Opinión y análisis

Carta de nuestros Lectores

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A mi Caracas

 Por: Gabriel Pérez Zeppenfeldt

Aprovecho el espacio que PolitiKaUcab abre a sus lectores, para expresar mi sentimiento de pérdida por el deterioro que el país, y especialmente mi ciudad natal, ha experimentado durante estos 15 años. Soy caraqueño, nacido el 20 de agosto de 1977 en la Clínica Méndez Gimón a las 9:15 am ubicada en la avenida Andrés Bello. Hoy escribo estas palabras dedicadas a Caracas, al caraqueño y al venezolano.

Desde hace pocos meses vivo en la Isla de Margarita, tomé la decisión de irme de mi amada ciudad por búsqueda de tranquilidad. Es increíble verla desde de afuera. La nostalgia se interpone entre lo bella de la ciudad y el caos de la misma. Después de 15 años observo los cambios; ya no es la misma, ya no brilla como antes, ya no existe magia, el sentimiento de  alegría se fue, ya no estoy cómodo en ella. Ya  no observamos su majestuosidad  por estar dispersos e inmersos en la política, la economía, en protegerse en una cola o en el tráfico no solo de los delincuentes, sino de los motorizados que parecieran una colmena de abejas pero sin polinizar y producir miel, no hay tiempo para ni siquiera pararse y observar el increíble Ávila, la arquitectura, solo hay tiempo para ir a trabajar y regresar sanos a su casa.

La ciudad en la noche ni se hable, ha cambiado; es diferente, ya no hay sitios donde puedas disfrutar un bolero en vivo, bailar salsa tranquilos, poder disfrutar de las luces y sus plazas, no hay bares de pool, no hay rock en Caracas, solo queda el resguardo ante el subdesarrollo, la inflación y la inseguridad. Se me salen las lágrimas cuando hoy volteo a ver al caraqueño, incluyéndome; pareciera que esa magia que tenía se esfumó por completo, se convirtió en ceniza llevada por el aire, no hay educación, no hay paciencia, solo queda correr para sobrevivir, está invadida por mucha nostalgia, por la resignación de no poder tener esa “Caracas ciudad Hermosa”. No ha crecido, no se ha desarrollado, más bien se ha transformado en un lugar que parece no tener salida. Nos dañaron a nuestra capital, a nuestro país, ni siquiera  hay visión de desarrollar otras ciudades y mantener esa esperanza en progresar, en mejorar nuestra ciudad, nuestro país. Iconos de la ciudad como las torres de Parque Central, aun en pie pero sin lograr reconstruirlas para poder observar su belleza arquitectónica. En la autopista la cantidad de refugios de motorizados transforman las avenidas en pobreza, la sede de Lagoven ahora una Universidad que ni se escucha ni se sabe bien de ella. No hay construcciones pensando en grande, solo pañitos de agua caliente y expropiaciones, el obelisco, ¿dónde está?, ¿qué hay ahí?, muchos jóvenes ni saben que eso existe; la UCV totalmente descuidada, los edificios de la misma deteriorados sin existir una pizca de interés por restaurarlos.

¿Cuántas mentiras más para Venezuela?, ¿cuántas mentiras más para mi Caracas?, ¿será que no se dan cuenta del vacío que han sembrado en el “corazón del pueblo”?. Solo hay un enfoque político absurdo que no deja ver lo hermoso de nuestro país, de nuestra ciudad. “El que tenga ojos que vea”,  y que vea una vez más y observe todo lo que ha sucedido a su alrededor. ¿Qué pensará el sultán enamorado de la odalisca?, ¿seguirá sentada a sus pies?,  ¿o más bien estará arrodillada suplicándonos que luchemos por ayudarla a sentarse nuevamente junto a su amado, el cual hasta  su identidad ha perdido?, ¿qué dirán las siete estrellas y el caballo de nuestra bandera?, ¿podrán aguantar una estrella más?, ¿es que acaso el caballo podrá voltear su mirada al lugar de dónde vino?, ¿será posible que alguien sea capaz de poder quitarnos la identidad y cambiar nuestros símbolos, pensamientos, costumbres, rutinas, paisajes, etc.  por un fanatismo que ni puedo llamar ideología política?, ¿podrán aquellos que han dejado a su país algún día volver a trabajar en él y desarrollarlo?. Hasta nuestra naturaleza demostró su descontento en algún momento, el Ávila mostró su furia en el  1999, las lluvias y el poco mantenimiento hicieron derrumbar una arteria vial muy importante, el fuego quemó a una torre muy bien hecha en Parque Central, éstas, fueron señales en las que un adicto al poder no pudo identificar, por poco amor a la vida, por poco amor a nuestra madre tierra y a nuestro país. Por eso hoy les digo, a aquellos egoístas responsables de tanta bancarrota, que no se montaron en el tren de la oportunidad de cambiar y de transformar el país en algo grande,  la perdieron. Perdieron incluso su esencia de seres humanos, no entenderán nunca por qué estamos, no entenderán que somos hijos y hermanos, que somos una especie, una raza y que debemos comprender y respetar dónde respiramos y con quien vivimos. Las personas, ambiciosas, malas, mentirosas tienen el chance de re-organizarse y re-educarse, de lo contrario no creo que den mucho en esta tierra, el tiempo es sabio y aún tienen la oportunidad de conocerse a sí mismos y replantear su intención hacia el Caraqueño, hacia el Venezolano, hacían un mundo mucho mejor.

Al Caraqueño y al venezolano, volvamos a ver a nuestra ciudad y nuestra nación con los ojos de poder voltear la mirada a nuestra bella naturaleza, a nuestra especial amabilidad y alegría que nos caracteriza, luchemos con esta pasión dentro de nuestras venas. Lucha y pasión por nuestro país harán que las fuerzas nos acompañen para transformar a Venezuela en “Lo mejor del Mundo”.  Luchemos por esa suplica de la Odalisca arrodillada para ayudarla a sentarse nuevamente y demostrar el eterno amor que le tiene a su gran sultán, se lo merece.

Te extraño mi Caracas,  nunca te dejare de querer y sé que te recuperaremos.

Me tomo el atrevimiento de dejarles una canción con la que plenamente me identifico, es de una gran canta-autora venezolana, Luz Marina Anselmi:

Gabriel Pérez Zeppenfeldt

1 reply »

  1. Hola! Gabriel tienes toda la razòn, Venezuela entera nos mantiene el corazòn arrugado, el cuadro que presenciamos no es para menos. A estos años de mi vida, no creo sencillo ni pronto ver una recuperaciòn a tanto deterioro. Se van a necesitar, como mìnimo tres generaciones de venezolanos, para poder ver algùn resultado. Mis deseos de corazòn los pongo en ustedes los jòvenes, que tienen el empuje y fuerza necesaria para luchar por Venezuela. Ojalà el tiempo lo permita.

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