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Editorial N° 146: Mujeres y niños de últimos

Editorial N° 146

Mujeres y niños de  últimos

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Daniel Fermín Álvarez  –  17 de marzo de 2017

“¡Mujeres y niños primero!” reza el código de conducta ante una situación apremiante, particularmente la de un naufragio. Más allá de la conseja marina, los niños y las mujeres son considerados a menudo, no por sus capacidades ni sus cualidades sino por las profundas inequidades generadas por tendencias históricas de desprotección, discriminación y otros factores, como poblaciones vulnerables. Vale la pena ver, en ese sentido, cómo les va a las mujeres y a los niños de la patria bolivariana.

Un trabajo de Omar Zambrano, a propósito del Día Internacional de la Mujer, pone de relieve la terrible situación de las mujeres en la Venezuela de hoy. Hemos comentado recientemente, en este espacio, las espeluznantes cifras de pobreza en el país, y son precisamente las mujeres quienes se llevan la peor parte.

Se estima que las mujeres pobres superan a los hombres pobres en más de 350 mil personas. La participación de las mujeres en el mercado laboral es significativamente menor a la de los hombres. Además, las que sí participan ganan menos, en condiciones iguales, que sus contrapartes masculinos. ¿Cuánto menos? 30 puntos, según el Instituto Nacional de Estadística. Esta representa la mayor brecha de América del Sur.

¿Y los niños? El más reciente informe de CECODAP nos habla de un aumento de 52% en la violencia contra niños y adolescentes en Venezuela. En menores de edad, los homicidios aumentaron 12% con respecto a 2015, ubicándose en 1.150 casos. También se destacan 254 instancias de agresión por parte de los cuerpos de seguridad del Estado, 43,5% más que en 2015. La guinda: la escasez de alimentos, considerado por la organización como un nuevo motivo de maltrato infantil.

Son las mujeres y los niños. Y los ancianos, todavía haciendo cola para cobrar una pensión que no cubre las necesidades más básicas. Y las personas con discapacidad, y los enfermos. Para esta revolución humanista, atender la vulnerabilidad se encuentra a la cola de las prioridades.


Abrimos la edición con el Enfoque Político. En esta oportunidad, Juan Manuel Trak nos trae “Presidente versus Parlamento en Venezuela”, un análisis sobre el conflicto de poderes y la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo bajo la Revolución Bolivariana.

En la Mesa de Análisis, Miguel Martínez Meucci escribe “Testimonios de resistencia”, una reflexión profunda que se sirve de Arendt en la búsqueda del plano moral en la dinámica política, de cara al cambio y frente al totalitarismo.

En Debate Ciudadano, Carlos Romero presenta “La seguridad alimentaria en la agenda parlamentaria”. Este artículo analiza por qué las políticas oficiales nos han dejado en una situación de inseguridad alimentaria sostenida y comenta las iniciativas de la Asamblea Nacional para enfrentar el problema.

Finalmente, en Perspectiva Social, Carlos Carrasco escribe “La estigmatización: “Si eres inteligente, huye de Venezuela. Si eres bruto, mejor quédate”. Carrasco emprende contra una nueva división social: la de los que se van contra los que se quedan, e insiste en que hay un lugar para todos en la reconstrucción de Venezuela.


En el país de las mujeres, este segmento de la población se encuentra discriminado, desasistido y golpeado por la inclemente crisis. Los niños y adolescentes, el futuro del país, están en jaque, entre las amenazas de la violencia y el hambre. El responsable de que nuestras madres y nuestros hijos estén hoy en esta situación es un régimen testarudo, incapaz de rectificar, entrampado como está en el dogma y los arreglos turbios.

Luchar por las mujeres, por su igualdad y dignificación, es luchar contra la pobreza y promover el progreso y el desarrollo de la nación. Luchar por la protección de los niños y adolescentes es arreglar hoy el país de mañana.

Y es que el cambio que anhela hoy la sociedad venezolana no es solo un cambio de nombres, siglas y colores, sino sobre todo el cambio de las condiciones que hoy golpean duramente a la familia venezolana y que la anclan al subdesarrollo. Emprendamos, en nuestra cruzada por el cambio político, la tarea de lograr los cambios que permitan, como en la vieja tradición, colocar a mujeres y niños primero. La sociedad sabrá recompensarlo.

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