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Venezuela, el gran reto que queda: el manejo de los escombros que dejó el terremoto

Tomada de RTVE.es

Alex Fergusson 23.07.26

Luego de las tareas de búsqueda de desaparecidos y rescate, y la atención médica después de un terremoto, el principal problema es la gestión de los escombros debido a que el volumen producido es masivo e inmediato, lo cual normalmente colapsa la infraestructura de recolección tradicional y supera la capacidad de los vertederos locales.

En consecuencia, los responsables de las tareas y las comunidades se enfrentan a graves complicaciones técnicas, ambientales y logísticas para movilizar y disponer adecuadamente. Según las estadísticas disponibles en el mundo, entre 10 y 200 millones de toneladas de residuos, dependiendo de los factores de magnitud del sismo, densidad de la población en el lugar, tipo de construcción dominante y calidad antisísmica de las construcciones en el sitio.

A manera de ejemplo, tenemos que un edificio promedio (7 a 10 pisos) produciría al colapsar, cerca de una tonelada de escombros por metro cuadrado de construcción.

En cuanto a las magnitudes totales, algunos datos disponibles en terremotos recientes indican que en Haití (2010) se produjeron de 20 a 25 millones de toneladas, en Japón (2011) se produjeron 20 millones de toneladas, en Turquía/Siria (2023) entre 120 y 200 millones de toneladas; y aunque no hay datos sobre Venezuela, la ONU y el PNUD estimaron que, solo en la población de Caraballeda (La Guaira, 2026) se produjeron cerca de 2 millones de toneladas

Entre los desafíos logísticos y operativos más relevantes, sin hablar del riesgo de muerte para los rescatistas, se encuentran las vías bloqueadas y la capacidad de transporte reducida por los escombros y deslizamientos de tierra que obstruyen las calles y carreteras, o destruyen puentes, impidiendo el paso de los vehículos de emergencia, del personal de rescate o de apoyo médico, de camiones pesados y  maquinaria especializada (retroexcavadoras, trituradoras, camiones recolectores, etc.), necesarios para mover millones de toneladas.

También está la falta de espacio en losvertederos existentes, obligando a improvisar sitios de acopio temporales sin preparación técnica o disponer del mar cuando es posible, cosas que impactan a las comunidades por el ruido, el polvo tóxico y el tráfico pesado.

Pero también hay desafíos y riesgos ambientales y de salud pública, debido principalmente a que los escombros suelen ser portadores de materiales peligrosos, como amianto (asbesto), plomo, productos químicos tóxicos en barnices, pinturas y otros materiales como metales cromados y desechos médicos, lo que contamina el aire, el suelo y las aguas; también están asociados con polvo tóxico, pues la demolición y el traslado constantes generan nubes de polvo fino que provocan crisis respiratorias, bien conocidas entre los rescatistas y los pobladores cercanos.

Es particularmente importante el problema de la contaminación del agua, pues en espacios de tierra firme, la lluvia lava los depósitos de escombros sin impermeabilizar, filtrando tóxicos hacia los ríos, lagos y acuíferos subterráneos, lo cual es grave, pero cuando son arrojados al mar, tienen un impacto terrible sobre la biodiversidad y particularmente para los arrecifes de coral. Además, la contaminación del agua puede afectar significativamente las áreas turísticas.

Finalmente, una buena parte de lo que hemos dicho, tiene su origen en el problema derivado de la complejidad, cuando no imposibilidad de separar, clasificar y reciclar los residuos de construcción (concreto, ladrillo, pasta de frisado, madera, metal, vidrio, plástico, etc.) que se mezclan con otros materiales domésticos, pertenencias personales, y desechos hospitalarios, haciendo casi imposible un manejo ambientalmente eficiente; asimismo,al no poder clasificarse rápida y adecuadamente la mayor parte del material apto para reciclaje, termina enterrado inútilmente, y todo su valor potencial se pierde.

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