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El quiebre de la Venezuela democrática, de CAP I a Caldera II. El cierre del año 1974

Tomada de VC Reporter

Andrés Cañizález

@infocracia

Tradicionalmente se ubican los años 1983, 1989 y 1992 como los puntos de inflexión en el proceso paulatino de quiebre que vivió el modelo democrático de Venezuela. Sin duda el llamado viernes negro, el Caracazo y los dos fallidos golpes de Estado terminan siendo vistos, en la distancia, como síntomas del fracaso del modelo económico o del malestar social.

En Venezuela la palabra democracia, gracias al discurso de nuestra dirigencia, se asoció en el imaginario popular no sólo a derechos políticos y libertades, sino a una lógica redistributiva. Los signos que dejaban ver el naufragio del modelo estaban presentes ya con anticipación a los años señalados. Cuando se quiere analizar el punto de inflexión que vivimos como sociedad y como sistema político, que nos llevó por el camino de la derrota, debemos remontarnos al primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1989).

Podría parecer paradójico puesto que aquel gobierno de CAP I se asocia con bonanza económica, hablamos de aquella Venezuela Saudita o “la gran Venezuela”. Sólo que los gigantescos ingresos que recibió el país no fueron producto de su trabajo, sino que súbitamente llegó más plata por factores externos. El precio del petróleo se comenzó a disparar de la mano de la independencia que ganaron países productores, junto a una clara dependencia que vivía el mundo industrializado de los combustibles fósiles y la inestabilidad política en el Medio Oriente.

Durante una década, entre los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campíns, entraron al país 145 mil millones de dólares. La élite política y económica de aquellos años no supo lidiar con tales ingresos, que eran descomunales para los valores de la época y para las dimensiones que tenía entonces la economía de Venezuela. Allí está la primera piedra de una crisis que explotaría años después.

En diciembre de 1974 advertía el jesuita Luis Ugalde, entonces director del Centro Gumilla y por aquellos años expulsado de la Universidad Católica Andrés Bello de la que luego sería rector, sobre el impacto negativo que tendría en la gestión pública y empresarial aquella riqueza salida de la nada.

“El exceso de recursos financieros (súbitamente multiplicados por tres) amenaza con hundir al país en una corrupción y despilfarro aún mayores. No hay capacidad empresarial de organizar el trabajo productivo”, se lamentaba Ugalde.

Para Fernando Martínez Galdeano, al comparar lo ocurrido entre 1974 en materia económica y el presupuesto presentado por CAP I para 1975, advertía sobre los riesgos de introducir en la dinámica económica estos fondos. En términos nominales, el presupuesto nacional se había multiplicado casi que por tres de un año a otro sin que la producción nacional en ninguno de sus ámbitos hubiese vivido un repunte gigantesco.

Los petro-dólares inundaban las finanzas públicas con lo cual se acrecentó muy rápidamente la dependencia externa del país, que con el paso del tiempo desnudaría una de las grandes fragilidades del modelo.

Los ingresos fiscales de la nación dependían en 1972 del petróleo en 66% y dos años más tarde esta dependencia había crecido al 86%, según indicaba Martínez Galdeano al analizar el presupuesto de 1975, que sólo estaba en el papel en aquel momento en que se publicó su artículo.

Pongo dos ejemplos de las contradictorias decisiones que se tomaron en 1974, el primer año del primer gobierno de CAP. Cuando se ven ambas, queda en evidencia que por un lado se repartía dinero a manos llenas, pero esto no llegaba necesariamente a los más pobres. Se fraguó muy rápidamente una desigualdad social que incubaría años después el germen del cambio político drástico.

El Estado perdonó en 1974 todas las deudas del sector agrícola y pecuario, y además abrió un fondo de inversión. Aquello en teoría buscaba incrementar la producción nacional. Martínez Galdeano lo describe como una política indiscriminada de reparto de dinero sin establecer prioridades. Eran condiciones ventajosas: los 5 primeros años no se pagaban intereses y sólo 3% a partir del sexto año, cuando la inflación era del 15% anual. Eso generó una distorsión, “hasta los mismos banqueros están especulando con las tierras con el fin de recibir los créditos”.

La otra cara de la moneda la presenta el propio Martínez Galdeano, al señalar que la construcción de viviendas sociales no estaba priorizada en las cuentas públicas. Sólo se esperaba construir 27.500 viviendas entre el entonces Banco Obrero y el Ministerio de Sanidad. “El sector construcción del presupuesto 1975 se orienta hacia otro tipo de edificaciones”, se lamentaba el jesuita.

En la campaña presidencial de 1978 de Herrera Campíns ganó notoriedad su pregunta ¿y dónde están los reales? En la que una agobiada y enérgica Carlota Flores, damnificada reubicada en Caucagüita junto a sus hijos, se quejaba de la falta de atención oficial. El lamento de aquella mujer era cierto, no era sólo un ardid propagandístico electoral como se le quiso descalificar desde las filas de Acción Democrática, dado que Herrera Campíns era el candidato de Copei y luego presidente para el período 1979-1984.

Habían pasado varios años desde que los damnificados del oeste de Caracas (Gramovén y La Silsa) había sido reubicados en Caucagüita. Ya en diciembre de 1974 la situación era dramática tal como lo reseñaba Carmelo Vilda. Unos 7.000 mil niños habían perdido prácticamente el año escolar, en Caucagüita en aquel momento apenas había un solo kínder preescolar. Muchos de los adultos habían perdido sus trabajos debido a que fueron ubicados al otro extremo de Caracas. No llegaba agua potable ni había tuberías de aguas negras, la llegada masiva de damnificados colapsó los pozos sépticos. No pocas familias fueron ubicadas de forma arbitraria en una misma vivienda, en la que se establecía una división apenas con una ropa colgada.

Aquella fotografía de una Venezuela no profunda, puesto que Caucagüita estaba en el área metropolitana de Caracas, dejaba tempranamente al desnudo el fracaso del modelo redistributivo, ahogado en los petro-dólares.

Fuentes:

Martínez Galdeano, Fernando (1974) “Los millones del presupuesto”.  En: SIC. Vol. 37. N° 370. pp. 446-449. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Ugalde, Luis (1974) “Panorama político”.  En: SIC. Vol. 37. N° 370. pp. 450-452. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Vilda, Carmelo (1974) “No hay navidad en Caucagüita”.  En: SIC. Vol. 37. N° 370. pp. 443-445. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

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