Opinión y análisis

Lo nuevo y lo viejo

Cable a Tierra Portada

Guillermo Ramos Flamerich – 14 de agosto de 2015

Hay un minuto en que todo político venezolano deja de ser lo nuevo. A muchos les ocurre en el poder, a muchos más, esto les sucede sin un cargo público y deben lastrar con ese bacalao elección tras elección. Los mismos que reclamaban darle paso a la juventud de la que ellos formaban parte, por eso de la pureza y energía, se encargan de ser verdugos o de utilizarlos como elementos decorativos.Cable a Tierra 5

Siempre se repetía y todavía se repite –a pesar del éxodo– que somos un país joven y que eso es garantía de futuro. Pero el futuro queda en el horizonte y ese horizonte nunca llega, es solo un discurso, un será y no un ahora. Pero ejemplos como el Movimiento Estudiantil y la transición de los voceros de las asambleas universitarias a la tribuna partidista confirman que existe un relevo, más allá del simple paso de mando cronológico, sino porque lo han buscado y se han impuesto. Allí pierden su aureola, pasa el minuto y de una, sin anestesia, se les acusa –y en parte con razón– de caer en los vicios del pasado. De representar lo viejo.Cable a Tierra 2

Así que lo viejo es lo decrépito, recuerdo de lo peor de lo anterior: la “cuarta”, el cogollo, los arreglos a conveniencia particular. Y no solo se manifiesta en el imaginario por las acciones de sus personeros, también por cómo el dirigente luce, se expresa. Cualquier reminiscencia con el pasado, lo invalida automáticamente. Si comenzó su carrera antes de 1998, es sospechoso y el paso por cualquier cargo público, garantía de por lo menos tres, cinco, diez acusaciones.

No se ve en el político experimentado a una persona que tiene un camino de resoluciones, encuentros y desencuentros que puedan aportar al panorama presente, sino a la cúpula y el status quo. Además de estar huérfanos de referentes. Son pocos los líderes del pasado que el día de hoy pueden dar palabras contundentes. La mayoría ya falleció. Estamos huérfanos de ex presidentes, no tenemos ese estilo de consejeros que puedan avisar, contar lo que se hizo bien, pero también sus fracasos y desilusiones. Es la nada de una sociedad que no sabemos cuándo se fundó, se refundó y se hundió. Entre revés y revés se busca una ilusión, la luz ante tantas situaciones inesperadas, desmedidas. De representar lo nuevo.

Cable a Tierra 4
Pero no deben ser elementos que choquen: viejo y nuevo. Entendiendo lo viejo como la experiencia para no cometer los mismos errores, la sabiduría y la certeza de que existió un país antes de todo este torbellino y comprender lo nuevo como el natural cauce de las sociedades y su tiempo. Lo nuevo como creatividad y técnicas mejoradas. La energía por hacer las cosas mucho mejor en el presente y la superación de las decisiones pasadas de las cuales se es heredero.

La política es el arte de dialogar, colocar acuerdos comunes y sumar ideas y sentimientos para transformar la sociedad. Como esa frase de Mariano Picón Salas en la introducción de Los días de Cipriano Castro, al referirse sobre escribir historia, pero que encaja perfectamente sobre concebirla: “con la utopía de mejorar los tiempos y librarse, a la vez, de muchos materiales y formas muertas que arrastra el pasado”. Allí la conjugación de lo nuevo y lo viejo. Lo aprendido y lo que se está por aprender.

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