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La estrategia de cara a una transición debe considerar todos los escenarios, no solo los ideales

Editorial 182

Foto: The New York Times

26 de abril de 2019

En el contexto político actual de Venezuela se debe considerar que la transición no se produce porque la decretemos sino porque somos capaces de adaptar la estrategia a la realidad, y alinear las expectativas en el imaginario colectivo con un rol activo que corresponde a la sociedad para materializar una transición. Estimando que el primer cuatrimestre del año está cerca de expirar, se hace necesario evaluar con la mayor franqueza las fortalezas y debilidades de la actual estrategia.

El sector democrático venezolano, para mantener la vigencia y credibilidad de su liderazgo, debe enviar señales claras e inequívocas de que existe la voluntad política de su parte para construir una salida realista a la crisis multidimensional ante sus dos audiencias clave, la ciudadanía y actores clave de la comunidad internacional. Para esto, la alternativa democrática necesita resolver el dilema de un potencial ajuste de la estrategia política.

Lo que la oposición democrática no puede permitirse es que la no concreción de un cambio político a corto plazo se traduzca en desesperanza, emigración, y la disminución de la protesta y el activismo ciudadano en la calle, o el espacio para que opciones extremistas ganen terrenos tomando ventaja de la desesperación de personas dispuestas a armarse como mecanismo alternativo a la lucha política, que solo implicará costos y pérdidas injustificables, como sucedió en Siria cuando los radicales impusieron su tesis sobre quienes trataban de liderar un movimiento de resistencia civil como el que demostró su éxito en Tunez, y que es el tipo de lucha al que ha convocado Guaidó.

La alternativa democrática, al igual que la comunidad internacional, tienen desafíos que enfrentar para la consolidación de una solución pacífica. La alternativa democrática en el contexto actual, impone la necesidad de revisión de la estrategia y acciones tácticas en pro del cambio político. Los desafíos son múltiples: desde la agudización de la crisis socioeconómica hasta el aumento de la tensión política interna y una potencial escalada del conflicto. Esta última como resultado de la arremetida del gobierno que aprovecha la ausencia de una amenaza creíble para emprender acciones de represión, amedrentamiento y detenciones a periodistas, parlamentarios y personas del entorno político cercano de Guaidó, así como las amenazas directas a su persona.

Los desafíos que se le atribuyen directamente a la oposición no solo pasan por mantener las expectativas, a pesar del tiempo transcurrido y el hecho de que Maduro siga en control del Estado, sino también por las dificultades para lograr las condiciones para producir una ruptura del bloque de poder e iniciar un proceso de transición política.

La comunidad internacional ha tenido una activa participación en la búsqueda de una resolución al conflicto a través de diferentes iniciativas individuales y de acción colectiva, de parte de Estados Unidos, el Grupo de Lima, la UE y el Grupo Internacional de Contacto, la OEA, la ONU, entre otros. Estos actores siguen jugando un papel relevante en el logro de una solución al conflicto, dada la naturaleza autoritaria del régimen venezolano que, ante la ausencia de instituciones independientes, restringe el margen de acción de los venezolanos para solucionarlo pacíficamente por si solos.



Polítika UCAB, deja a disposición de sus lectores unos artículos recomendados que engloban aspectos relevantes de la dinámica política y social de Venezuela.

  • El desafío de un plan país, por Carlos Romero. El autor explica como el Plan País, presentado por la Asamblea Nacional, es el único instrumento político con el que cuenta la sociedad democrática venezolana a los fines de promover que nadie se quede atrás en el camino al desarrollo sostenible.
  • El mundo paralelo del gobierno paralelo, por Guido Revete. El artículo exhorta a la población en general, sobretodo a la dirigencia política a retomar el camino político democrático que garantiza aún en relaciones de conflicto, que el contrincante sea visto como adversario político y no como enemigo.

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