Opinión y análisis

La tormenta perfecta

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Por: Benigno Alarcón / Jueves, 29 de mayo de 2014

faro52

¨La salida de la actual crisis política no podrá ser sin los militares ni contra los militares.¨
(Carlos Blanco. El Nacional 11-05-2014)

Después de una semana de receso, porque hay que compartir este espacio con otros pensadores que tienen también mucho que decir, y también porque a veces se necesita algo más de tiempo para comprender los escenarios que se van consolidando sin prisa pero sin pausa, hay señales aun confusas, que parecieran ir marcando el camino hacia dónde van la cosas.

Como habíamos dicho con anterioridad, cuando los autoritarismos competitivos pierden su ventaja competitiva, o sea la que les permite ganar elecciones bien sea por la legitimidad de su liderazgo o por el tamaño del sector al que distribuyen beneficios, tienen que decidir entre negociar algunas garantías con la oposición y abrir el juego político (democratización) o cerrarlo y confiar en su capacidad represiva para mantener la gobernabilidad por la fuerza (autocratización).

En el caso de nuestro país está claro que, al menos por ahora, el gobierno no tiene ninguna intención de abrir el juego político; confía más en la lealtad de sus tropas que en cualquier acuerdo con la oposición que reduzca en algo el control férreo que mantiene sobre toda institución de la que dependa su estabilidad en el poder. Es así como, mientras el régimen experimentaba con varias formas de represión y ganaba tiempo en la mesa de diálogo para dar chance a Kronos de erosionar la voluntad de los protestantes, el diálogo entraba en terapia intensiva ante lo inconveniente para el gobierno de comprometerse en acuerdos con un sector de la oposición que no tenía ningún control sobre los dos principales problemas que se plantean: lo económico (materializado principalmente en la inflación y la escasez) y la protesta.

Pero la paralización del diálogo, aunque es la oposición la que se levanta de la mesa, no es por decisión de ésta sino del gobierno, que sin mayores engaños llamo desde el principio al pan, pan, y al vino, vino, al advertirnos que esto era diálogo y no negociación. Ciertamente la ilusión de la MUD era que al sentarlos en la mesa no podrían levantarse sin un acuerdo, sin embargo, la realidad es que fueron ellos mismos los que tuvieron que levantarse sin acuerdo para no continuar socavando su propia credibilidad, por lo que ahora luce por demás complicado un regreso incondicional al diálogo sin la entrega de una prueba de buena fe (la liberación del Comisario Simonovis), que aunque de bajo costo para el gobierno, tropieza con la posición inequívoca de su ala radical, que encuentra en ello la carta para terminar de dinamitar un diálogo que nunca les interesó por razones diversas.

Mientras el diálogo público y privado, que es el más importante, se paraliza, la Asamblea bajo el mazo de Diosdado Cabello avanza a toda velocidad para sacar de la mesa del diálogo lo que debería ser la carta principal de negociación del mismo: el nombramiento de los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral. Este fin de semana quedará conformada la comisión desde la cual se procesarán las credenciales de los postulados a rectores, y para la cual se presentaron cuando menos dos representantes de organizaciones de la sociedad civil vinculadas al gobierno por cada uno de los representantes de organizaciones independientes, lo que hace pensar que la conformación de la comisión se inclinará también a favor del oficialismo.

Al tiempo que toda esta complicada dinámica sucede, los problemas económicos se agravan y con ellos va cayendo la legitimidad de Maduro, que hoy ya perfora el piso de los 40 puntos porcentuales y desciende hasta los 37, haciéndose cada vez más dependiente del sector militar que, junto a los radicales, parecieran ir ganando poder e imponiendo sus propias reglas de juego.

Desde hace algunas semanas veníamos diciendo que las variables de mayor peso, que definirían el escenario de desenlace de la crisis política originada por las protestas estudiantiles, eran la sustentabilidad de la protesta y la posibilidad de que gobierno y oposición pudieran llegar a acuerdos que permitieran un cambio de las reglas de juego hacia la democratización. En este sentido, la sustentabilidad de la protesta dependía principalmente de su posibilidad de generar resultados en el corto plazo, capaces de sostener expectativas positivas que justificaran los costos para quienes protestaban y generaran una tendencia hacia su masificación, y de los riesgos derivados de la participación. A su vez, el lugar para generar resultados que justificaran la protesta estaba en la mesa de diálogo, si se entendía como el lugar para negociar las condiciones que atendieran a las causas de la protesta, para lo cual negociación y protesta necesitaban ir de la mano. Lamentablemente esto nunca se entendió oportunamente.

La diferencias entre el liderazgo de la oposición que hoy divide a la MUD colocando a María Corina Machado, Antonio Ledezma y Voluntad Popular del lado de las protestas, mientras que AD, Copei, PJ y UNT se sentaban en una mesa de diálogo sin la fuerza necesaria para representar políticamente a quienes protestaban y tampoco a quienes podían comprometerse con soluciones a la grave crisis económica, y tenían su propia mesa de negociación aparte, permitió al gobierno utilizar el diálogo como factor de entretenimiento, mientras se profundizaban las divisiones en la oposición y se encontraba la fórmula represiva adecuada para lidiar con la protesta. Es así como hoy podría decirse que el gobierno gana este round con dos golpes importantes, divide a la oposición y logra controlar la protesta, al menos por ahora.

Al mismo tiempo que hoy se debate sobre el fracaso de las dos oposiciones, la que dialoga y la que apoya las protestas de calle, pareciera, por los múltiples llamados de Capriles a la unidad, que se comienza a tomar conciencia sobre la necesidad de la oposición de rescatar, mantener y fortalecer la unidad y no avanzar hacia el deslinde, que en algún momento algunos irresponsablemente propusieron desde la MUD. La oposición dividida no vale nada.

Este escenario, aunque luce como el peor posible, sin salidas democráticas de la crisis política a la vista y con un avance importante hacia una mayor autocratización del país, parece aún altamente inestable por tres tendencias fundamentales: la inviabilidad económica del país en el corto y mediano plazo, la aparente irreversibilidad del deterioro de la legitimidad de Maduro, y el potencial resurgimiento de la protesta por la combinación de las dos tendencias anteriores. Parece entonces, que las variables determinantes de este escenario de autocratización se mueven, al menos por ahora, de la combinación protesta-diálogo hacia la evolución de la crisis económica, para la cual no se vislumbran soluciones de corto plazo, ni la coherencia que hacia dentro del gobierno sea capaz de mantener sus diferentes actores para enfrentar la tormenta que se avecina y salvar juntos el barco y a sí mismos.

La situación económica del país se encuentra hoy en niveles tan graves que si estuviésemos en manos de gobernantes serios se estaría considerando la necesidad de acudir al Fondo Monetario Internacional para lograr un financiamiento de largo plazo y la adopción de medidas urgentes para recuperar el equilibrio financiero del país, que aún en el caso de que se adoptaran con la mayor diligencia y responsabilidad, los economistas menos alarmistas considerarían imposible de alcanzar en menos de tres o cuatro años.

El costo de las duras correcciones económicas, cuando no se tiene el capital político necesario para aguantar los embates de la tormenta, ni la tolerancia para afrontar una potencial salida del poder, obliga a quienes dependen de mantenerse en el poder a concentrar la distribución de los muy escasos recursos entre quienes resultan esenciales a este fin. Es en esta lógica que mientras en tiempos de crisis política con abundancia de recursos se fortalecen los mecanismos distributivos clientelares, como fue el caso de la creación de las misiones partir del 2003, en tiempos de vacas flacas, como los actuales, las misiones se cierran y el poder y los recursos escasos se concentran con preferencia entre los esenciales (Bruce Bueno de Mezquita, 2011), o sea en aquellos actores que tienen el poder de administrar justicia (tribunales), de decidir comicios (Consejo Nacional Electoral) y en especial en quienes tienen las armas ( Fuerzas Armadas, cuerpos policiales y paramilitares), así como entre otros actores de cuya lealtad incondicional dependa la estabilización del régimen cuando todo lo demás falla.

Esta especie de equilibrio inestable que hace muy difícil y riesgoso la adopción de decisiones políticas y económicas, genera un círculo vicioso de muy difícil resolución, en el cual la toma de medidas con alto costo político que permitan equilibrar las finanzas públicas se vuelve prácticamente imposible, lo que a su vez dificulta la captación de nuevo financiamiento, al tiempo que los escasos recursos que logran captarse por la vía de impuestos, renta petrolera o contratos firmados por el Estado, terminan concentrándose en alimentar el compromiso y la lealtad de los “esenciales”.

A pesar de la precariedad de tal situación este equilibrio inestable logra ser mantenido en ocasiones por períodos de tiempo prolongados en los que, mientras la población se empobrece paulatinamente, estos actores continúan concentrando poder y enriqueciéndose en la medida que los recursos, aunque escasos, sigan siendo suficientes para mantener los engranajes de un pequeño círculo de actores esenciales debidamente lubricados, tal como es el caso de Cuba y Birmania, entre otros.

¿Cuánto puede prolongarse una situación de este tipo?, depende en buena parte de la disponibilidad de recursos económicos. Y la disponibilidad de recursos económicos depende no solo del precio del barril de petróleo y de la captación de impuestos, sino también del ritmo al que se deben gastar tales recursos. En momentos en donde el gobierno depende del ejercicio activo de la represión, como ha sucedido en los últimos meses, sus costos, no solo políticos sino económicos, se van al cielo por la intensificación no solo del uso de mano de obra (soldados, policías, paramilitares, jueces), sino de equipos, campañas comunicacionales, etc., de ahí la disposición a instalar una mesa de diálogo con la oposición mientras duraba la crisis. Asimismo, la amenaza de sanciones internacionales, como las que hoy se discuten en el Congreso norteamericano, o de persecución futura por delitos contra los derechos humanos, que no prescriben, encarecen los costos de represión en la misma medida que se reducen las expectativas de contar con el blindaje del poder en el mediano y largo plazo.

La inviabilidad económica del país en el corto y mediano plazo, la aparente irreversibilidad del deterioro de la legitimidad de Maduro, y el potencial resurgimiento de la protesta por la combinación de las dos anteriores son tres tendencias que podrían generar una tormenta perfecta, en la cual, como sucede en la realidad cuando los barcos corren el peligro de hundirse, mantener la coherencia y remar juntos en medio de un caos en donde cada quien solo está pendiente de salvarse a sí mismo, puede ser especialmente difícil para el gobierno.

Creo que al igual que pasa cuando llueve, que siempre escampa, esta primera tormenta ha pasado, aunque con daños visibles para el gobierno, sobretodo en el apoyo y legitimidad de Maduro, y para la oposición, hoy dividida y confundida al no haber conseguido un resultado que pueda presentarse como un logro significativo del diálogo o de la protesta. Vendrá ahora un receso para el reacomodo en donde tocará a la oposición auto-evaluarse críticamente y decidir entre divorcio o reconciliación. Mientras tanto, del lado del gobierno se activará la persecución contra quienes lideraron la protesta, para animar el deslinde de la oposición y tratar de evitar que en el futuro se produzca la ¨tormenta perfecta¨, al tiempo que se dan los cambios y el reacomodo de fuerzas para garantizar la salvación de la ¨revolución¨. De cómo cada lado se prepare para la próxima tormenta dependerá la suerte de cada lado.

Preguntas Frecuentes:

1. ¿Se reactivará el diálogo? Muy difícil, y mientras no se reactive la protesta más difícil aún. El gobierno necesita un diálogo sin compromisos, y para la oposición un diálogo sin resultados es un suicidio. El gobierno solo retomaría el diálogo si lo necesita, y solo en ese caso estaría dispuesto a entregar algo para regresar a la oposición a la mesa.

2. ¿Y el diálogo económico? El diálogo económico continuará porque el gobierno necesita llenar los anaqueles y que las empresas paguen sus impuestos. El resultado será la adopción de las medidas mínimas necesarias para lograr que las empresas se mantengan activas, lo que no implica, como algunos esperan, que el gobierno o el modelo económico cambien. Es posible esperar un mayor pragmatismo en lo económico, en la medida que ello favorezca al gobierno, pero recordando siempre que dólares no hay y el diálogo económico será una relación suma-cero en la que los diferentes sectores económicos competirán duramente para repartirse una torta muy pequeña que no alcanza para todos y no tiene posibilidades de crecimiento real. En este escenario lo que unos ganan será el equivalente a las pérdidas de otros.

3. ¿Se aprobará en el Congreso de los Estados Unidos la Ley mediante la cual se aplicaran sanciones contra venezolanos vinculados al gobierno? Sí, y en ese caso a Obama no le quedará más remedio que aceptar su aplicación. El costo político para Obama de negarse a aplicar sanciones a personas acusadas de corrupción o delitos contra los derechos humanos en Venezuela no se justificaría. A todo evento, para el presente momento las personas mencionadas en la lista del Congreso y quienes temen estar en la misma situación deben haber ya migrado sus cuentas bancarias a otros países, y quienes tienen propiedades allí deben estar en el proceso de venderlas o traspasarlas. La respuesta del gobierno venezolano se materializó en el día de ayer con el montaje de la ¨olla¨ (como dicen mis amigos periodistas) del golpe con magnicidio, cuya intención no es otra que un intercambio de listas, si vas contra los míos voy contra los tuyos. Resultado más probable: los gringos no ceden a tales presiones y habrá imputados de ambos lados.

4. ¿Se acabó la protesta? No. Las protestas no se producen nunca en una línea ascendente. Estas son olas con sus respectivos recesos. Las protestas seguirán produciéndose de manera espontánea por distintos motivos y en diferentes zonas del país.

5. ¿Es posible la masificación de la protestas? Depende de cómo se proteste. Si las protestas se vuelven nuevamente violentas no se masificarían porque ello impone barreras físicas, morales y psicológicas a la participación de la mayoría de la gente y sirve de justificación a la represión gubernamental de las mismas. Si las protestas se transforman en actos de masas sin expresiones de violencia, justificar la represión se vuelve complicado y políticamente costoso para el gobierno y ello sirve para incrementar progresivamente la participación en las mismas.

6. ¿Gobierno y oposición llegarán a un acuerdo sobre los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral? Muy difícil. En la mesa de diálogo todos tenían claro desde el principio que el nombramiento de los nuevos rectores del CNE era la joya de la corona, y por lo tanto lo más difícil de negociar, tanto que mientras el diálogo se suspende la activación de los mecanismos para el nombramiento de los nuevos rectores avanza a ¨paso de vencedores¨ en la Asamblea Nacional. Lamentablemente el tema del CNE, a pesar de su importancia trascendental para mantener abierto el camino democrático y garantizar una salida pacífica al conflicto político, carece del ¨sex appeal¨ para movilizar a la oposición, por lo que luce poco probable y lamentable que el proceso de elección de nuevos rectores sea muy posiblemente resuelto en un debate de bajo perfil que no alcance los necesarios dos tercios en la Asamblea y termine colocando la decisión, nuevamente, en las manos del Tribunal Supremo de Justicia. En un escenario de inestabilidad como el actual, que puede significar la necesidad de reemplazar al actual presidente por alguien más antes de la finalización de su mandato, el control del Consejo Nacional Electoral es una carta fundamental a la que el régimen no tiene intención de renunciar.

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