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Cambios tectónicos en el orden global: ¿hacia un mundo post-americano?

Tomada de El Tiempo

José Castrillo

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos emergió como la potencia que configuraría el orden político internacional y global, imponiendo, caído su rival ideológico, la Unión Soviética, a inicios de los años noventa, su poder y voluntad en el diseño de las relaciones internacionales de postguerra. Su sostenido desarrollo económico, sus capacidades militares, con disposición de proyectar fuerzas de combate en cualquier punto del globo terráqueo, sin contrapesos claros, hicieron de esa nación la potencia indispensable para mantener el orden internacional.

Por supuesto, ello no supuso que esta nación fuera inderrotable en escenarios de conflictos político-ideológico y militar como en Corea en 1953, Vietnam entre los 60 y mediados de los 70, y las guerras estancadas en la década del 2000 en Medio Oriente: Irak y Afganistán.

Sin embargo, su voluntad de poder, configuró incuestionablemente el orden internacional de postguerra hasta la actualidad, manteniendo bajo su tutela a Europa Occidental, América Latina y su decisiva influencia por razones de seguridad energética en Medio Oriente, dándole protección política y militar  a las petromonarquías del Golfo Pérsico, para garantizar su abastecimiento de petróleo desde esa región.

Este orden global tenía como eje estratégico el mundo Euro-atlántico y Medio Oriente. Hoy vemos un proceso de reconfiguración de ese orden global de postguerra, cuyo centro de gravedad se mueve hacia el eje Asia-pacífico, donde se consolida un potencial económico, tecnológico y demográfico, y cuyo peso relativo aumentará exponencialmente en los años por venir.

Dado ese proceso, Estados Unidos y sus elites gobernantes, desde hace varios años, vienen trabajando para mantener parte de su poder en esta nueva reconfiguración del orden global, en dicho eje, China, como la potencia emergente de carácter regional y global, procurará ser más asertiva para convertir todo su poderío económico en poder geopolítico y militar. En tal sentido es posible y probable un nuevo conflicto geopolítico entre Estados Unidos y China.

En esta reconfiguración del orden global, la sombra política y militar de China se proyectará sobre el eje Asia-pacífico, y afectará los cálculos estratégicos de potencias como Estados Unidos, Japón y la India, entre otros, así como obligará a las naciones medias o pequeñas de la zona, a buscar contrapesos para mantener sus autonomías estratégicas frente al gigante amarillo, cada vez más poderoso y con ambiciones de gran potencia.

Como dice Henry Kissinger, de todas las grandes potencias, China es la que va en ascenso; Estados Unidos actualmente es la más poderosa; Europa debe esforzarse para lograr una mayor unidad; Rusia es un gigante que se tambalea y Japón es rico, pero tímido. En cambio, China con un recio sentido de cohesión y unas fuerzas armadas cada vez más poderosas, mostrará el mayor aumento de estatura entre las grandes potencias en el siglo XXI.

China con determinación y sentido estratégico de largo plazo está trabajando para construir un orden global post-americano, sin que ello signifique que Estados Unidos dejará de ser una gran potencia y nación indispensable en el nuevo orden.  En tal sentido, los norteamericanos también están trabajando para mantener su estatus de superpotencia y ello pasa por formar alianzas y coaliciones con otras potencias grandes y medias, que le permitan contrarrestar las ambiciones geopolíticas de China.

 Es indispensable entender que ambas naciones, si bien es cierto que serán rivales geopolíticos, dado el poder que acumulan y proyectan, también deberán abrir mecanismos de cooperación que permitan, en el marco de las diferencias en sus intereses nacionales, afrontar los grandes retos y amenazas que afectarán a la comunidad global, como el impacto del calentamiento climático, las migraciones masivas y las pandemias. Ninguna nación por sí sola podrá gestionar esos riesgos y problemas, por tanto, el mundo globalizado e interconectado exigirá más coordinación y acciones multilaterales.

Estados Unidos seguirá siendo una nación grande y poderosa, pero una nación que tendrá sus iguales, o primus inter pares, en el nuevo orden global emergente.

José Castrillo. Politólogo /Magíster en Planificación del Desarrollo.

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