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Valores: Un paso a la vez

AEE Proveedores Industriales

Pedro González Caro

Desde el principio del tiempo, cuando el hombre comenzó a reinar sobre la tierra, sea ya por deseo divino o por su condición de ser superior a la naturaleza, su existencia ha estado caracterizada por una constante voluntad para sobreponerse a las adversidades. Esta característica natural, lo hace ser un creador de cultura y de ideología, y en su interacción con el entorno, establece sus valores. Son estas herramientas las que le permiten construir las distintas expresiones del pensamiento y el logro de sus objetivos más sublimes.

Son múltiples los ejemplos de líderes que han acudido a la voluntad de luchar, para estimular en sus seguidores, los más sublimes deseos por la libertad. Mahatma Gandy nos dejó una frase en la que nos decía que “la alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha y no en la victoria misma”. En este caso, la felicidad solo podrá alcanzarse en la medida en que se logren los objetivos. Sin embargo Gandhi abre una nueva puerta al análisis de esta idea, cuando nos señala que, no es en la victoria que está la felicidad, sino en la lucha y el esfuerzo que supone alcanzar la meta. Es decir, el maestro nos impulsa a creer que los valores que nos motivan, son más importantes que la victoria misma, ya que en ellos subyace la esencia del triunfo y son la razón primigenia para mantener el esfuerzo. Estos valores, se forman en los hombres con el correr de los años desde que nace, en cada uno de los diferentes roles que le corresponda jugar en la sociedad. De modo que van surgiendo como resultado de un proceso interactivo continuo, que en conjunto influye y marca definitivamente los principios éticos que regirán su vida.

Otro líder, tal vez no tan conocido en los predios de la sociedad civil, es John Paul Jones, un oficial de la Armada Continental de Estados Unidos. Durante la guerra de independencia navegaba en el mar Báltico en la búsqueda de la flota mercante inglesa. A su encuentro decide entrar en combate, en condiciones realmente desventajosas, contra la fragata Serapis, comandada por el capitán Richard Pearson, lo cual trajo como consecuencia que su nave quedara seriamente averiada. Fortalecido por esta situación, el capitán Pearson conminó a Jones a que se rindiera, a lo cual este respondió: «Sir, todavía no he comenzado a luchar». Horas más tarde, su buque  se hundió pero antes tomó al Serapis, un gran botín y más de 800 prisioneros, incluyendo al capitán Pearson.

No es la heroicidad demostrada por John Paul Jones lo que me interesa destacar de este hecho históricamente comprobable; sino la tenacidad de lucha que un hombre, con objetivos claramente definidos e ideales fundamentados en sólidos valores de formación humana, puede alcanzar.

…»Todavía no he comenzado”…en esta frase destaca el deseo, o mejor dicho, la voluntad de lograr algo. La palabra voluntad en nuestro idioma tiene una acepción ética que la vincula con una disposición moral para querer algo, una psicológica y una tercera metafísica que le atribuye un carácter substancial y, por tanto, se convierte en sustrato de todos los fenómenos. Ha sido muy común confundir la voluntad con una especie de sentimiento al que se califica de positivo en contraposición con los negativos, por el contrario podría decirse que la voluntad es el producto de un proceso racional del hombre, que como ya es sabido está influenciado por los valores y los fundamentos éticos. Esto significa que la voluntad del ser humano, puede convertirse en una especie de motor y que su potencia estará directamente relacionada con ese deseo racional de lograr un objetivo.

Por otra parte, la invitación formulada por Pearson a rendirse sirvió como espoleta detonante del intelecto de Jones, para que tomara conciencia de su situación. Conciencia, esta palabra en castellano tiene al menos tres sentidos, uno que implica la percatación de un hecho exterior, ya sea un objeto, una cualidad o una situación; un segundo que la vincula al conocimiento y diferenciación del bien y el mal; y un tercero que la relaciona con el yo. De estos tres sentidos surge una vinculación estrecha de la conciencia con el racionalismo humano, de modo que puede decirse que ella tiene una naturaleza intencional y que se fundamenta en la experiencia del hombre que se identifica con la realidad que lo envuelve, trascendiendo a sí misma y que continuamente evoluciona en una espiral infinita en el tiempo.

Esta realidad de alguna forma intenta doblegar la voluntad del hombre y es allí donde surge su lucha por someter la realidad a su voluntad. La realidad que vive Venezuela en este tiempo pareciera estar ganando esta lucha. Aspectos trascendentes como la pobreza crítica, niveles de desnutrición alarmantes, crisis de valores en general, pero más importante aún, el desmedido interés particular que prevalece en las actuaciones de nuestro liderazgo,  entre otros indicadores, han sobrepasado la capacidad de asombro de los venezolanos.

Al traerles estas reflexiones sobre la eterna lucha de los hombres por sus ideales, por su cultura o sencillamente por su supervivencia,  pretendo invocar el carácter moral, ético y sustantivo de la voluntad de cada uno de ustedes y crear  una atmósfera de meditación intensa y consciente  sobre estos  aspectos que están quebrantando la capacidad de lucha de nuestra sociedad, el momento exige del liderazgo social y comunitario,  el compromiso en torno a una misma causa en la cual creemos: el renacimiento de una República de Venezuela libre y plenamente democrática, desarrollar nuestras acciones por el rescate de la libertad, la democracia, el restablecimiento pleno del Estado de derecho y la justicia en Venezuela, así como el respeto absoluto por los derechos consagrados en la Constitución nacional.   

Hoy más que nunca la Patria, deposita su confianza  sobre quienes seremos los responsables de la conducción del timón de esta nave, hasta un puerto seguro lejos de los chubascos del desaliento y la desesperación. Comencemos la lucha, un paso a la vez.

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