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Editorial Nº 84: ¿Monopolio de la violencia?

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¿Monopolio de la violencia?

                                            

Daniel Fermín Álvarez – 2 de octubre de 2015

El monopolio de la violencia es una de las bases fundamentales del Estado. En la filosofía de Hobbes y la sociología de Weber, es la base fundamental. La violencia no es un fenómeno nuevo en Venezuela. Apenas pudimos contenerla abriendo el siglo XX y no fue, de ninguna manera, una contención pacífica. La pacificación de un país que llevaba cien años matándose en guerras intestinas ocurrió a punta de plomo, cárcel y concentración de poder. Es la Venezuela “metida en cintura” de la que escribió el doctor Pino Iturrieta. La instauración del Estado moderno venezolano durante la dictadura del general Gómez pudo apaciguar el país a través de la monopolización de la violencia.

Los últimos 16 años han sido especialmente traumáticos en lo que se refiere al recrudecimiento de la violencia criminal. La opacidad de las cifras oficiales constituye un obstáculo importante a la hora de calcular la incidencia real de la violencia. Esto ha provocado que sean extraoficiales las estadísticas que más circulan y que, espeluznantemente, sitúan en más de 250 mil el número de personas asesinadas durante lo que han llamado la “V República”.

Más de 20 planes de seguridad y una decena de ministros del Interior han desfilado sin hacer mella en el dominio cada vez mayor del hampa, mientras el gobierno se pasea entre el silencio, la evasión y un discurso apologético que los llama “bienandros” mientras se retrata con bandidos armados y encapuchados, a la vez que se vinculan grupos públicamente armados a personeros e instituciones oficiales. Los venezolanos estamos hoy a merced de los violentos sin que hayamos visto voluntad real de combatirlos por parte del gobierno.

Los hechos recientes dan fe de la intensificación de la violencia. Las llamadas OLP no han probado ser efectivas. En la caraqueña Cota 905, donde se estrenó la OLP, no ha parado de llover balas noche tras noche. En Ciudad Guayana, hombres armados con machetes y pistolas asaltaron un centro de salud. Más de cien efectivos de seguridad han sido asesinados en lo que va de año y ahora, para rematar, son atacadas las sedes policiales con granadas, ante el silencio absoluto de CAVIM. Aumentan los secuestros, los robos a mano armada en todo lugar. También la violencia política, la violencia en las cárceles, y la violencia ciudadana, esa que toma la justicia en sus propias manos en sonados casos de linchamientos e intentos de linchamientos. No sólo crece la violencia sino los niveles de violencia, la crudeza y la saña ¿Tiene el Estado venezolano el monopolio de la violencia? Comentaremos más al final de este Editorial…

En esta edición presentamos el Reporte Especial N° 19 del Proyecto Integridad Electoral Venezuela. Dedicamos este boletín al tema de la representación proporcional que, a pesar de lo dispuesto en la Constitución de la República, no es un principio garantizado en el sistema electoral venezolano. Recomendamos a todos la lectura y difusión de este documento.

Nuestra sección Opinión y Análisis abre en esta ocasión con la columna Testigo de Época, del profesor Luis Salamanca. En el artículo “La frontera electoral”, Salamanca analiza los propósitos, las motivaciones y los efectos de la aplicación del estado de excepción en municipios de Táchira, Zulia y Apure, así como las posibles consecuencias electorales de esta medida que busca, a su juicio, no una nueva frontera “geo-humana”, sino, como indica el título, una nueva “frontera electoral”.

En Cable a Tierra, Guillermo Ramos Flamerich escribe “#18O 1945: 70 años”, un texto que relata los pormenores del ocaso del post gomecismo y la emergencia del experimento democrático, sus bemoles y retos, antes de ser interrumpido nuevamente por la bota militar en 1948. Una interesante óptica sobre esta fecha polémica que nos reafirma en nuestra herencia democrática.

Carlos Romero, en su columna Debate Ciudadano, presenta “El Día del Vecino, ignorado y olvidado”. En este artículo, Romero nos recuerda que el 3 de octubre se celebra el día del vecino en Venezuela y lamenta que la fecha no haya encontrado en las instituciones un espacio formal. El autor emprende una defensa de lo local como alimento del espíritu ciudadano democrático e invita a las instancias de gobierno a institucionalizar, en este sentido, el Día del Vecino.

Nos complace recibir en el Espacio Plural el aporte del abogado municipalista José Gregorio Delgado Herrera, Coordinador General de la Escuela de Vecinos de Venezuela, quien escribe “Las ciudades y las personas con discapacidad en los Objetivos del Desarrollo Sostenible”. El autor parte del objetivo 11 de los ODS para plantear la ciudad en términos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles, en especial frente a las personas con discapacidad. Los retos que esto implica son muchos y, plantea Delgado Herrera, “el momento para actuar es ahora”.

Al venezolano le sorprende cada vez menos la presencia de hombres y mujeres armados: en la moto, en la esquina… Como si fuese una prenda más, se va armando todo el mundo, pareciera, sin que el Estado diga “presente”.

A todas estas, ¿Dónde está el Estado? No está cumpliendo su rol fundacional de proveer y garantizar la seguridad de los ciudadanos. Pareciera muy ocupado en otros asuntos. No ha sido la seguridad ciudadana prioridad de los gobiernos de los últimos tres lustros. No es el monopolio de la violencia, sino que el Estado tiene hoy el monopolio de la rapiña, que pareciera interesarle más.

La violencia ha sido una verdadera tragedia para Venezuela. Lo fue en el siglo XIX, y lo es hoy por razones y motivos distintos. La tragedia es peor cuando la actuación del Estado, que debería combatirla, la ignora, cuando no la alienta.

Hoy somos un país diezmado, enlutado, por una violencia que ha acabado con la paz, con nuestra capacidad de asombro y que ha lisiado las potencialidades de desarrollo de todo un pueblo. El progreso de Venezuela pasa por un Estado que monopolice la violencia legítima y que acabe con la impunidad y la rienda suelta del hampa que, hasta ahora, ha estado guapa y apoyada. La construcción de ese Estado es urgente para que la violencia sea, de una vez y para siempre, cosa del pasado.

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