Destacado

¿Geopolítica o juego de intereses?

Tomada de IADE I

Alex Fergusson

En boca de muchos analistas políticos y opinadores, locales y externos, se ha vuelto frecuente el razonamiento según el cual la transición hacia la democracia en Venezuela, no ha sido posible debido al apoyo político, financiero y militar de los llamados “países aliados“ del gobierno. Específicamente:  Rusia, China Irán, Turquía, Cuba y Nicaragua. En realidad, creo que el asunto amerita una mirada más profunda.

Ciertamente, el apoyo político de estos países es un factor que no se debe minimizar, pues tiene un denominador común: “El enemigo de mi enemigo, es mi amigo”. A partir de allí, cada uno tiene sus propios intereses. El apoyo militar es compartido por Rusia e Irán, pues representa un buen negocio para ambos y en el caso de Rusia, es ahora una pieza del ajedrez que juega con USA y la Unión Europea en su conflicto por Ucrania, el cual, por cierto, ya empezó a pasarnos la factura; para Irán, es además un elemento mediático que fortalece la idea de que “no están solos” o aislados internacionalmente. En el caso de Turquía los grandes negociados de intermediación comercial y financiera, son razón suficiente.

Para los demás, especialmente Cuba y Nicaragua, Venezuela no ha sido otra cosa que una buena fuente de recursos financieros para su sobrevivencia, en vista del fracaso de sus economías. Por su parte, a China le interesa aprovechar la oportunidad de hacer negocios, pero, principalmente, ponerle la mano a los recursos naturales del país, en particular el Coltán y el Oro, pues son minerales estratégicos en sus planes de dominio económico del mundo, a cambio de la gigantesca deuda que hemos contraído con ellos.

No obstante, habría que aclarar que, salvo el caso de Cuba cuya injerencia en las decisiones políticas venezolanas es tan notable como la cantidad de dinero y beneficios que obtiene a cambio, el apoyo del resto de los países aliados, prácticamente se reduce a lo declarativo, a su uso como peón de su propio juego de intereses, a la exigencia de apoyo y a la interferencia en las decisiones políticas de los organismos multilaterales.

Así que, mientras el gobierno nacional les siga satisfaciendo sus necesidades e intereses, aunque sea a costa del sufrimiento que padecemos, el apoyo político de sus aliados continuará; en consecuencia, estamos frente a una alianza condicionada e incierta, especialmente debido a las tremendas debilidades que el gobierno y su partido han comenzado a mostrar, en especial, debido a las pugnas internas por el “botín y el poder” que se han desatado.

Por otra parte, tengo la convicción de que, más allá de la geopolítica, el principal apoyo del gobierno y otro de los mayores obstáculos para concretar la transición democrática, en Venezuela, es el papel que están jugando, al menos desde el 2016, las corporaciones trasnacionales, con sus grandes inversiones respaldadas por sus socios políticos en cerca de cuarenta países que, curiosamente, dicen ser democráticos y se desgarran las vestiduras por la oposición. 

Mientras que “oficialmente” expresan su apoyo a la dirigencia opositora y al retorno a la democracia, tras bastidores favorecen y hasta negocian la participación de sus grandes empresas en áreas importantes de la economía nacional. Ellas alimentan el flujo de capitales y la disponibilidad de divisas, que luego el gobierno utiliza para mantenerse en pie y para crear la ilusión de que la economía está mejorando, porque los dólares circulan libremente lo cual, por cierto, parece que no durará mucho o disminuirá por el cobro de impuestos hasta del 20 % a todas las transacciones importantes en moneda extranjera, que acaba de aprobar.

Un caso emblemático es el de los Estados Unidos de Norteamérica y su relación con Petróleos de Venezuela (PDVSA). Mientras se pone en evidencia la incapacidad de la empresa española Repsol y de la rusa Rosneft para mantener sus operaciones en la Faja Petrolífera del Orinoco, aumentada ahora por las sanciones al gobierno ruso por la invasión a Ucrania, el gobierno norteamericano renueva cada año, la autorización operativa y refuerza la participación de Chevron, que es quien está produciendo buena parte del poco petróleo que se vende.

Las recientes conversaciones sostenidas entre representantes del gobierno de USA y el gobierno venezolano, apuntan en ese sentido

En la misma onda se mueven las empresas de alimentos, farmacéuticas, de maquinarias industriales, mineras y de muchos otros ramos, provenientes de la Unión Europea, Canadá y los Estados Unidos. Ellas han aprovechado los privilegios, las exenciones de impuestos, pagos aduanales y otros beneficios financieros y fiscales que el gobierno venezolano ha establecido para facilitar su operación en el país, contribuyendo así a la ficción de una burbuja de bienestar que solo beneficia a muy pocos. Los datos de la más reciente encuesta socio-económica realizada, así lo indican.

Venezuela es hoy, un país de 3 millones de habitantes que producen y pagan impuestos; los otros 21 millones, sobreviven con las remesas que envían los seis millones que emigraron, del rebusque de los dólares, alguno que otro emprendimiento personal, o de las dádivas del gobierno.

Por supuesto, y finalmente, el intento de dar cuenta de las dificultades para que ocurra un proceso de transición hacia la democracia en Venezuela, estaría incompleto si no incluyera el daño que hizo y sigue haciendo, la situación de fragmentación de la dirigencia opositora.  Sus efectos están allí y son bien visibles.

Pero no nos equivoquemos. El problema no es la falta de unidad; el pueblo opositor está unido en su anhelo de deshacerse de un régimen autoritario, corrupto y depredador, y la mayoría de los dirigentes políticos también, tal como se evidenció en las elecciones regionales de principio de año, en la reciente situación con el Referéndum Revocatorio y en el rechazo al apoyo otorgado al gobierno de Putin en su conflicto con Ucrania y el mundo.

A lo interno, el principal asunto político sigue siendo la poca visibilidad del liderazgo, es decir, de la capacidad para integrar a los que comparten el mismo propósito, vengan de donde vengan, para generar suficiente confianza, fundar la esperanza y motivar, para poder guiar al pueblo opositor a través de un discurso sincero y para la definición de acciones viables que nos permitan avanzar en el camino hacia el cambio y la libertad.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s