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El liderazgo político en tiempos turbulentos

Tomada: Consejo de Consejo Nacional de laicos de Venezuela

José Castrillo

 La humanidad, en general, experimenta una gran transformación política, social, económica y tecnológica, que marca un cambio de época y de los modelos de organización que habían predominado desde hace varias décadas.

 Estos cambios tectónicos que vivimos requieren de una direccionalidad estratégica o de liderazgo político, que entienda el impacto de dichos cambios en nuestro modo de vida colectiva. En sentido estricto el liderazgo se puede entender como la facultad de orientar y movilizar a otros para lograr un fin colectivo. Es, en fin, gestionar el gobierno de un país, un partido político, un movimiento social o cualquier otra organización.

 En tiempos de cambios profundos es cuando más se requiere de un liderazgo político que permita conducir a la sociedad frente a los desafíos del mundo emergente.

Vivimos, en términos políticos, una crisis del paradigma democrático como el régimen político deseable, que se consolidó desde hace 40 años en la mayor parte del mundo. La crisis de la democracia está asociada, en parte, a que ella no se ha adaptado a los cambios  del contexto, y por tanto, no ha podido gestionar con eficacia y eficiencia la agenda de procesamiento de problemas que todo sistema político debe resolver para mantener su legitimidad y la gobernanza democrática, en tiempos turbulentos: el poder se ha separado de la política, como lo plantea  Zygmunt Bauman.

Otro reto en el marco de la crisis de la democracia, es la emergencia de líderes populistas, que en su afán de alcanzar el poder político, aúpan un discurso de miedo y la estigmatización del otro,  y así ganan adeptos a sus ideas simplistas para enfrentar problemas complejos. Al llegar al poder procuran socavar las normas y reglas del juego democrático como la división del poder, la negociación, el acuerdo, la tolerancia, la contención institucional y el reconocimiento  de la legitimidad del adversario político.

En relación al orden político internacional, vemos un cambio geopolítico que se centraba en el eje Atlántico (USA-Europa), que  desplaza su foco estratégico al eje indopacífico, y cuyo centro de gravedad es la emergente China, con todo su potencial económico, militar y tecnológico. Este país asiático desafía a nivel regional y global a los Estados Unidos como la potencia dominante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La gobernanza global, es un tema político crucial para el futuro de la humanidad. En tal sentido, aunque la comunidad imaginada del Estado-nación estará presente por mucho tiempo, la globalización económica y tecnológica y sus densas redes de lazos, que trascienden las fronteras nacionales, suponen un reto para el ejercicio del liderazgo político.

 Los problemas o desafíos globales como el cambio climático, las pandemias, las migraciones, el crimen organizado transnacional, requieren una arquitectura internacional, donde haya mayores niveles de cooperación y coordinación entre todas las naciones. Hay que renovar las organizaciones internacionales, que desde la Segunda Guerra Mundial han predominado y deben adaptarse a los nuevos desafíos transnacionales, gestionándolos en el marco de la pluralidad de intereses nacionales sin menoscabar la soberanía e instituciones políticas democráticas de los Estados. Ninguna nación por sí sola, podrá gestionar los problemas que sobrepasan las fronteras nacionales. Y  los organismos multilaterales deben buscar la máxima cooperación con las naciones a través de la negociación y acuerdos consensuados.

 En cada uno de estos ámbitos del ejercicio de la política, la crisis del paradigma democrático, el orden político internacional y la gobernanza global, es necesario o fundamental un liderazgo político, que en el marco de un mundo emergente en el que debe actuar y gestionar el poder, el ejercicio del mismo sea responsable, inteligente y pensando en el bien común (esencia de la política).

 El liderazgo político debe guiar la acción colectiva en un contexto marcado por la complejidad, el conflicto, la incertidumbre y la turbulencia y para ello debe contar o poseer la inteligencia contextual suficiente, entendiendo por tal, la capacidad de analizar y actuar en forma proporcionada en un entorno que evoluciona, y aprovechar las tendencias, sin llegar a las terribles simplificaciones del populismo o del cálculo político a corto plazo. Requerimos líderes políticos que piensen en el largo plazo, para poder surfear las olas en tiempos turbulentos.

La política como el arte de conducir la polis (la vida colectiva o común de los Estados), se hace más indispensable para enfrentar los retos que la globalización supone para el ejercicio del poder a nivel nacional, en cuanto a la emergencia de actores o micropoderes que compiten y restan preeminencia en el poder a los actores tradicionales de la política (presidente, gobernador, alcalde). La política y los políticos deberán luchar contra las fuerzas que procuran fragmentar o centralizar el poder frente al Estado-nación, como la entidad política por excelencia.

 Enfrentamos grandes desafíos geopolíticos como el actual conflicto Rusia-Ucrania, de impredecible final; el nacionalismo hindú; la lucha entre las dos corrientes del Islam: sunnitas  y chiítas; el desarrollo nuclear de Corea del Norte; entre otros temas, que pondrán a pruebas los respectivos liderazgos políticos que deben manejar o gestionar esos asuntos, sumados a los anteriormente descritos.

José Castrillo: Politólogo y magíster en Planificación del Desarrollo

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