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Un 27 de febrero

Fotografías: Francisco Solórzano / AVN

Luis Manuel Esculpi

Era un día lunes, cerca de las siete de la mañana y lo conservo vivamente en la memoria. Me disponía a asistir a la reunión del Comité Ejecutivo del Movimiento al Socialismo (MAS), cuando recibí una llamada telefónica del compañero Pedro Valladares quien me informó que estaba en Guarenas, en el lugar donde se tomaban los autobuses que se dirigían hacia Caracas. Me explicó que allí se vivía un clima de gran tensión generado por el recién decretado aumento del pasaje en esa ruta interurbana. De igual manera me dijo que en el ambiente había una disposición de lucha y una gran combatividad y que la gente, descontenta, estaba convocando ir hasta el terminal del Nuevo Circo de Caracas para luego regresarse hasta el terminal mirandino. Convenimos en encontrarnos allí a eso de las tres de la tarde.     

No me extrañó haber recibido esa información porque en ese tiempo  me desempeñaba como Secretario general  del MAS en Caracas, ciudad por la cual había resultado electo como diputado de la República.  Al llegar a la reunión de la Dirección Nacional del partido naranja comenté la información recibida y ninguno de los presentes tenía conocimiento de los sucesos que se estaban gestando en Guarenas, una de las “ciudades satélites” cercanas a Caracas. Esa tarde, a la hora convenida, me encontré con Pedro en el Terminal del Nuevo Circo. Al llegar al lugar me percaté que los ciudadanos se negaban a pagar el aumento del pasaje, incluso, vi cuando  comenzó una fuerte discusión con los choferes. Un poco más de un centenar de personas de aglomeraron alrededor de una de las unidades, el ambiente se caldeó, se tornó agresivo y violento razón por la cual decidí subirme al capó de un autobús y comencé a llamar a la calma y a intentar encauzar la protesta. Mis palabras fueron  ignoradas totalmente.

Fotografías: Francisco Solórzano / AVN

Al descender del autobús, después del improvisado y frustrado mitin, observé a un grupo de personas encendiendo una fogata de cauchos y basura con el objeto de cerrar la avenida Fuerzas Armadas, a la altura del Terminal del Nuevo Circo, en ese momento me encontré al reportero gráfico Francisco Solórzano, conocido por todos como “Frasso”, ambos militábamos en ese momento en la misma organización política. Después de saludarnos le comenté que me llamaba  mucho la atención que la gente no huía de la acción que se estaba provocando, al contrario, la respaldaba y asumía cada vez un comportamiento más agresivo. Pasado un tiempo las gráficas realizadas por “Frasso”, las cuales fueron objeto del Premio Rey de España, corroboraron nuestra versión.

Aún estando en el Terminal del Nuevo Circo de Caracas comenzaron a llegar rumores de protestas en otros lugares de la ciudad. La concentración en el lugar donde nos encontrábamos se dispersó, circulaban muy pocas unidades de transporte colectivo, me dirigí hacia la avenida Universidad a efectos de verificar  los rumores, efectivamente observé grupos intentando violentar las rejas de protección de los comercios y un clima de gran agitación durante todo el recorrido, y así llegué a mi residencia, ubicada en el centro de la ciudad capital. Ya eran casi las 7:00pm. Esa noche mi teléfono no dejó de repicar, por esa vía recibí reportes de saqueos y actos de violencia en distintas parroquias caraqueñas. El llamado “Sacudón” se intensificó  sorprendentemente durante el último día de febrero y los primeros de marzo de 1989.

Dada la proliferación de saqueos se implantó el “toque de queda” y se suspendieron las garantías constitucionales. 

Sobre estos acontecimientos han circulado dos versiones no ajustadas a la realidad, una que ha pretendido crear el mito de que esa revuelta fue una especie de antecedente del golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, pero se puede demostrar que este lamentable evento social no fue “la chispa que encendió la pradera”, tal como lo afirmara el expresidente Hugo Chávez, citando a Mao Tse Tung. Parte de la leyenda consiste en afirmar que los “oficiales bolivarianos” no compartieron, incluso,  rechazaron la actuación del Ejército venezolano durante esos días, cuando la verdad es que uno de los juramentados en el Samán de Güere, sin estar de servicio se presentó en el Fuerte Tiuna como voluntario para participar de la acción militar. Además varios de esos oficiales actuaron en las zonas donde la represión fue más ruda y dejó mayor número de víctimas.

La otra versión sostiene que todo lo ocurrido fue objeto de una planificación, incluso, hay quienes sostienen que el evento contó con la participación de asesores extranjeros, pero se puede deducir de este relato que los sucesos se iniciaron de manera espontánea y no fueron reprimidos en sus inicios por la existencia de una huelga en la Policía Metropolitana de entonces. Uno de sus dirigentes fue Freddy Bernal, con quien tuve contactos en esos días debido a que  él tenía vínculos con el MAS, a través  de Fidel Vásquez, actual Secretario de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Fotografías: Francisco Solórzano / AVN

Algunas organizaciones de izquierda para la época, nosotros en el MAS, la Causa R y Bandera Roja, intentamos cabalgar sobre una ola ya existente, para mantener la vinculación con los sectores populares protagonistas de esa rebelión. Esta reflexión parte de hechos vividos intensamente, no desde una ” zona de confort”, para utilizar el tan trillado latiguillo. Presencié y estuve en contacto permanente con las zonas y dirigentes populares que conocieron y participaron de cerca de esos acontecimientos.
El martes 28 de febrero de 1989, en horas de la mañana, me llamó Teodoro Petkoff para proponerme que recorriéramos las zonas populares de Caracas, acepté la idea y la comuniqué a la reunión de emergencia del  Comité Regional del Movimiento Al Socialismo (MAS). Esa misma mañana hicimos realidadla propuesta y la intensificaríamos en los días posteriores. Así recorrimos Nueva Tacagua, Monte Piedad, en el 23 de enero, Las Malvinas y La Montañita, en El Valle, el Barrio Los Erasos, en San Bernardino y sectores de La Vega, entre otros lugares. En todas estas humildes comunidades escuchamos testimonios sumamente dolorosos como el de los familiares de una niña y un bebé  atravesados por unas balas de FAL, entre muchos otros. En algunos recorridos nos acompañó la periodista Elizabeth Araujo, quien publicó unos excelentes reportajes sobre esos testimonios en El Nacional y en un libro donde ella fue coautora: “El día que bajaron los barrios”.

“El Caracazo”  comenzó como una legítima protesta por las medidas que se pretendían implantar, se anarquizó y sucedieron desmanes de distinta índole. Resulta imposible dignificar estos hechos con la finalidad de justificar políticamente acciones posteriores. En muchos sitios el hampa, aprovechando los acontecimientos,  cometió innumerables desmanes y promovió  robos y saqueos. Los graves excesos cometidos a raíz del llamado  “Sacudón” no justifica, en lo más mínimo, la brutal represión desatada a partir del martes 28 cuando se suspendieron las garantías, se estableció el toque de queda y las FAN tomó el control de la ciudad con contingentes venidos del interior que desconocían las principales avenidas y calles de Caracas. Los militares dispararon a mansalva contra los bloques de El Valle, 23 de enero y en otras zonas populares  provocando centenares de muertos y más de un millar de heridos.

Una Comisión Especial de la Cámara de Diputados, presidida por Paulina Gamus, de la cual formé parte, realizó una enjundiosa investigación y estudió todos los detalles de los acontecimientos. La citada instancia parlamentaria estableció,  entre una de muchas conclusiones, que la transmisión por televisión “en vivo” de los saqueos, fue uno de los factores influyentes en su generalización. Recuerdo perfectamente las imágenes del desaparecido Centro Comercial Anauco, en San Bernardino, situado entre la avenida Panteón y la calle Roraima, donde todos los comercios,  especialmente una tienda de electrodomésticos y equipos de sonido, fue totalmente desmantelada. Lo memorizo no sólo por la proyección de TV sino porque la sede regional del MAS estaba situada precisamente en la calle Roraima. En la actualidad, cuando se analizan posibles escenarios como salida a la crisis, a menudo se contempla como uno de ellos, el denominado “estallido social”. En el subconsciente se piensa en algo semejante, pero quienes aspiramos a una solución pacífica y democrática, no podríamos considerar esa posibilidad como una alternativa deseable. Emular el horror y el sufrimiento de aquellos días, por el contrario, nos conduce a rechazar esa eventualidad.

Nunca más un 27F!.

Fotografías: Francisco Solórzano / AVN

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