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Francia y la integración europea

El Nuevo Diario

Félix Arellano

El presidente Emmanuel Macron ya ha sido juramentado para su segundo periodo en Francia, luego de imponerse en la segunda vuelta de las recientes elecciones, promoviendo el integracionismo europeo, con el 58% de los votos, varios puntos menos que en su primera elección del 2017, y superando de nuevo a la Sra. Marine Le Pen, del radicalismo conservador, promotora del soberanismo nacionalista, quien en esta oportunidad logró un amplio respaldo popular. Por lo pronto reina la calma en la comunidad internacional y, en particular, en el vecindario europeo; empero, las perspectivas no se presentan promisorias.

En efecto, las elecciones han evidenciado el fortalecimiento de los movimientos populistas y radicales en Francia, tendencia que también avanza en otros países del continente. Adicionalmente, Macron se enfrenta, entre otros, con el expansionismo ruso, la crisis económica producto de la invasión a Ucrania y una creciente oleada de nuevos inmigrantes, tema de especial sensibilidad para la población europea. Todo un conjunto de factores que plantean serios desafíos para la gobernabilidad interna, una creciente incertidumbre para la institucionalidad europea y, en una escala global, poco optimismo sobre las perspectivas del orden liberal internacional.

Las elecciones han dejado un país polarizado y es previsible que la fragmentación política, con sus negativas consecuencias para la gobernabilidad, se profundizará en las próximas elecciones legislativas, previstas para los días 12 y 19 de junio,  ya que seguramente los grupos populistas y radicales lograran una mayor presencia en el nuevo Parlamento y, conociendo sus trayectorias, es posible estimar que promoverán el enfrentamiento y la inestabilidad, con el objetivo de fortalecerse para futuros procesos electorales.

Conviene destacar que en la actual situación política francesa se aprecia el profundo debilitamiento de los llamados partidos tradicionales (Republicanos y Socialistas) y el progresivo ascenso de los movimientos radicales. La derecha, con la Agrupación Nacional, bajo el liderazgo de la Sra. Marine Le Pen, en este tercer intento, ha logrado un amplio respaldo popular con 41.8% de los votos. Por otra parte, la Francia Insumisa de la ultraizquierda y su líder Jean-Luc Mélénchon logró el tercer lugar en la contienda.

Los populismos y radicalismos de derecha y de izquierda se presentan ante la opinión pública como proyectos excluyentes, empero, comparten importantes coincidencias en temas cruciales; entre otros, la defensa de la visión rígida de la soberanía y la autodeterminación, el nacionalismo chauvinista y excluyente, de allí la promoción de la xenofobia, el racismo y la intolerancia; los valores autoritarios que contradicen los principios liberales fundamentales del modelo comunitario.

Los radicales, con fines electorales, simplifican la situación y ofrecen soluciones que se presentan como fáciles y rápidas, pero que en la mayoría de los casos no son sustentables y tienden a complicar el panorama. Manipulan los problemas estructurales que enfrentan las sociedades, fundamentalmente a los sectores pobres y excluidos con narrativas que promueven pasiones, polarización y destruyen la convivencia. En este contexto, y para atraer el apoyo popular, se presentan como los defensores del soberanismo y el nacionalismo, en detrimento del proceso de la integración europea.

Cabe destacar que para estas elecciones la Sra. Le Pen, tradicional promotora del euroescepticismo en Francia, quien incluso ha sugerido el retiro del país del proyecto comunitario (Brexit). Ante la amenaza de expansionismo ruso y el importante papel que han desempeñado los órganos comunitarios en la lucha contra la pandemia del covid-19, ha optado por promover la tesis de reformar la arquitectura de la integración desde adentro.

Entre las propuestas de reformas que llegó a presentar la Sra. Le Pen durante la campaña electoral, destacan: reintroducir los controles en las fronteras internas, retomar la primacía del derecho interno sobre las normas comunitarias; reducir las contribuciones de Francia a la integración europea; revisar la libre circulación de personas y la política comunitaria frente a los inmigrantes; privilegiar a los franceses frente a los socios comunitarios en temas de empleo, prestaciones, vivienda, salud; reorientar la política exterior común. Con tal agenda de reformas, Francia rompería su alianza con Alemania y otros países que tratan de fortalecer la Unión Europea y se vincularía al grupo euroescéptico que actualmente dirigen Hungría y Polonia.

Avanzar en tales propuestas conllevaría eliminar la naturaleza y dinámica de funcionamiento del proceso de integración europeo y retomar el esquema westfaliano que privilegia la soberanía y la autodeterminación. Tales propuestas exigen un análisis exhaustivo del pueblo francés, ya que, entre otras, menosprecian la negativa experiencia del retiro del Reino Unido de la UE (Brexit) y desconocen la importancia del bloque europeo para enfrentar desafíos tan complejos como el cambio climático, las pandemias y la geopolítica del autoritarismo, en particular el expansionismo ruso.

El euroescepticismo o eurofobia se posiciona como una tendencia en ascenso en varios países miembros y ha logrado su expresión más impactante con el retiro del Reino Unido, definido como el Brexit, un proceso que no ha beneficiado al pueblo inglés y mucho menos a Europa en su conjunto, pero los radicales lo manipulan como la mejor opción para superar los problemas sociales que están enfrentando.

En los últimos años, la institucionalidad europea ha enfrentado las tendencias autoritarias y nacionalistas de los gobiernos radicales de Polonia y Hungría, pero, en la mayoría de los países miembros los movimientos radicales están creciendo en popularidad y logrando mayores espacios políticos.

La situación es compleja, pues el rechazo de muchos sectores contra la integración se mantiene y crece en momentos en los que la integración y la cooperación representan caminos fundamentales para enfrentar, entre otros, las inequidades de la globalización, los efectos de la pandemia, la amenaza expansiva de Vladimir Putin y de la geopolítica del autoritarismo.

Las elecciones en Francia representan una alerta sobre el progresivo fortalecimiento de las visiones populistas y radicales, que se consideraban como un síndrome característico de los países en desarrollo; empero, en los últimos, años están avanzando con intensidad en las sociedades de los países desarrollados, especialmente, en rechazo a la población pobre migrante que está en la búsqueda de mejores condiciones de vida.

Por otra parte, debemos tener presente que la geopolítica del autoritarismo con su guerra híbrida, promociona las visiones populistas y radicales, pues fragmentan y debilitan a Occidente, y desarrolla un particular ataque a los valores libertarios que se presentan como límites fundamentales a los proyectos autoritarios que con represión aspiran perpetuarse en el poder.

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