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El diálogo en México y las expectativas para una oposición desarticulada

Tomada de Alto Nivel

Héctor Antolínez

Contrario a lo que ocurrió en diálogos anteriores, para éste la oposición que encabeza el G4 se encuentra dividida y debilitada, complicaciones a las que hay que sumar la aparición de un nuevo bloque opositor que reta su hegemonía, siendo así ¿a qué se puede aspirar en el nuevo encuentro de México?

Teniendo como antecedentes las negociaciones de República Dominicana y Barbados, la oposición venezolana se prepara para una nueva ronda de negociaciones que se llevará a cabo desde el próximo 13 de agosto en México, un nuevo intento por llegar a un acuerdo político con el gobierno de Nicolás Maduro para al menos intentar encontrar la solución a la crisis política que actualmente atraviesa Venezuela y que ha derivado en una crisis social y económica que ha devastado al país.

La situación para la oposición, y en particular para el G4, coalición de los partidos Acción Democrática, Voluntad Popular, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo, está lejos de ser idónea, por el contrario, llega a su peor momento histórico,  como consecuencia de una estrategia de abstención en elecciones que no dio resultados y un gobierno interino que pareciera perder cada vez más el poco apoyo que le queda.

Así es la lectura del politólogo Ricardo Sucre, quien no duda en señalar que para este proceso de diálogo en México, el G4 llega arrastrando un sentimiento de “desconfianza por parte del público opositor”, algo que añade se refleja en los últimos estudios de opinión.

“Definitivamente el G4 no llega en su mejor momento, pero esto no significa que no vaya a lograr nada, es un proceso de negociación que se construirá entre las partes y que quizás logre un resultado”, comenta Sucre quien también destaca la ausencia de la que pareciera ser una meta que alcanzar.

A su juicio la pérdida de fuerza por parte del G4 es un hecho, y esto se refleja en la actual lucha que existe por la hegemonía de la oposición en Venezuela, en la cual ahora aparecen factores como la Alianza Democrática dentro de la Asamblea Nacional, el sector de María Corina Machado y otro grupo encabezado por Henrique Capriles Radonski. Todos luchando  por imponer su visión.

“Esta es una disputa que uno puede decir que viene desde el 2013, y que quizás se resolvió temporalmente en el 2015 cuando se ganó la Asamblea Nacional, pero luego volvió a aparecer en octubre de 2017 tras las elecciones regionales y el debate de si se debía ir o no ante la Constituyente para juramentar a los candidatos ganadores”, recuerda.

Para Sucre, esta disputa es una lucha pasiva que se da entre estos sectores, los cuales dice, han apostado por una visión similar a la de Fidel Castro cuando dijo “la historia me absolverá”.

“No hay un dominio actual, la última encuesta de Delphos presenta a quienes apoyan al G4 y quienes lo critican en una paridad. Juan Guaidó aparece con un 13%, mientras que Henri Falcón con un 6%, ahí el que pierde es Guaidó que en algunas mediciones llegó a tener hasta un 70% de apoyo. Esta lucha es pasiva con cada uno apostando a lo suyo: el G4 a una postura de resistencia al voto similar al 2017; María Corina Machado a su no participación y denunciar la cohabitación; la Alianza Democrática buscando hacer vida en el sistema que gobierna el chavismo; y Henrique Capriles Radonski en un sí pero no”, explica.

Ante este aparente escenario de debilidad, Sucre considera que lo mejor que puede hacer la oposición que encabeza el G4 durante el diálogo de México, es aspirar a unas reglas de juego que permitan la existencia y la realización de un sistema democrático en Venezuela. Dice que apostar por unas elecciones sería bueno, pero que lo verdaderamente importante sería acordar qué viene después.

“Un jonrón sería acordar ciertas reglas de juego con el gobierno. Las elecciones son importantes, pero vienen siendo como un hit. Unas reglas de juego para la democracia sí sería un jonrón, que de alguna manera se acuerde dejar el problema político en manos del pueblo y que verdaderamente se respete el resultado y se tengan reglas post alternancia en el poder”, sentencia Sucre.

Un revocatorio como posible solución a la crisis

Mientras se desarrolle el diálogo en México, el gran evento político que se observa en el horizonte son las elecciones regionales y municipales del próximo 21 de noviembre. Sin embargo, no es la única apuesta que está en movimiento.

Desde la oposición que no está alineada con el G4 y algunos sectores del chavismo que se han planteado muy críticos a Nicolás Maduro, ha surgido la propuesta de llevar adelante un referendo revocatorio, pues sería la forma más definitiva en la que la población pueda decir si quiere o no seguir siendo gobernada por el actual presidente del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Para el politólogo, dirigente político, y disidente del chavismo, Nicmer Evans es justamente el referendo revocatorio la propuesta que el G4 debería buscar con más fuerza en las conversaciones en México. Para él, representa algo como lo que señaló Sucre, “dejar que el pueblo elija”.

“Para mí un éxito sería tener fecha y condiciones para un referendo revocatorio, esto eliminando todo lo que limita el proceso. Eso es lo que se puede considerar como un éxito, lo otro, lo de pedir elecciones presidenciales es la nada”, afirma Evans.

Para él, esto es por mucho lo que debería ser la verdadera meta del proceso de negociación en México, ya que cualquiera de las otras propuestas que se han mencionado con anterioridad significaría, a su juicio, un error y que no velaría por los verdaderos intereses del país, los cuales dice, no se centran en la resolución de la crisis política en la actualidad sino en los problemas puntuales de la población: economía y salarios, y salud y vacunas contra el covid-19.

“No hay nada más factible que un revocatorio. Un adelanto de elecciones o una enmienda para frenar la continuidad es ir al 2024 y ver si en el camino Maduro no quiere reelegirse sería un error”, comenta.

Más allá de expresar su punto de vista sobre lo positivo de un referendo revocatorio, Evans señala que esta es la única alternativa en la que la decisión de lo que ocurra en el país quedaría en manos de la población, por ende, para él este es el único método verdaderamente democrático.

“Si se ponen a buscar un acuerdo de coexistencia sería un nuevo Pacto de Puntofijo y ahí hay que preguntarse: ¿hay capacidad y voluntad política para que exista un acuerdo entre estas partes?, ¿no es mejor transferir esa decisión a la gente?, ¿qué es más democrático? Una opción es que la gente decida y la otra una conciliación de las élites”, afirma.

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