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¿Revocatorio, enmienda, constituyente o nada?

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Ernesto Ponsot Balaguer – 4 de marzo de 2016

La solución a la crisis está en la suma de voluntades ciudadanas hacia un nuevo proyecto de país, viable, moderno, razonable económicamente y compartido por las grandes mayorías nacionales.

Por estos días se ha avivado la polémica sobre las salidas a la crisis social, económica, moral y política que aqueja a Venezuela. Desde la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se han propuesto diversos caminos de solución, pasando incluso por no hacer nada y dejar que el gobierno asuma las catastróficas consecuencias de las acciones que ha emprendido durante todos estos años.

Comentaré estas alternativas, comenzando por la última: no hacer nada.

Si desde la MUD se decidiera “no hacer nada”, ciertamente podría darse la situación de caída libre del gobierno en las preferencias de los ciudadanos, pues la economía nacional, en franco estado de postración, seguiría empeorando cada día más y más. La inacción gubernamental o la acción equivocada, tímida, insuficiente y no convincente de un ejecutivo que no cree en la libertad de empresa, que no da señales de comprensión de la realidad, que sigue hablando de la nada creíble “guerra económica” y echando culpas a todos menos a ellos mismos, no augura buen destino en el corto plazo (ni hablar del mediano y largo plazo). Ahora bien, ¿sería responsable con el país el “no hacer nada”? Pienso que no. A sabiendas de las consecuencias catastróficas de la ejecutoria gubernamental, la MUD no puede hacerse la loca, jugando al desgaste del ejecutivo. Puede ser que consiga finalmente el objetivo de derrotarlo políticamente, pero será a un costo demasiado elevado para la población venezolana, que vería de cerca la miseria y depauperación que han visto otros países. Podría incluso suceder una explosión social, que sabremos cuando empieza, pero no cuando termina ni a cuantos dejará en el camino.

ConstitucionLa constituyente. Aquellos que proponen esta alternativa no parecen leer las encuestas de opinión pública. Es el caso que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela no tiene rechazo en la gran mayoría de la población venezolana. Ha sobrevivido incluso al intento de modificación de su propio precursor, por lo tanto, de proponerse este camino, la derrota política estará cantada. Obviamente quienes en la oposición proponen la constituyente, lo hacen como un mecanismo para cambiar de un plumazo todas las estructuras de poder existentes. Puede que frente a la crisis este mecanismo tenga atractivos, pero lo que no creo que tenga es viabilidad. Incluso, en el supuesto negado de que la tuviera, resultaría demasiado largo el camino como para ser realmente una solución.

La enmienda. La propuesta que se ha hecho al respecto es una reducción del período constitucional del Presidente de la República a cuatro años, sin reelección. Comienzo por decir que en lo personal no estoy seguro de apoyar esta modificación. A mí me parecería más lógica y menos drástica una reducción a cinco años con una sola reelección, o dejar el período en seis años, sin reelección. ¿Se imaginan el caos que se ocasionaría con un presidente al que podría revocársele el mandato a los dos años de ejercicio?, ¿cómo quedarían los demás períodos gubernamentales (diputados, gobernadores, alcaldes)?, ¿cuánto dejaríamos a los concejales, seis meses revocables a los tres? Por otra parte, en realidad, cuando un texto constitucional establece un mecanismo para una acción determinada, ése y no otro puede ser el mecanismo. Así que alegar la enmienda para acortar el mandato de un presidente no me luce lógico, existiendo un mecanismo diferente para tal acción. Por cierto, ya se han adelantado las opiniones de que tal camino no podría ser aplicado con carácter retroactivo a la presente administración. De ser atinadas estas opiniones, la MUD se quedaría como se dice en el argot popular: “sin el chivo y sin el mecate”.

Y eso nos trae hasta el revocatorio. Es, como ya resulta obvio al lector, la propuesta que yo apoyo. En primer lugar porque se trata de un camino con precedentes y por lo tanto, muy difícil de objetar por quienes resulten afectados. En segundo lugar, porque es el camino establecido por la Constitución para recortar el mandato de un cargo de elección popular y esto deja fuera de juego todos los demás posibles caminos.

Y en tercer y último lugar, porque implica la movilización popular, lo cual siempre otorga sentido y motiva la acción política. Si se piensa que buena parte de la solución a la crisis está en la suma de voluntades ciudadanas hacia un nuevo proyecto de país, viable, moderno, razonable económicamente y compartido por las grandes mayorías nacionales, no hay ninguna oportunidad mejor que la acción promotora en torno a una causa que, hoy por hoy, comparten más del 70% de los venezolanos.

Quienes no comulgan con esta propuesta argumentan sobre el riesgo de no recabar las firmas necesarias, o sobre que desde el poder se le den largas suficientes como para que no sea posible convocar a nuevas elecciones. Ambos argumentos tienen sentido, no obstante, con la calamitosa situación actual, es casi seguro que la población que votó por la oposición el pasado seis de diciembre y unos cuantos más que no lo hicieron, pero que lo harían hoy, no tendría reparos en firmar, poner su huella, su foto o hasta la copia de la cédula de Identidad, si con ello mejoraran sus expectativas de calidad de vida. A estas alturas, deben quedar muy pocos venezolanos que le teman a la lista Tascón o similares. En realidad, la conciencia nacional sobre el desastre de hoy y la depauperación que nos espera mañana si seguimos por este camino, es motivo mucho más fuerte que el miedo a ser identificado, de eso estoy seguro.henrique-capriles-r111-565x318

Y sobre que los lapsos se pueden hacer demasiado largos, pienso que el precedente del referendo revocatorio aplicado al Presidente Chávez no permitirá jugar con los tiempos, pues se trataría de un fraude a la voluntad del pueblo y a la Constitución Nacional. Con esto no quiero decir que no haya peligros, ni que sea fácil el camino. Solo digo que se trata de la vía más sólida y con mayores posibilidades de éxito de que dispone la MUD.

En esta coyuntura, como en muchas otras del pasado, coincido con Henrique Capriles. ¡A por el revocatorio ya!

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