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Desdemocratización en Venezuela (XII): El chavismo como respuesta no democrática

Foto tomada de DW

Andrés Cañizález

¿Hacia dónde va Venezuela? Más que una pregunta, en verdad, parece un leitmotiv. Cuando en diciembre de 2008 se cumplía una década del primer triunfo electoral de Hugo Chávez, en lo que sin duda fue un parteaguas en la historia contemporánea de Venezuela, la historiadora Margarita López Maya justamente volvía sobre la pregunta, que parece signar nuestra vida social en el tramo comprendido entre las últimas dos décadas del siglo XX y las dos primeras del siglo XXI.

En diciembre de 1998, con un claro triunfo electoral, en un momento en el que el chavismo no tenía control sobre las instituciones, se daba paso a una nueva etapa en la vida política. La crisis de la democracia, que ya latía en el ambiente desde fines de 1980, terminó recibiendo como respuesta una “medicina” que terminaría exacerbando los problemas. El chavismo terminó siendo una respuesta no democrática al proceso de desdemocratización que ya venía en marcha en las postrimerías del siglo XX venezolano.

Era propicio, entonces, tratar de hacer un balance de los 10 primeros años del chavismo una vez que se hace con el poder, en Venezuela. López Maya además de revisar la génesis del gobierno de Chávez apuntaba lo que a su juicio eran cuatro vulnerabilidades, que vistas con el paso del tiempo simbolizan en realidad las debilidades del proceso bolivariano. Tales debilidades no hicieron otra cosa que ahondar la erosión democrática en el país.

Apuntaba la historiadora como la primera vulnerabilidad: “la excesiva dependencia a un líder carismático y, relacionado con esto, la falta de liderazgo colectivo creíble a distintos niveles”. Ya en ese momento López Maya tenía inquietudes en que el recién creado Partido Socialista Unido de Venezuela pudiera consolidarse “para actuar como contrapeso al líder y promover nuevos liderazgos desde abajo”.

Algunos meses después, cuando ya corría el año 2009, el académico español Juan Carlos Monedero, pese a tener una relación como consultor del gobierno, acuñó críticamente la categoría de “hiperliderazgo” para tratar de explicar el fenómeno Chávez. Monedero también veía ese desbalance como debilidad de la revolución bolivariana.

Según Monedero, el hiperliderazgo de Chávez era la respuesta ante una Venezuela “con escaso cemento social, con un débil sistema de partidos democráticos y con amplios porcentajes de exclusión. Un liderazgo fuerte e incuestionado es la única respuesta que permite situar una alternativa frente a lo que llamamos la selectividad estratégica del Estado”.

Seguidamente, el propio Monedero admitía que “ese liderazgo, en el cual se deposita tanta responsabilidad, también viene con problemas. El hiperliderazgo desactiva, en última instancia, una participación popular que puede confiarse en exceso en las capacidades heroicas del liderazgo”.

Volviendo a lo que se planteaba la historiadora en diciembre de 2008, una segunda vulnerabilidad del gobierno estaba en la polarización política como estrategia oficial. A juicio de la autora, esto le impedía al gobierno de Chávez “la ampliación de sus bases de apoyo”. “La polarización mantiene altos niveles de inestabilidad política e ineficiencia pública por la exclusión de sectores de capas medias y profesionales”.

Para López Maya, la tercera vulnerabilidad que ya se observaba en 2008 -en el proyecto político que encabezaba Chávez-, tenía que ver con lo que ella llamó “socialismo no democrático”, reproduciendo a su juicio “el estilo burocrático-autoritario del socialismo del siglo XX”.

Entre otros aspectos que específicamente puntualizó la historiadora, dentro de ese socialismo no democrático, figuraban: “la concentración de poder en el presidente, sin contrapesos en los otros poderes públicos o en la sociedad civil, su discreción en el uso de los recursos públicos, la presión sobre los empleados públicos de ser ‘rojos, rojitos´, para no perder su empleo, la competencia electoral asimétrica entre el gobierno y quienes discrepan de él, y la intolerancia hacia el pluralismo político”. Este conjunto de elementos, a su juicio, “debilitan la legitimidad del proyecto”.

Tomás Straka inscribe el giro que dio Venezuela, que justamente apostó al hombre fuerte esa figura tan bien encarnada por Chávez, pese a la tradición civilista que prevalecía en el país justamente asociada al modelo democrático de 1958, en la tesis del Cesarismo Democrático, que tantas interpretaciones ha tenido desde que se diera a conocer en 1919. “Terminamos el siglo XX entregados al hiperliderazgo de Hugo Chávez, césar y democrático, en los sentidos exactos que les dio Laureano Vallenilla Lanz a las categorías”, sostiene el historiador.

Por otro lado, junto a la incapacidad de reinventar la democracia que dejó en evidencia el chavismo, Margarita López Maya también planteaba dudas sobre la viabilidad del proyecto socialista bolivariano dada su incapacidad de construir una alternativa económica productiva, que a nuestro juicio, efectivamente pusiera punto final al rentismo. Esto no ocurrió, sino que al contrario el chavismo exacerbó el rentismo y el extractivismo.

Para la historiadora, ese socialismo del siglo XXI que tanto pregonaba Chávez en aquel 2008, era inviable al carecer de un modelo económico. Describía la autora lo que ocurría en aquel momento en materia económica: a) creciente gasto fiscal; b) escasos logros en la producción agrícola; c) incapacidad de unidades productivas (fundos zamoranos, cooperativas y núcleos de desarrollo endógeno) para sostenerse sin el apoyo financiero del Estado; y d) ineficiencia en las nuevas y viejas empresas públicas, incluyendo Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Finalmente, aunque reconocía la hegemonía política de Chávez sobre la vida nacional, resaltaba la debilidad del modelo económico bolivariano ya que no le permitía a la economía dejar de ser rentista y dirigirse hacia una concepción productiva. Este manejo erróneo de la economía fue entregado en herencia a Nicolás Maduro a fines de 2012, con nefastos resultados para la v ida nacional a partir de 2015.

López Maya advertía: “El estatismo, tanto en su versión del socialismo soviético y cubano, como en el capitalismo de Estado de Carlos Andrés Pérez, mostró su fracaso”. Le resultaba inexplicable a la autora, y a nosotros, cómo el chavismo despreció las lecciones del pasado en materia económica, incluso a contrapelo de lo que en ese momento llevaban adelante otros procesos políticos afines, tales como Ecuador (Rafael Correa) y Bolivia (Evo Morales), que combinaron la lógica de cooptación institucional, pero sin grandes estatizaciones de la economía.

@infocracia

Fuentes:

López Maya, Margarita (2008) “¿Hacia dónde va Venezuela? Elementos para comprender el proceso bolivariano actual”. En: SIC. Vol. 71. N° 710. pp. 436-440. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Monedero, Juan Carlos (2012) “Venezuela: el discurso mágico de una Revolución particular”. En: Actas del XV Encuentro de Americanistas Españoles, texto en línea: https://ruidera.uclm.es/xmlui/bitstream/handle/10578/15297/TESIS%20Sidorenko%20Bautista.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Straka, Tomás (2019) “Cesarismo democrático: la victoriosa derrota de Vallenilla Lanz”. En: Prodavinci, texto en línea: https://prodavinci.com/cesarismo-democratico-la-victoriosa-derrota-de-vallenilla-lanz/

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