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La política extraviada

Foto: EFE

Andrés Cañizález

@infocracia

Doctor en Ciencia Política (USB), Maestría en Ciencia Política e Historia de Venezuela, Periodista, Investigador. Premio Monseñor Pellín (2005). Tiene en su haber numerosas publicaciones sobre la relación de los medios de comunicación con la Democracia. Profesor de la UCAB.

Tomamos en préstamo el título de la obra de Andrés Stambouli, “La política extraviada. Una historia de Medina a Chávez”, que fue editada en 2002 por la Fundación para la Cultura Urbana. Si aquella obra repasa la degeneración que vivió el sistema político democrático, el extravío de la clase política actual termina siendo dramático dado el contexto de crisis generalizada que se registra en Venezuela.

Quienes ejercen el poder en Venezuela perdieron la brújula, ya no muestran ningún interés en desempeñar una gestión de gobierno mínimamente efectiva. La lógica de permanecer en el poder ha reducido su acción a tres esferas principales: represión; propaganda y desinformación y control de la población vía distribución de alimentos.

El chavismo está extraviado. No tiene el carisma en su mejor momento le conectó con las mayorías venezolanas. Ya no es únicamente la muerte del padre político, Hugo Chávez, sino la propia ausencia de herederos políticos que logren conectarse con la promesa que en su época encarnó el chavismo. Quienes ejercen el poder en nombre del pueblo dejaron, hace bastante tiempo de ser pueblo.

Nicolás Maduro es líder en tanto ocupa un cargo, y esa misma lógica se aplica a todos los rostros que conforman hoy el polo político chavista. Se ocupa el poder, sin duda, pero hay una notable ausencia de liderazgo, si entendemos por líderes aquellos que tienen la capacidad de convocar a una sociedad o una parte mayoritaria de ésta, en búsqueda de un objetivo compartido.

Y ese chavismo extraviado seguirá aferrado al poder, no tiene otra opción. Figuras como Maduro, Diosdado Cabello o Delcy Rodríguez difícilmente tendrían respiración política propia si hay un cambio en Venezuela, y dejan de ocupar el poder.

Agónico, sin duda, el chavismo seguirá aferrado al poder hasta que deje de estarlo. Se vive su ocaso, pero su existencia no dependerá exclusivamente de él, sino que esta permanencia en buena medida se relaciona con la (in)capacidad de otros actores para desencadenar el cambio.

Para la comunidad internacional no parece haber dudas, Juan Guaidó encarna el liderazgo político democrático. Internamente, sin embargo, tanto Guaidó como otros actores que se identifican como opositores al régimen de Maduro, están igualmente extraviados.

Unidos en su extravío, aunque separados en sus estrategias y visiones sobre el cambio, en Venezuela existen tres corrientes principales. Guaidó, a lo interno, en Venezuela, dejó de tener la capacidad de ser el referente exclusivo. Sobre el joven presidente de la Asamblea Nacional, pesa el desgaste, el paso del tiempo sin que se desencadene la transición prometida.

Y extraviado está Guaidó, al mostrarse errático en sus comunicaciones por las redes sociales, sin capacidad de construir nuevamente un discurso creíble que conecte con las mayorías. Perdido en decisiones administrativas de nula o difícil ejecución, sigue siendo visto como líder por muchos, a pesar de que ha colocado en otros el peso principal de su estrategia para el cambio.

La dependencia de Guaidó de Estado Unidos, con un arrebatado Donald Trump –en campaña además para su relección-, provocan un extravío en relación a qué puede esperarse. La política alejada de sus actores principales, en Venezuela, y colocada en manos de otro país. Y ese otro país, entretanto, ocupado en atender la Pandemia del Coronavirus, dado que es el principal foco mundial de la enfermedad.

Actores políticos como María Corina Machado o Henri Falcón reducidos a la emisión de mensajes en Twitter. Extraviados de la política, sin conexión con la gente en este momento álgido. Pongo un ejemplo que me resulta sintomático de la desconexión que se vive en Venezuela.

Las protestas en el país, aún en medio de la Cuarentena, no han cesado. Y es natural, los problemas de la vida cotidiana por el caos en los servicios se han incrementado en este tiempo. Ninguna de esas protestas parece estar conectada con los liderazgos políticos del cambio. O, dicho de otra forma, los liderazgos están desconectados del malestar popular, al menos en este contexto.

Las imágenes de esas protestas nos muestran a ciudadanos, en su mayoría humildes, no pocos recibiendo ráfagas de represión. Ellos también están huérfanos, extraviados.

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