Opinión y análisis

El efecto fugazi

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Fernando Arreaza Vargas – 22 de julio de 2016

Entre los rascacielos de Manhattan, la torre Trump destaca por sus lujos. En verano la vista de sus panorámicas recibe al Central Park en su esplendor. La renta de los pisos también debe rascar los cielos.

En alguna de esas magníficas ventanas se asoma Donald de vez en cuando. Es el dueño del edificio, por lo que su oficina debe ser la mejor. Estos días le toca viajar mucho, pero hoy está sentado en su escritorio aprovechando una de esas escasas horas libres. Después de todo, perseguir la presidencia tiene sus demandas. Desde su cómoda silla revisa los análisis post-convención, los resultados de esa millonaria puesta en escena para proclamarlo oficialmente candidato republicano.

No todos los comentarios son buenos, sin embargo. Nunca lo van a ser; menos cuando eres un tipo tan agresivo como él. Los medios están siendo especialmente duros. Acusan que el discurso de su esposa fue un plagio. Ella es la que menos tiene la culpa, alguien de su staff pagará el error.

En ese momento Donald recibe un mensaje. Su equipo de campaña recomienda mandar un tweet para responder a las críticas. Acusemos a los medios de mentirosos y deslicemos otro “crooked Hillary” por ahí. Sea cierto o no, lo importante es responder. Mandan el tweet que saldrá hasta en la sopa de alguna Sra. Smith en las zonas rurales de Ohio. Así se manejan las campañas en 2016.

Bitácora 3

Estados Unidos siempre ha sido terreno fértil para innovar en la política. Su dinámica, su vitrina y los miles de millones de dólares que fluyen por sus venas hacen que sea un caldo bullente del que salen nuevas herramientas y nuevas formas de ganarte unos votos. La fusión de la política con el entretenimiento es una de esas consecuencias.

Desde la aparición de la televisión, el proceso del marketing político estadounidense ha sufrido algo similar a la comida: la gente progresivamente dejó de comer en casa porque afuera vendían McDonalds. En realidad no te comes una hamburguesa, sino los millones que McDonalds invirtió en publicidad para ti. Ahora hay un alto nivel de obesidad en ese país, como también debe haber un grado importante de ignorancia en política. Tarde o temprano alguien va a aprovechar y triunfar con ese problema.

La primera aparición de Trump en la convención republicana se pareció más a la introducción de una nueva película de Christopher Nolan que a un evento político. Una sombra emergió desde los tras bastidores con una luz brillante a sus espaldas, una especie de gladiador del siglo 21. “We are the champions” sonaba de fondo y un podio con el micrófono surgió desde el suelo mientras aquella sombra comenzó a caminar al frente. Después de la parafernalia solo quedó Donald Trump.

John F. Kennedy y su equipo entendieron bien medio siglo atrás lo que venía con la llegada de la televisión: primero busca la fama, que después eres presidente.

Lo que estamos viendo este año es la evolución de las campañas electorales con niveles de mediatización extremos. Tenemos años en ese camino, pero faltaba un tipo como Trump para que nos explotara en la cabeza. 140 caracteres del magnate diciendo cualquier disparate recorren el mundo más rápido que una matanza en Kenia. Los comediantes son líderes de opinión y los candidatos son comediantes. Las imágenes de 9gag toman partido y probablemente influyen votos. Para cuando terminemos de entender los nuevos medios, otros ya estarán irrumpiendo. Bienvenido y hasta siempre 2016, aquí varias reflexiones.

Bitácora 2

– Las maquinarias están perdiendo sentido. Todavía valen, pero poco a poco valen más los individuos no-organizados que hacen campaña sin que se los pidas. Aquellos que emocionaste de tal manera que toman la elección como algo personal. El video del plagio de Melania Trump a Michelle Obama lo publicó un sujeto que no trabaja para nadie. Un asesor republicano confesó que Donald no tenía una estructura formal en su equipo de campaña hasta hace poco.

– Las encuestas se volvieron más volátiles, se parecen más a los ratings televisivos. Los expertos y encuestadores no le daban chance a Trump al principio. El error (dicen ellos ahora) es creer que el electorado juzga a Trump como un político; pero lo juzgan como a un artista.

– Un candidato a la presidencia puede decir lo que sea. Puede mofarse de discapacidades físicas, discriminar racialmente, decir barbaridades y prometer cualquier absurdo sin siquiera un esbozo del plan. Puede decir y después se puede contradecir. Si lo hace con el tono y la actitud adecuada, hay campo electoral para explotar.

Fugazi es un extranjerismo que se refiere a lo falso, a lo irreal o espurio. Lo que existe solo en la imaginación. Este año he visto debates y discursos en España, Estados Unidos, Reino Unido y Francia llenos de eso. Renuncian a la sustancia para atacar exclusivamente al corazón. Así se ganan todo o nada en un alto porcentaje de la gente, apoyo irracional o rechazo absoluto.

Las campañas se están volviendo dinero, show y fugazi en niveles alarmantes. Dile a la gente lo que quiere escuchar, después vemos qué hacemos.

 

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