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Poder sin límites: El desafío del cambio político en Venezuela

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Carlos Miguel Rodrigues – 15 de abril de 2016

El secreto de la persistencia del chavismo –si se puede hablar de uno- radica en su capacidad de superar límites sin riesgos. Regularmente, en regímenes democráticos, los actores políticos actúan en el marco de dos tipos de restricciones: unas, externas, son impuestas por las normas y las estrategias de otros actores; otras, internas, derivan de las ideas o de la propia existencia de una racionalidad limitada. De esta forma, un actor político puede decidir no hacer lo que pragmáticamente le conviene debido a la presencia de instituciones que lo sancionarían, electores que le quitarían su apoyo, grupos sociales que se resistirían o rivales políticos que pudieran utilizar tales acciones para sacar provecho. También la negativa a tomar determinadas acciones puede provenir de convicciones éticas o ideológicas o, incluso, de sesgos en el análisis e interpretación de información que no permiten reconocer la propia conveniencia.

ChavismosinchaA través de complejas operaciones de control, polarización y simplificación política, el chavismo logró deshacer o al menos erosionar las constricciones institucionales, sociales, políticas, ético-ideológicas y de racionalidad que enfrentan regularmente los gobiernos. Esto le ha abierto un margen de maniobra inmenso, que ha utilizado inescrupulosamente con el objetivo único de mantenerse en el poder. Y, a la luz de los resultados, su éxito puede considerarse sorprendente.

No son pocos los venezolanos y los observadores extranjeros que se preguntan, incrédulos, ¿cómo es posible que el Presidente de un país con niveles de inflación, contracción económica, escasez, criminalidad y déficit de servicios como los que actualmente presenta Venezuela, no solo no haya sido democráticamente destituido sino que mantenga una popularidad de 33,1%[i], superior a la de muchos de sus colegas latinoamericanos?

Evidentemente, no hay respuestas fáciles a este enigma. Sin ánimos exhaustivos, pueden identificarse tres variables relevantes que ayudan a explicar esta “excepcionalidad” venezolana: el nivel de control social, económico e institucional que puede ejercer un Petroestado autoritario; los obstáculos que tal control supone para la oposición y los errores estratégicos que le induce a cometer; y la naturaleza de la unidad interna del chavismo, vinculada al inmenso costo que involucra su salida del poder.

Un escenario en el que pueden verse estos factores operando es el de la convocatoria al referendo revocatorio del presidente Maduro. En principio, parece lógico que sea el revocatorio la vía para salir de un gobierno tan incompetente. Las razones son diversas: 1. Es el mecanismo constitucional creado para este fin; 2. Se ha cumplido el plazo requerido para activarlo; 3. Implica una consulta electoral que introduciría legitimidad popular al proceso de transición; y 4. Luce como la alternativa menos susceptible de obstrucción, aun si no libre de manipulaciones.

Maduro-y-Tibisay-LucenaSin embargo, ni el gobierno parece sentirse obligado a permitir la consulta ni muchos sectores de la oposición obligados a impulsarla. El control pleno del chavismo sobre la autoridad electoral está siendo utilizado para retrasar la convocatoria. Además, el gobierno puede manejar la experiencia previa del fallido revocatorio del año 2004 y la posterior persecución política de los firmantes de aquella solicitud para desincentivar a los ciudadanos y sembrarles temor. Un temor que solo tiene sentido en un contexto en el que el (petro)Estado es el dueño casi exclusivo de los recursos externos, el principal actor económico y el gestor de una red clientelar de transferencias cada vez más determinante para la subsistencia de gruesos sectores de la población.

El segundo factor que dificulta la activación del revocatorio reside en la que debiera ser la interesada, la oposición. Junto a los obstáculos existentes para hacer política en Venezuela, que van desde un creciente control comunicacional oficial hasta violencia callejera de simpatizantes del gobierno, aparecen las profundas diferencias estratégicas que dificultan la coordinación interna de la coalición opositora. La oposición apuesta a impulsar simultáneamente tres –y, eventualmente, hasta cuatro- mecanismos para la salida del gobierno. El problema no es la aparente ingenuidad –solo aparente- que se esconde detrás de opciones como la de la renuncia presidencial sino la evidencia de una estrecha asociación entre alternativas para el cambio político y bandos de la oposición. Esto conduce a que el éxito de una opción posicione a un grupo en particular, en detrimento de los otros. Estos, por supuesto, no muestran mucho entusiasmo ante tal posibilidad.

Finalmente, una tercera variable opera sobre el revocatorio. La casi ilimitada disposición del gobierno a impedir su salida electoral no solo tiene que ver con la capacidad que le proporciona dirigir un Petroestado clientelar sino con los costos que implicaría para parte de la dirigencia chavista abandonar los privilegios del poder. Los excesos cometidos bajo el amparo de la total discrecionalidad y la posibilidad de que se concreten sanciones tras su salida del poder incrementan la sombra de futuro. Y la percepción de que, debido a la polarización, no existen opciones de salida con garantía de impunidad refuerza la disposición a mantenerse unidos y aferrados al poder como única alternativa.

En este contexto, pareciera que la vía hacia la salida de Maduro y el cambio de gobierno está fatalmente minada. Sin embargo, los obstáculos no son irremontables. El desafío estriba en la capacidad que tenga la oposición para unificarse detrás del revocatorio, organizar el descontento social y canalizarlo en función de superar los obstáculos interpuestos. Se trata de ejercer suficiente presión sobre el gobierno y forzarlo a abrir una vía política al cambio. Esta vía deberá acompañarse, superada una fase crítica, de procesos de negociación y pactos políticos desagradables. Se trata de articular capacidad de presión y apertura a la negociación y hacerlo inmediatamente. ¿Otros escenarios? La incertidumbre absoluta.

[i] “Datanálisis: 63% de los venezolanos cree que Maduro debe dejar el poder”, El Nacional, 26 de marzo de 2016, http://www.el-nacional.com/politica/Datanalisis-venezolanos-Maduro-dejar-poder_0_818318262.html.

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