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Asia-Pacífico: geopolítica amenazante

Tomada del Orden Mundial

Félix Arellano

Desde el plano geopolítico estamos observando cómo el epicentro del mundo globalizado se está desplazando, desde el atlántico, predominante desde el final de la Segunda Guerra Mundial, promovido por las democracias occidentales, particularmente por los Estados Unidos, definido como un orden liberal internacional; hacia el eje Asia-Pacífico, Indo-Pacífico o Eurasia.

El proceso de cambio en una primera lectura, plantea importantes transformaciones y desafíos en múltiples ámbitos y, desde la perspectiva ética genera serias inquietudes, pues en lo que a China respecta, actor hegemónico del nuevo escenario, promueve un modelo autoritario, sin mayor interés por las libertades fundamentales, la democracia y los derechos humanos.

Entre las alarmas que se activan ante el vertiginoso ascenso del nuevo eje geopolítico, destaca la amenaza que representa para el orden liberal internacional, particularmente en su expresión 2.0, que contempla controles y limitaciones a la soberanía y la autodeterminación, con el objeto de lograr una efectiva convivencia global, proyecto que las tendencias autoritarias rechazan, pues contradice su dinámica de funcionamiento.

Adicionalmente, se observa con preocupación cómo desde el nuevo eje geopolítico se están generando potenciales amenazas para la paz y la seguridad internacional y China se posiciona como epicentro de un conjunto de conflictos que, peligrosamente, están alcanzando manifestaciones coercitivas, incluso militares, y cuya evolución y consecuencias puede resultar impredecible.

Es evidente que no podemos menospreciar las interesantes lecciones de innovación económica que se han desarrollado en el eje Asia-Pacífico en las últimas décadas; el llamado milagro japonés, es un caso ilustrativo. Un país que experimentó dos bombas nucleares y que, gracias a una extraordinaria disciplina y creatividad, prontamente alcanzó nivel de potencia económica.

También impacta el caso de Corea del Sur que, partiendo de un pantano, un panorama desolador e inicialmente con políticas autoritarias, ha llegado a convertirse en un país líder en manufacturas y alta tecnología. Adicionalmente, ha logrado incorporar los valores democráticos y libertarios en su dinámica política. Igualmente resaltan las exitosas experiencias económicas de los llamados “tigres del Asia”: Singapur, Hong Kong y Taiwán.

En este contexto, caso impresionante lo constituye la China comunista que -bajo la férrea conducción de Deng Xiaoping, con la adopción de las prácticas liberales del mercado y la apertura comercial- ha logrado superar las hambrunas de los inhumanos tiempos del llamado “gran timonel” Mao Zedong; orientando el país por la senda del crecimiento y, en estos momentos, se posiciona como epicentro de diversas cadenas globales de valor. Para muchos la “fábrica del mundo”; promotora de transformaciones tecnológicas y líder en la cuarta revolución industrial, desplazando las prósperas economías occidentales que fomentaron el eje del atlántico y el orden liberal internacional.

La expansión de China en la economía global se fortalece y transforma bajo el liderazgo de Xi Jinping, quien luego de consolidar su control del partido comunista, del país y perpetuarse en el poder, por los acuerdos alcanzado en el Congreso del Partido Comunista del 2017, rompiendo con la regla de la sucesión que venía desde los años de Deng Xiaoping, concentra su atención en la expansión internacional; en principio, siguiendo el esquema de prudencia y bajo perfil; empero, progresivamente está asumiendo posiciones más enfocadas en la confrontación. Por otra parte, conviene destacar que se espera que el Congreso del Partido del 2022, inaugure formalmente la nueva era de Xi Jinping.

El lanzamiento del faraónico proyecto de la Franja y la Ruta (BRI por sus siglas en inglés) o la Ruta de la Seda, que implica el posicionamiento de inversiones, productos y tecnologías chinas a escala mundial, constituye una de las manifestaciones más relevantes de un expansionismo directo y agresivo de la nueva política exterior china.

 El nuevo giro chino se podría analizar desde la metáfora de “la zanahoria y el garrote”. Se está agotando el tiempo de la zanahoria, caracterizado por: el bajo perfil, la persuasión, el soft power, y han llegado los tiempos del garrote, la presión y la coerción; como se puede apreciar en diversas manifestaciones.

Al respecto cabe destacar, entre otros, el lenguaje más directo y agresivo del personal diplomático chino en el mundo, que algunos califican como “el nuevo ejército de diplomáticos guerreros lobos”, tradicionalmente silencioso e impenetrable. En esta nueva línea se inscriben el incremento de los gastos militares y la aprobación de una ley de seguridad, orientada al control de Hong Kong, eliminando el movimiento independentista. También ilustra la nueva tendencia la aplicación de sanciones al gobierno de Australia, importante socio comercial, por solicitar la investigación de los orígenes del covid-19.

Estamos definiendo estos cambios como un nuevo giro, pero conviene recordar que Deng Xiaoping, el líder fundador del modelo chino de “comunismo capitalista”, aconsejaba que la política exterior china debía «esconder la fuerza y esperar el momento”. Pareciera que está llegando el momento si observamos, entre otros, los escenarios de Hong Kong, el Mar Meridional de China o Taiwán.

La relación con Hong Kong, que debe formar parte integral de China en el 2047, se está agravando, toda vez que el espíritu libertario se mantiene latente, particularmente en la juventud. En el 2014 fue “la revolución de los paraguas”; luego arreciaron las protestas. En el fondo se trata de un rechazo al totalitarismo del partido comunista. Un fuerte desafío para el presidente Xi Jinping, quien debe estar analizando la posibilidad de una acción dura, de carácter militar.

En el caso de Taiwán, el gobierno chino lleva años trabajando en el aislamiento de la isla, que califica como rebelde por negarse a respetar el principio de “una sola China”. Adicionalmente, también está realizando ejercicios militares en su espacio territorial, en directa confrontación con las autoridades, por la posición desafiante de la presidenta Tsai Ing-wen, quien ha propiciado una vinculación estrecha con Estados Unidos, que incluye la compra de armamentos. Como parte de la presión contra Taiwán, el gobierno chino recientemente amenazó con “castigar de por vida” a los líderes políticos independentistas, en particular a los miembros del gobierno.

Sobre Taiwán conviene señalar que, si bien el gobierno de Estados Unidos no lo reconoce oficialmente, mantiene desde 1979 un Acuerdo para el mantenimiento de la paz, la seguridad y la estabilidad en el Pacífico Occidental, por medio del cual se compromete con la protección de Taiwán frente a cualquier ataque externo.

Por otra parte, el gobierno chino también está desarrollando una actitud provocadora, con manifestaciones militares, en la conflictiva zona del mar meridional o mar del sur de China, que considera suyo por razones históricas, desconociendo los resultados del Laudo Arbitral del 2016 que, fundamentado en la normativa de la Convención del Mar, ha reconocido derechos a todos los países costeros, que son varios: Brunei, Filipinas, Japón, Malasia, Taiwán y Vietnam.

El expansionismo chino en la zona representa uno de los temas geopolíticos fundamentales en la agenda de Xi Jinping, tanto por los recursos naturales, en particular, petroleros; como por la posición estratégica para el comercio internacional. En tal sentido, recientemente, el gobierno de Filipinas ha denunciado la presencia de barcos chinos con fines militares en sus aguas territoriales. Para China son embarcaciones de pesca, en territorios que le pertenecen.

Las perspectivas se presentan preocupantes, toda vez que los Estados Unidos, fundamentado en la defensa de la libertad de los mares y compromisos jurídicos existentes con algunos de los países afectados, como es el caso del Tratado de Defensa Mutua suscrito con Filipinas en 1951, ha destacado que está preparado para la defensa de los países costeños del Mar Meridional, pero también ha enfatizado su compromiso de defensa en el caso de Taiwán, no obstante, no reconoce formalmente a su gobierno.

Adicionalmente, en la agenda de conflictos en pleno desarrollo, debemos incorporar las tensiones con India por los territorios de Cachemira y Arunachal Pradesh al noreste de ese país; y con Japón por las islas Senkaku/Diaoyu.

Frente a los cambios en la geopolítica mundial y las potenciales amenazas que genera el ascenso de China, los gobiernos democráticos no han logrado formular una estrategia eficiente de contención. El acuerdo transpacífico constituye un ejemplo ilustrativo en el plano comercial, un mega acuerdo económico regional en Asia, conformado por once países, sin la presencia de China y bajo el liderazgo de los Estados Unidos, que Donald Trump denunció al llegar a la presidencia.

Otra iniciativa de contención que no ha logrado una adecuada atención ni estabilidad ha sido el foro estratégico informal definido como “Diálogo de Seguridad Cuadrilateral”, (conocido como Quad) con fines cooperativos y militares, promovido por los gobiernos de Estados Unidos, Australia, Japón y la India en el año 2007, pero que prontamente desactivaron y luego volvieron a reactivar el año 2017.

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