Espacio plural

¿Trabajo de Dios o del hombre?

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Miguel A. Cardozo[1] / 29 de enero de 2015

 

En su contundente editorial publicado en la edición 48 de PolítiKa UCAB[1] –la primera de 2015–, el profesor Gustavo Moreno señaló con meridiana claridad lo siguiente:

“¿Y qué puede pasar?, ¿un golpe de estado?, ¿que renuncie el Presidente?, ¿que se cambien las caras de la oposición?, ¿que intervengan los cubanos, los gringos, los chinos, los iraníes, los europeos?… pues nada esto va a cambiar esta realidad entreguista y oscura por la que atravesamos, si lo que ‘pasa’ no es que nosotros cambiemos, que asumamos la defensa de nuestra dignidad ciudadana, que nos empoderemos de nuestro futuro, en definitiva que nos respetemos”.

Y a todo esto agregaría, quien esta columna escribe, que además seamos serios y coherentes en nuestros planteamientos y actuaciones.

Imagen Cardozo texto 1Pero sea lo que fuere, es de gran pertinencia ese llamado de atención de Moreno dado que los cambios que se requieren para que en Venezuela se restablezca la democracia y se empiece al fin a transitar la ruta hacia un auténtico desarrollo, solo podrán lograrse si toda la ciudadanía –con resolución– empieza a poner coto a los continuos abusos y despropósitos del régimen.

No basta, por ejemplo, con la exigencia de que la dirigencia opositora “actúe”, de que “alguien” reactive la protesta, de que renuncie Maduro o de que nadie se abstenga de votar a fin de que la oposición logre ser una mayoría aplastante en el Parlamento, si quienes hacen una, algunas o todas estas no están verdaderamente dispuestos a “actuar” junto a la mencionada dirigencia, protestar junto a ese “alguien”, impedir que se viole el artículo 233 de la Constitución a través de alguna inefable sentencia del Tribunal Supremo de “Justicia” –con la que se pretenda la sustitución de un sátrapa por otro– o –literalmente– acompañar a sus nuevos diputados en la necesaria y urgente tarea de desenredar la maraña jurídica chavista –para así tejer un marco regulatorio que sí favorezca un pleno y constructivo ejercicio de las libertades fundamentales– y sanear –al mismo tiempo– los demás poderes públicos.

A estas alturas de los acontecimientos, ya no se trata de decantarse por alguna de las propuestas democráticas que han surgido en estos últimos meses y que apuntan a un mismo fin, por cuanto parece haber un acuerdo cada vez mayor en que para la superación del nefasto socialismo del siglo XXI se debe llevar a cabo –de manera coordinada– un conjunto de diversas acciones, porque como bien lo expresó Briceño[2], “la lucha frente a regímenes híbridos se desarrolla en múltiples planos y campos de batalla, mientras el abandono de cualquiera de ellos solo favorece al régimen”, advirtiendo luego que “el debate ‘Calle vs. Elecciones” legitima al régimen, especialmente en aquellos espacios que la oposición deje desatendidos”.

Lo que más bien se necesita en esta coyuntura es que cada uno de los venezolanos que desea un mejor futuro se comprometa –de verdad– a hacer valer esa voluntad de cambio de la mayoría que hoy padece los efectos del anacrónico modelo que –por la apatía de muchos– se implementó en el país, por lo que el verdadero reto –y la clave para salir de tan oscuro foso– es entender cuál es el rol que tiene que jugar la ciudadanía en estos tiempos y actuar en consecuencia, dejando a un lado la vana pretensión de que haga Dios el trabajo que solo al hombre corresponde.

Imagen Cardozo Texto 2Esto, sin duda, implica que ningún venezolano sensato debe aferrarse a la creencia de que los miembros de la podrida cúpula intentarán aliviar sus penurias, máxime cuando ya ha quedado definitivamente confirmado lo contrario con ese sardónico “Dios proveerá” tras el que subyace su clara intención de terminar de devastar lo que prácticamente son las ruinas de una nación y prolongar al máximo su permanencia en el poder –lo que, por cierto, hace de la renuncia un escenario poco probable–.

Pero también significa que en el seno de la hoy mayoría opositora debe abandonarse esa perniciosa actitud que queda con frecuencia evidenciada en el “que alguien haga algo” y –con seriedad y coherencia– asumirse la causa democrática como una lucha en la que cada uno de sus integrantes debe participar activamente en todos esos frentes que pueden resumirse en tres: calle, voto y acompañamiento.

A Dios –al menos los creyentes– pidamos ayuda y protección, aunque teniendo claro que el trabajo es nuestro –o lo que es lo mismo, de toda la oposición–.

@MiguelCardozoM

[1] Moreno V. GL. ¿Algo va a pasar? PolítiKa UCAB, 2015, 48 (https://politikaucab.net/2015/01/15/editorial-n-48-15-de-enero-2015, consultado el 20 de enero de 2015).

[2] Briceño H. Ni lo uno ni lo otro: Híbrido. PolítiKa UCAB, 2014, 22 (https://politikaucab.net/2014/05/07/posmonicion-politica-2, consultado el 20 de enero de 2015).

[1] Profesor de postgrado de la UCAB e investigador. Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y Magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

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