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Síndrome de Estocolmo

Tomada de OKkdiario

Benigno Alarcón Deza

Ante la imposibilidad de la dirigencia opositora de lograr candidaturas únicas para gobernaciones y alcaldías, principalmente en regiones críticas como Miranda y Nueva Esparta, estaría cantada una eventual derrota de la Unidad debido a la dispersión del voto que se daría en consecuencia. Es de esperar que si ocurre esta debacle electoral, habrá una fuerte disputa por el liderazgo, donde se tratará de desplazar a Guaidó

Este jueves 28 de octubre arrancó formalmente la campaña electoral y, hasta el momento, los escenarios se mantienen casi sin modificaciones. Previo a esta fase, se observaba una intención de voto por parte del 45% del electorado, según han reflejado algunas encuestas confiables, aunque no propias. Y se mantiene una fractura importante entre partidos del G4+, especialmente entre Voluntad Popular y Primero Justicia. De alguna manera, el gobierno y algunos sectores de la oposición coinciden en su interés de acabar con el interinato y desplazar a Juan Guaidó como líder e interlocutor ante una parte importante de la comunidad internacional. Entre quienes se posicionan como duros críticos y relevos de Guaidó destaca Henrique Capriles, pese a su inhabilitación, pero es predecible que se unan a esta disputa otros actores, nuevos y viejos, como Henry Falcón y Manuel Rosales, quienes, de ser electos gobernadores, intentarán capitalizar sus victorias de cara al 2024.

Algunos analistas han asomado que el mejor desenlace es que el G4+ resulte derrotado y que los estados y municipios que no ganara el régimen se distribuyeran entre “las oposiciones”, como las llama Maduro, ya que esto obligaría a todos a unirse y ponerse de acuerdo en torno a una estrategia. La realidad es que este escenario, en el que ha venido trabajando el régimen desde 2020 a través de su estrategia de “divide et impera”, es el más probable y favorable para su estabilidad, y el peor para la oposición, ya que se traducirá en una debacle que no implicará, al menos en el corto plazo, un cambio en lo que ha sido la actitud reiterada de la dirigencia opositora. Tal escenario sería una derrota que nadie asumiría como propia, sino como responsabilidad del otro, y una lucha por posicionarse y tratar de hacer orbitar al resto de la oposición en torno a ellos mismos.

En todo caso, en el tema electoral habría que preguntarse qué significa ganar o perder, qué se podría haber ganado: movilización, espacios, organización; o cuáles son las fallas o aprendizajes que pudieran extraerse de estos comicios. Las consecuencias de una derrota electoral incluso pueden ir más allá de cuántos estados y alcaldías quedan en manos de unas u otras fuerzas políticas. La realidad es que la gente continúa esperando un cambio, y no una reconciliación sin transición, y si la dirigencia política no lo promueve, la gente lo seguirá buscando, sea con estos dirigentes o con otros. La población está hastiada y ello puede originar desviaciones hacia una vía no pacífica. En grupos focales recientes los ciudadanos aseguran estar cansados de la falta de unidad y de que los políticos sigan actuando en función de sus intereses personales.

La Observación Internacional

En el camino de tratar de lograr condiciones, aunque no competitivas ni justas, pero sí menos desfavorables para las elecciones de noviembre, ha habido muchos obstáculos que superar. Luego de sobrevivir a todos los impases generados por las declaraciones de Josep Borrell, Alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, y las amenazas de Maduro, se firmó el acuerdo para permitir el acceso al país de una Misión de Observación Electoral (MOE), que al instalarse con un importante retraso (apenas un mes antes de la elección), tendra enormes restricciones para evaluar la integridad del ciclo electoral1, ya ejecutado en sus tres cuartas partes.

Desde el principio, la negociación con el Consejo Nacional Electoral (CNE) fue absurdamente complicada, lo que hizo evidente la intención de colocar importantes restricciones a la misión. Y finalmente, los primeros funcionarios de la misión se encuentran en el país. No obstante, la semana pasada se produjo otro desencuentro debido al anuncio de que un grupo de eurodiputados vendría a Venezuela, como parte de esta misión.

La observación europea podría terminar en un conflicto importante con el gobierno nacional, dependiendo del comportamiento de los eurodiputados o del balance de la evaluación electoral, que se presume desde ya negativa, lo que de seguro se convertirá en argumento para las acusaciones por injerencia y el retorno del régimen a la posición mantenida desde 2006, de no permitir misiones internacionales de observación electoral.

Es importante señalar que dicha misión hará una declaración al terminar el proceso pero el informe final se entrega dentro de un plazo de tres meses, lo que resultará inocuo de cara a cualquier cuestionamiento sobre resultados, pero suficiente para que la presencia de observación electoral para un eventual revocatorio o para las presidenciales de 2024 sea vetada desde el oficialismo.

Las finanzas públicas

Después de las elecciones, resulta muy probable que el gobierno demande una reestructuración de la mesa de negociación para regresar a México, tomando en cuenta el resultado obtenido por “las oposiciones”, tal como ha sido siempre su intención al reclamar desde el inicio de este proceso la presencia de miembros de “la mesita”.

Para el régimen de Maduro, el único interés en esta negociación era el levantamiento de sanciones como mecanismo para equilibrar las finanzas del país a cambio de hacer concesiones pequeñas, como liberar algunos presos políticos u otorgar algunos cargos en el TSJ. Pero si bien las sanciones son un objetivo importante, no son suficientes para mantenerlo en la mesa, tal como lo demuestra la excusa de la extradición de Alex Saab a Estados Unidos para interrumpir las reuniones. Esto se explica por el hecho, no solo de que se están fortaleciendo las alianzas con regímenes no democráticos como los de Rusia, China, Turquía e Irán, sino también porque el flujo de caja ha mejorado notablemente para el régimen.

En Europa ha habido problemas de suministro de combustible y Venezuela ayudó a resolverlos. Esta situación provocó que los descuentos con los que se vendía el petróleo nacional pasaron de un 50% o 40% a un 25%. Adicionalmente el precio del hidrocarburo subió en el mercado internacional y también las exportaciones crecieron un poco. Por esa razón, puede haber 1.000 o 1.500 millones de dólares en ingresos por encima de lo proyectado inicialmente. Y eso mantiene al Ejecutivo en su zona de confort.

Síndrome de Estocolmo

Es importante analizar lo que está sucediendo también con un grupo importante de la población, que es el conformado por los empresarios, quienes al igual que un porcentaje significativo de los venezolanos venían apostando por un cambio político como herramienta necesaria para lograr progreso, aumentar la inversión y el empleo, y por supuesto, incrementar sus ingresos.

Sin embargo, este sector también se ha sentido frustrado ante los obstáculos para lograr un gobierno que respete la propiedad privada y la libre iniciativa, y reconstruya la institucionalidad que permita operar en un marco de justicia.

En ese sentido, se ha observado una tendencia a seguir una línea de reconciliación sin transición. Y allí se encuentran todos aquellos que creen que el gobierno les va a devolver los bienes expropiados o confiscados y que modificarán algunas leyes para mejorar el clima de inversión. Otros, por el contrario, se niegan a bajar la cabeza y no creen que se den verdaderos cambios para operar con seguridad jurídica, entendiendo que el control de la economía es siempre una herramienta esencial de poder y el modelo económico está supeditado al modelo político.

En este caso, al parecer lo que está dándose es una especie de privatización a la rusa, que se ha hecho evidente, por ejemplo, en Portuguesa, donde el gobierno ha entregado fincas e industrias anteriormente expropiadas. Y se las ha dado a los empresarios tradicionales del sector agrícola y pecuario para que las pongan a producir, aunque sin propiedad de los activos. Esta decisión, absolutamente pragmática y coyuntural, nada tiene que ver con un cambio de modelo económico, ni con nuevas leyes o regulaciones económicas, sino con una estrategia clientelar que resulta esencial al régimen y en la que siempre habrá operadores nacionales y extranjeros interesados en participar.

Y ante la imposibilidad de coordinarse, cada quien apunta hacia su mayor beneficio, como sucede en toda situación de dilema de prisionero. Por eso no se estableció una mesa de negociación con empresarios, sino 10 o 20 mesas. El gobierno no genera una mesa única sino varios procesos de negociación en paralelo.

Esto nos retrotrae a lo que ocurrió en Cuba con las reformas de 2010, cuando se produjo una especie de apertura económica y se permitió la creación de “paladares” (restaurantes de lujo), que luego fueron cercados y cerrados por el propio gobierno. En el caso venezolano, una parte que podría acceder a ello, equivale a un tercio de la población, lo que se hace más evidente es que en algunos círculos empresariales, estarían siendo víctimas de una especie de “Síndrome de Estocolmo”, lo que es inducido no solo por la acción del gobierno sino también por la falta de resultados en la oposición.


1  https://politikaucab.files.wordpress.com/2014/09/reporte-especial-nro-00-agosto-2014-2.pdf

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