Espacio plural

Discurso Político, arma de doble filo en la lucha por el poder

Speech Maker --- Image by © Images.com/Corbis

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Johan Rodríguez Perozo – 14 de agosto de 2015

Durante los días que corren y alrededor de la política, nos ha tocado intercambiar en torno a varios temas en distintos escenarios. En uno de los casos, ante un selecto grupo de jóvenes estudiantes de diversas disciplinas profesionales, convocados y reunidos por los amigos de la Asociación Civil Por la Caracas Posible, nos tocó discernir acerca de aspectos relacionados con la Cultura Política, Comunicación Política y Discurso Político. Más allá de la riqueza conceptual y del conocimiento, derivado de la larga e histórica producción intelectual y literaria de pensadores y filósofos de vieja data, los mencionados son temas obligados en cualquier escenario político y social, vinculados con la realidad política, económica y social de estos lares.

Con la intención de poner el énfasis de estas reflexiones, en cuanto corresponde a la importancia del Discurso Político, nos proponemos realizar un recorrido a través de las circunstancias políticas que rodean esta dinámica latinoamericana. El Discurso Político, históricamente hablando, ha sido herramienta útil en todo cuanto concierne al desarrollo de la política, los liderazgos y la lucha por el poder. Es, por excelencia, la atalaya desde la cual se empinan las intenciones cargadas de buena voluntad (en la etapa de la persuasión y captación de voluntades), para luego convertirse en instrumento de justificación de las acciones derivadas de la gestión pública.

El Discurso Político, como herramienta fundamental de socialización, contempla en sí mismo la intención primaria de establecer los “puentes de plata” que se han de construir entre el liderazgo político y la sociedad. Es a través de la comunicación política como la sociedad democrática establece sus propias formas de relación con el poder. Ese poder, una vez obtenido y convertido en acciones concretas ejecutadas por el liderazgo político, es convertido luego en herramienta fundamental para la concreción de las ideas antes configuradas en promesas.

Dos aspectos fundamentales, entre muchos otros, han formado parte destacada del contenido discursivo del liderazgo político latinoamericano: la lucha contra la pobreza y el combate a la corrupción. Ambas variables han estado presente de manera inexorable, en el contexto del desarrollo de la cultura política latinoamericana. Al decir de los estudiosos y de organizaciones internacionales especializadas en el tema de la pobreza, ésta no es más que un hecho derivado de las desviaciones ocurridas, como consecuencia de manejos equivocados por los gobiernos de los asuntos públicos. Oscar Lewis, en su clásico texto: La Cultura de la Pobreza (1959), nos ilustra de manera amplia desde la perspectiva sociológica y antropológica en torno al problema.

Aunque en la complejidad del fenómeno intervienen, además, factores y variables distintos a los gubernamentales, la tendencia mundial es atribuir al Estado la principal responsabilidad en estos asuntos. La pobreza, entendida como: “… situación o condición socioeconómica de la población que no puede acceder o carece de los recursos para satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas que permiten un adecuado nivel y calidad de vida tales como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria o el acceso al agua potable…”, ha significado, por décadas, uno de los temas puntales en el contexto del discurso político. De la misma manera, el tema asociado con la corrupción, ocupa un lugar protagónico en el léxico discursivo en cualquiera de nuestras latitudes. Hoy día es considerada, como uno de los fenómenos que hace metástasis en el proceso de descomposición de los sistemas políticos. Se podría decir, con absoluta propiedad, que en el plano del discurso político, la promesa de combatirla, una vez llegado al poder, ha sido convertido casi en desideratum en la lucha por obtenerlo.Espacio Plural 3

La invitación de nuestra reflexión, se enmarca en la observación de la gestión y el protagonismo discursivo del actual liderazgo y la manera como conduce los destinos de la sociedad, en varios de los países del contexto latinoamericano. Es así como podemos resaltar realidades como la de México, con Enrique Peña Nieto a la cabeza y quien preside un país casi postrado ante los embates del narcotráfico, la violencia y por consecuencia directa, a los estragos de la pobreza y la corrupción en todos los planos. Un amplio vistazo por los países centroamericanos, pongamos por caso Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Panamá y en menor medida Costa Rica, son víctimas en la actualidad, tanto la sociedad como los gobiernos, de la “contaminación ambiental” producida por la dupla de los males señalados en nuestra reflexión. Las acusaciones derivadas en procesos de cuestionamiento políticos o juicios en tribunales de consecuencias diversas, han sido convertidos en moneda de uso común en esta región.

Kilómetros más abajo, pero hermanados continentalmente y en algunos casos ideológicamente, encontramos los casos de Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil, Argentina y Chile. Nicolás Maduro, Juan Manuel Santos, Rafael Correa, Dilma Rousseff,  Cristina Kirchner y Michelle Bachellett, se han convertido en usuarios recurrentes del discurso en ambos sentidos. En momentos cuando el tema de la pobreza y el desbordamiento de la corrupción, hace estragos en los casos de Venezuela y Brasil, pareciera quedar claro cada vez más, que ambas enfermedades constituyen el firme piso de sustentación, en el fortalecimiento de los proyectos políticos gobernantes en estos países. La metástasis corrupta que corroe las entrañas de los dos regímenes, pareciera ser la principal causa del aceleramiento de una pobreza generalizada, matizada además, por la falta de alimentos e insumos de primera necesidad, en el caso venezolano, para las capas más amplias de la población. En ambos casos, el discurso político e ideológico, intenta su conversión en herramienta útil para justificar dichos fracasos.

Espacio Plural 4Más abajo, en los casos de países como Ecuador y Argentina, vemos como el discurso político, aparece asociado ya no sólo a los temas de la pobreza y la corrupción sino además, a la implantación por la vía de la retórica discursiva de un autoritarismo de nuevo cuño que, al igual que en el caso venezolano, intenta someter “a la brava” a todos quienes osan adversar la intención de implantar este tipo de conducta y forma de manejar el poder en su respectivo contexto social. El caso chileno quizás sea el de menor impacto, en relación a la nuez expositiva de nuestras reflexiones. Sin embargo, no hay duda alguna en cuanto a que el tema de la corrupción, comienza a ser un claro signo de preocupación en una sociedad considerada actualmente de las de mayor nivel de progreso económico y social.

De tal manera que, Cultura Política, Comunicación Política y Discurso Político, deberían ser de los temas obligados a considerar por el liderazgo político de distintas latitudes, en aras de garantizar el desarrollo político, social y económico al que aspira la mayoría de los latinoamericanos. Una sociedad, en la medida que alcanza niveles elevados en estas materias, estará garantizando el futuro de las generaciones que están por venir. Hacia allá debe apuntar de manera acertada, la gestión y el discurso del liderazgo político de la actualidad. Hagamos votos porque así sea.

@johanperozo

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