Carta del Director

Estado cómplice

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Caracas, 22 de Abril de 2016

Otra semana pasa, como era de esperarse, sin cambios en una ruta que, aunque nos lleva camino al desastre, cada día nos sorprende menos al punto de aburrirnos por predecible. Y es que el juego está cantado, la oposición juega al cambio y el gobierno a evitarlo, con la complicidad de toda la institucionalidad del Estado que, alineada contra la Asamblea Nacional, va tomando decisiones que rayan ya en lo absurdo, con costos políticos importantes que se pagan en la deslegitimación acelerada de todas y cada una de las instituciones del Estado, como lo demuestra el último estudio diseñado por el Centro de Estudios Políticos, cuyo campo cerró el pasado 20 de marzo, en el que nos encontramos con que todo lo que tenga relación con el Estado se va al foso de la desconfianza.

Sin título

En este escenario, que implica una transición autoritaria en la cual el gobierno va abandonando el carácter híbrido (autoritarismo competitivo o electoral) que hasta hace poco lo caracterizó, pero que ya no es posible ante la pérdida del piso político que permitía su relegitimación permanente mediante el voto, el gobierno busca ganar estabilidad mediante su autocratización, para lo que necesita de la cooperación cómplice de otras instituciones del Estado para tratar de mantener el control de la situación.

Bajo las actuales condiciones de deterioro económico, social y político que vive el país, las tres instituciones que se han vuelto esenciales en este proceso de autocratización son el Poder Judicial, y en especial el Tribunal Supremo de Justicia, como contrapoder al Legislativo y como parte del aparato represivo del Estado; la Fuerza Armada Nacional en el detestable papel de órgano represivo por excelencia, que ya le ha costado buena parte de su legitimidad histórica, y del cual el gobierno se vuelve cada vez más dependiente en la medida que la situación se complica; y el Consejo Nacional Electoral, que ha pasado a tener como competencia principal no la de organizar elecciones, como señala la Constitución, sino la de evitarlas mientras sea posible y maniobrarlas estratégicamente cuando sean ya  inevitables.

Es así como no deberá sorprendernos que, ante los intentos de la oposición por producir un cambio político este año, veamos a estas tres instituciones alineándose cada día para evitar, mediante una combinación de sentencias, cambios de reglas electorales, desconocimiento de firmas y represión, que alguno de los mecanismos propuestos se active, al menos durante este año, porque de suceder habría que convocar a una elección presidencial para la cual el oficialismo no cuenta con liderazgo alguno que tenga el apoyo necesario para evitar, por la vía electoral, su salida del poder.

Benigno Alarcón Deza

Director

Centro de Estudios Políticos

Universidad Católica Andrés Bello

 

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