Espacio plural

Venezuela y el mal ejemplo de Yeltsin

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Carlos Carrasco – 21 de diciembre de 2015

Desde la victoria de la Mesa de la Unidad Democrática, el pasado 6 de diciembre, las opiniones emitidas por el Poder Ejecutivo y el partido de gobierno se han enfocado en llamar a la confrontación política. El 15 de diciembre, el presidente Nicolás Maduro invitó a una “rebelión frente a la amenaza del desmantelamiento de la patria”, por la pretensión de la oposición de “privatizar al país” apenas asuma la Asamblea Nacional. Estas declaraciones no ayudan a la institucionalidad de ningún país y el principal afectado de esto, siempre es el ciudadano.

Gobernar desde la jefatura de gobierno con una oposición política en el Poder Legislativo es un acto común en las democracias del mundo. No obstante, existen ejemplos nocivos sobre qué pasa cuando existen confrontaciones entre poderes públicos. El caso de la Crisis Constitucional Rusa de 1993 es un episodio útil para ejemplificar.

En 1993, Boris Yeltsin, presidente de Rusia, necesita agilizar ciertas reformas en el Estado para superar la crisis postsoviética. Sin embargo, no contaba con mayoría en el Congreso de los Diputados del Pueblo y en el Soviet Supremo. Ante esto, la acción tomada por Yeltsin fue un decreto, donde establecía la disolución de los órganos legislativos. El Congreso objetó el decreto y aprobaron la destitución de Yeltsin. También convocaron protestas en Moscú contra el Ejecutivo. La respuesta del gobierno fue un alto nivel de represión que dejó un saldo 187 muertos aproximadamente. El capítulo final de esta crisis fue el desalojo y posterior bombardeo de la sede del Poder Legislativo, la Casa Blanca, por parte del gobierno. Rusia estuvo en las puertas de una guerra civil.

Este ejemplo, más allá de las diferencias del contexto y las perspectivas ideológicas, representa los extremos a los que pueda llegar un país si no existe diálogo y negociación entre los distintos actores políticos. Existe una responsabilidad ineludible con Venezuela, que debe estar por encima de cualquier agenda partidista.

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La confrontación política no genera bienestar, no genera más alimentos, no genera más democracia y no genera más futuro. Hoy el compromiso de los venezolanos debe ser la reconciliación como nación y la recuperación de las instituciones democráticas.

Ningún venezolano quiere escenarios como los de Rusia ¿Pero se está trabajando para evitarlo? Más allá de las afinidades de pensamientos, se debe analizar el comportamiento del gobierno y de ciertos sectores de la oposición. Hechos como el “Parlamento Comunal”, la designación de último momento de los magistrados del TSJ y el discurso revanchista de algunos voceros de la MUD no contribuyen para evitar la confrontación.

La tarea para evitarlo está en cada uno de los 30 millones de venezolanos, no solo en 167 diputados. La crisis se acaba con diálogo y participación, se puede empezar desde el vecino y el amigo de la esquina, se puede empezar desde la junta de condominio y el consejo comunal, no hay que perder la oportunidad para sembrar la semilla que garantice un futuro mejor. Comencemos hoy.

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