Opinión y análisis

Una guerra a cuatro manos: opinión para el debate

Tomado de Radio La Primerísima

Alex Fergusson

La acción de Rusia al invadir Ucrania, ha sido considerada como un acto de guerra sin fundamento o justificación.

No obstante, más allá del horror que sentimos, y en honor a la verdad, es necesario propiciar un debate que nos permita comprender por qué y cómo comenzó esta guerra.

El elemento principal del debate, es la simpleza que reduce la cuestión a si Ucrania se une a Rusia o a la OTAN. Creo que enfrentamos aquí un falso dilema que está en la raíz misma del conflicto al cual asistimos. Creo, pues, que esta es una guerra cuya obertura fue escrita hace muchos años, a cuatro manos.

Tal como Henry Kissinger señaló, acertadamente, en una publicación del Washington Post en 2014, el aporte del mundo occidental a la situación actual es no haber entendido que, para Rusia, Ucrania nunca ha sido un país extranjero. La historia rusa comenzó en Ucrania, y ha sido parte de Rusia durante siglos y hasta su religión se extendió desde allí. Las batallas más importantes por la libertad rusa, desde 1709, se libraron en suelo ucraniano. La Flota del Mar Negro, que es la manera como Rusia controla el Mediterráneo, tiene su base de operaciones estratégicas e históricas en Sebastopol, Crimea. Y esto ha sido reconocido Incluso por los más importantes disidentes políticos, tanto de la época soviética como de la de Putin.

Así que, presionar a Ucrania para que ingrese como miembro de la OTAN, alimentando la confrontación entre ucranianos y prorrusos, solo ha servido como pretexto para desatar la psicopatología política del principal responsable de esta guerra: el camarada Putin y no Rusia, vista las crecientes manifestaciones públicas del pueblo ruso contra la invasión.

En tal sentido, Kissinger mismo, en el artículo señalado antes, afirma y propone que …” para que Ucrania sobreviva y prospere, no debe ser un puesto aliado avanzado de ninguno de los lados contra el otro, debe funcionar como un puente entre ellos”. También opinaba que » … Una política sabia de EE.UU. hacia Ucrania buscaría una manera de que las dos partes internas del país cooperen entre sí”. Él no tenía dudas de que seguir tratando a Ucrania como parte de la pasada confrontación Este-Oeste, acabaría con cualquier posibilidad de llevar a Rusia y a la Unión Europa, a un sistema internacional cooperativo; y tenía razón.

Por su parte, está claro que Putin no quiere entender que tratar de forzar a Ucrania u obligarla por la vía de la agresión armada, a convertirse en un satélite y, por lo tanto, mover las fronteras de Rusia nuevamente, constituye una pretensión inaceptable en un mundo globalizado que ya tiene suficientes problemas que atender, y que no quiere la resurrección de las tensiones de una nueva “guerra fría”.

Rusia y Occidente, así como las diversas facciones políticas dentro de Ucrania, han actuado con base al falso dilema que planteamos al comienzo. El resultado es que cada parte ha contribuido a empeorar la situación.

Creo, sin embargo, que a pesar de cómo están las cosas, todavía hay espacio para que los líderes de todos los bandos vuelvan a examinar la historia y los resultados de sus posturas políticas.

También es momento para aprender de lo que está ocurriendo y reflexionar, como proponía Kissinger hace ocho años, acerca de cuestiones importantes tales como: a) Si Ucrania debe tener derecho a elegir libremente sus asociaciones económicas y políticas, incluso con Europa; b) Si es conveniente para el interés global que Ucrania se una a la OTAN; c) Si Ucrania debe tener la libertad de crear cualquier gobierno compatible con la voluntad expresa de su pueblo, que respete y preserve su diversidad étnica y cultural; d) Si podría ser posible poner la relación de Crimea con Ucrania en un estado y posición de mucho menor tensión política.

Para mí está claro que no haber considerado a su debido tiempo esas cuestiones, nos trajo hasta este trágico aquí y ahora. La reflexión que el momento exige, se extiende también al gobierno venezolano en vista de las terribles consecuencias que podrían tener las sanciones impuestas al sistema financiero ruso, sobre nuestra ya precaria economía. 

La “inteligente” decisión de trasladar todas las operaciones de PDVSA desde Portugal a Rusia, sin pasar por el Banco Central, ello con el fin de eludir las sanciones impuestas a nuestro país, constituye hoy un nuevo “autogol” en la “guerra económica” que estamos perdiendo desde hace más de cinco años. Ese es el precio que ahora tenemos que pagar, con sufrimiento, por su empeño en actuar como peón del ajedrez que juega Putin en este conflicto.  

Finalmente, y no obstante lo dicho, lo cierto es que la capacidad y habilidad política de las partes en conflicto, no se debería evaluar por la forma en que comenzó la guerra, sino más bien por la forma en que terminará. El momento de saberlo llegará muy pronto, para todos, incluida Venezuela.

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