidos.

Pesa la ausencia del líder carismático con sus habilidades discursivas para la ofensiva y los arreglos pragmáticos, pesan también gravísimas vulnerabilidades económicas del país, ahora socio moroso y deudor en busca de nuevos créditos. Así ocurre, en medio de señales de cambio en el entorno internacional que también le restan espacio a los desplantes, la arrogancia y las exigencias de apoyo incondicional.

La recién reiterada solidaridad del gobierno de Venezuela con el de Bashar al-Assad contrasta con la resolución del pasado 27 de septiembre del Consejo de Derechos Humanos que condena a los abusos de todos los bandos (con el venezolano como único voto en contra). También desentona con la del Consejo de Seguridad de la ONU (por unanimidad de sus quince miembros, Argentina entre ellos), que exige la destrucción de armas químicas al régimen sirio. Otro dato de interés es la moderación del discurso del presidente iraní Hasan Rohani, dentro y fuera de la Asamblea General, y sus señales de acercamiento a Estados Unidos.

No es diferente el cuadro regional, donde el fracaso de la moción de apoyo a Venezuela presentada en la cita de la Unasur revela el desgaste de acusaciones sin sustentación: en apenas cinco meses, una docena de supuestos planes magnicidas en los que se mencionan gobiernos y dirigentes políticos de otros países.

Eran otras las circunstancias internacionales cuando el presidente Chávez emplazaba al de Estados Unidos desde la tribuna de la ONU, invitaba a la flota rusa al Caribe, desafiaba las sanciones impuestas al régimen iraní, anunciaba una movilización militar hacia la frontera con Colombia y ofrecía cooperación petrolera y asistencia financiera a manos llenas. Ya entonces, y mucho más ahora, el país necesita una presencia internacional activa, pero desde orientaciones que coloquen en primera línea las aspiraciones y necesidades de la atribulada y diversa sociedad que es Venezuela.

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