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Una dosis de solidaridad     

Tomada de Comité español de Acnur

Francisco Seijas

En un contexto social de crisis, la solidaridad  tiene una rápida capacidad de respuesta. La solidaridad ayuda a crear sociedades más justas porque considera el bien común, no solo el individual. Contribuye para que la sociedad se construya de una manera más justa, incluyente, realista y equitativa. Es un valor que va tomando sentido conforme lo aplicamos en los espacios donde socialmente nos involucramos.

En el presente que nos ha tocado transitar  necesitamos ser diferentes desde lo individual y lo colectivo. Hasta el más pequeño acto puede volverse transcendente y atenuar la gran descomposición social a la que ha sido sometida nuestra sociedad.

La pandemia nos mostró las numerosas desigualdades que existen en Venezuela, no solo en cuanto al sistema de salud, sino al acceso de servicios básicos y la alimentación. Necesitamos, impulsar mecanismos de cooperación entre sectores de la sociedad civil, profundizar una amplia reflexión que nos lleve a la acción solidaria entre unos y otros, construir espacios de discusión para fortalecer las relaciones que nos permitan permanecer unidos en la defensa de los derechos fundamentales y humanos.

La solidaridad, como valor político, puede entenderse como responsabilidad común ante la injusticia social. Los ciudadanos de un Estado democrático y constitucional no solo se deben respeto mutuo de sus libertades sino también ayuda recíproca que asegure materialmente la extensión social de la democracia y el goce de las libertades básicas para todos, según expresa Rodolfo Arango, en su ensayo Solidaridad, democracia y derechos, 2013.

Como principio, la solidaridad es un mandato que exige a la sociedad política actuar en la medida de sus posibilidades, a favor de los ciudadanos o grupos que se encuentren en situaciones de desventaja, afectados o excluidos por la crisis económica y social que impide su desarrollo como individuos.

Debemos entender que no estaremos bien, si nuestro vecino no está bien. No podemos ser indiferentes a la realidad que nos envuelve. Ser solidario, es esforzarnos por una redistribución más equitativa de los bienes y servicios, es estar junto a los que sufren, no sólo para acompañarlos, sino para aliviar su sufrimiento.  La respuesta política, supone colocar la solidaridad  en el corazón de las políticas públicas.

Todos tenemos derecho a la salud, a la educación, al trabajo y/o recursos económicos, a la protección social, es decir, a las capacidades humanas básicas para alcanzar el bienestar, que es el objetivo esencial y la razón de ser del ejercicio de la política.

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