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No tiene sentido reclamar un cambio perentorio… Es irresponsable hablar de urgencia

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Werner Corrales Leal / 16 de abril de 2015

Las afirmaciones con las cuales he titulado este artículo parafrasean las versiones torcidas que pone a circular el gobierno, haciendo uso de su hegemonía comunicacional, acerca de un dilema real que enfrenta la oposición democrática venezolana. Lamentablemente algunos dirigentes opositores se hacen eco de esa versión engañosa, pareciendo no percibir  que aceptarla como buena los hace jugar de parte de su autor.

WernerCorrales2Para promover cursos eficaces de acción que lleven a superar la crisis, y no caer en el juego de quienes la causan, es indispensable replantear la disyuntiva, que debe ser decodificada preguntándose si es urgente dar una solución política al drama que vivimos, o si por el contrario no hay razón para “correr el riesgo” de apurarse. Contestar racionalmente a ese interrogante, sin artificios y minimizando la emocionalidad, requiere aclararnos hasta cuándo es inteligente dejar que avance sin ser revertido el proceso de empeoramiento de la situación.

Mi respuesta es que no se puede esperar, porque la crisis va en camino de extirpar todas las fibras que requiere la sociedad democrática para superarla, es decir, cada día que pase estaremos más aprisionados, resignados y temerosos. La causa fundamental de la crisis es la implantación de un régimen que para consolidarse debe destruir las instituciones, las capacidades productivas y las ambiciones de progreso y libertad de la gente, y va aceleradamente en vía de lograrlo.

WernerCorrales3A menos que se cambie pronto el régimen, estaremos por encarar una catástrofe humanitaria no exenta de riesgos de violencia, porque el gobierno no está en capacidad ni en disposición de resolver el desastre económico ni la “revolución del delito” que están detrás de la problemática social que se agrava día a día. Por el contrario, como han reiterado permanentemente sus jerarcas, el gobierno socialista está decidido a “profundizar” su modelo estatizador, populista, polarizador y de control social violento.

Para resolver las graves dimensiones que han alcanzado el desabastecimiento, la insuficiencia de producción, los niveles de pobreza y el cuasi-colapso de los servicios de salud y energía eléctrica, el gobierno necesitaría contar con la cooperación de actores que pudiesen auxiliar a nuestra economía, dentro y fuera de Venezuela. Pero ello requeriría de una confianza de esos actores que el régimen no puede tener, porque no se decide a corregir las distorsiones monetarias y cambiarias ni las falencias fiscales y financieras que él mismo ha creado, y lo más importante, porque no está en su visión desistir de las persecuciones a la disidencia política, a la iniciativa privada y a la clase media, las cuales son esenciales a su proyecto de poder.

PROTESTAS CONTRA EL GOBIERNO DEL PRESIDENTE MADUROEn lo político-institucional es evidente el progreso sin freno que llevan los procesos de implantación del “poder popular” colectivista, de la ideología única y de un Estado que no solo se erige por encima del ciudadano, sino que cada día ejerce mayor violencia sobre la sociedad, apoyado en la articulación perversa de sectores de la Fuerza Armada, grupos paramilitares y organizaciones delictivas. Los avances no se detienen, restringiendo cada día más las libertades, los derechos ciudadanos y los espacios para que los procesos electorales sean efectivamente libres y justos.

Por último, poderosas alianzas internacionales de organizaciones delictivas y terroristas, conectadas con venezolanos, vienen convirtiéndose en amenazas activas para otros países, lo que nos expone a riesgos muy serios mientras permanezca este régimen en el poder. A medida que pasa el tiempo las partes involucradas en este conflicto tenderán a intervenir de manera creciente en nuestro país, ya que el chavismo, en sus ambiciones de “destruir el capitalismo”, pareciera estar imbricado en esas alianzas.

WernerCorrales5Por todo lo dicho considero suicida la actitud de quienes amando la libertad y deseando vivir la vida que tienen razones para valorar, se deciden por dejar que avance indefinidamente esta situación, o se abrazan a la expectativa casi mágica de que la crisis traerá su propia solución. No hay otra solución viable y pacífica que aquella que los demócratas iniciemos con nuestra acción, porque la descomposición que estamos viviendo no hará nacer iniciativas de solución racionales y ordenadas, sino que nos llevará a la sumisión, y si la crisis desembocase en un conflicto social abierto, como algunos piensan, éste puede traer secuelas enormemente graves, que se extiendan en nuestra historia futura.

En fin, no hay riesgo mayor para la democracia y la paz, que el que correremos si decidimos no actuar con urgencia, con el vano propósito de no correr riesgos.

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