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¿Dictadura o democracia? El falso dilema de la demagogia venezolana

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Guido Revete / 14 de mayo de  2015

Se puede considerar la demagogia como la acción de apelar a las emociones y miedos del público para ganar el apoyo popular. De igual forma, se entiende la paradoja del falso dilema como la labor de colocarnos dos opciones de respuestas como las únicas posibles, siendo casi siempre casos extremos en donde la elección de una u otra escapa de cualquier razonamiento posible, la “verdadera” respuesta viene dada a priori desde el propio momento de su formulación.

EP Guido Revete 2Ante la pregunta del político acerca de qué preferimos los ciudadanos, si un gobierno demócrata o un gobierno dictatorial, dudo que algún individuo salga a gritar a todo pulmón que desea con fervientes ánimos un gobierno opresor de las libertades y dictador a todas sus anchas, pero la respuesta no es tan simple como un “preferimos la democracia”; he allí la profundidad del asunto.

Todos podemos decir que preferimos la democracia. La cuestión está en qué tipo de democracia es la que preferimos. ¿La clásica democracia liberal-burguesa o la democracia popular? ¿La democracia representativa o la democracia participativa? ¿La democracia del voto a secas o la democracia realmente protagónica de los ciudadanos?

EP Guido Revete 4No faltará el argumento proveniente de la teoría de las elites en donde se nos dice que la población en general no está en capacidad para tomar decisiones importantes, que no se puede dejar en manos de los hombres y mujeres comunes las decisiones trascendentales de la política o la economía, pero la realidad es que quizás vaya siendo tiempo de empezar a democratizar la “democracia” misma. Como nos explicara el profesor Raúl Zibechi “cuando la desconfianza ocupa el lugar de la comprensión, no hay menor diferencia entre la derecha y la izquierda”.

No se trata de crear un nuevo modelo de oclocracia o que todas las decisiones políticas tengan que pasar por una asamblea de ciudadanos, pero sí se trata de abrir el ejercicio político a la participación ciudadana. No es posible que existan partidos “demócratas” que jamás han tenido una elección interna, por poner un ejemplo. Con esto no intentamos justificar el fin de la figura del partido, pero sí asumir con responsabilidad que la mayoría de la población no hace vida política en ellos. ¿Esto se debe a que no son sujetos con conciencia política o a que es momento de replantear las formas de participación?

Me niego a pensar, de igual forma, que sea cierta la hipótesis que asegura que como el ciudadano común está muy ocupado pendiente de resolver sus problemáticas diarias no tiene tiempo para pensar en conceptos abstractos como la patria, la nación o la democracia ¡Cuánto peligro en dicho argumento! Que en el fondo solo es una forma de cambiarnos la partición por el cogollo.

EP Guido Revete 5No se puede seguir viendo a la población como objetos inanimados que necesitan de la figura del político para crear sus propias subjetividades. Mientras en la mesa se sientan a discutir acerca de planes de captación, aguas abajo ya se sienten las corrientes independientes, la democracia participativa, real y protagónica que no necesitó nunca de ningún tutelaje, la que construyó sus propias costumbres: plurales, multiformes, alternativas, con economías contestarías, con formas de justicia, religión y culturales propias. Cuando la legitimidad ocupó el lugar de la legalidad, la política tradicional perdió la batalla.

Entonces ¿de cuál democracia estamos hablando?

2 replies »

  1. Creo que la democracia pasa tambien por el sentido de coresponsabilidad en la elaboracion y ejecucion de planes de interes comun. Es cierto que en la medida que delegamos en figuras tareas “politicas” no estamos asumiendo nuestro rol que en lo particular considero que deberia ser protagonicoen sus diferentes escalas. Considero tambien que existe manipulacion por parte de elites politicas en el sentido de no apostar por una conduccion real del pueblo organizado, afirmando hipotesis como la que tu mencionas en donde el ciudadano comun no esta “preparado” o no tiene tiempo para asumir tareas de tan elevado nivel. Existen muchas organizaciones que estan apostando a cambiar la democracia y construir una desde las bases en la medida de lo posible, en cuyos espacios asamblearios participen los protagonistas reales y no representaciones y sean lugares de construccion colectivas de reflexiones, alternativas y soluciones a las necesidades que haya lugar. Creo en la posibilidad de formas de autogobiernos locales, parroquiales y municipales que con apoyo del Estado puedan diseñar y ejecutar sus propias estrategias comunales.

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