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¿Avanzan las Primarias de la Oposición?

Bloomberg Línea

Benigno Alarcón Deza

La elección del candidato opositor para las elecciones presidenciales de 2024 está aún a tiempo de enrumbarse por buen camino. De hecho, ya se puede hablar de avances en conversaciones entre los diferentes actores y acuerdos para ampliar el espectro de participación de partidos y/o candidatos a quienes no formen parte de la Plataforma Unitaria. También habría consenso en torno a la creación de una comisión técnica especial e independiente que se encargue de dirigir todo el proceso de primarias y tomar decisiones fundamentales. Sin embargo, hay aspectos que todavía generan conflicto como el hecho de si el CNE debe tener alguna participación en este proceso y la forma de votación. Pero el mayor peligro está en que el tiempo pase y no se tomen decisiones para realizar esta primaria, lo cual llevaría nuevamente a un escenario de abstención y dispersión del voto opositor y, por ende, a la pérdida segura de las elecciones

Uno de los puntos que quedó muy claro en el evento Prospectiva II semestre 2022, realizado el pasado 20 de julio, fue que –de acuerdo con los resultados de la última encuesta de opinión pública hecha por el CEPyG UCAB, con trabajo de campo de la encuestadora Delphos- la mayoría de la población (72,5%) considera que un cambio de gobierno sigue siendo necesario. Ese cambio implicaría la escogencia de un candidato único de la oposición a través de un proceso de primarias, el cual participaría en las elecciones presidenciales previstas para 2024.

Pero a pesar de este clamor de la población, aún los partidos políticos no terminan de tomar decisiones que propicien ese proceso de cambio, lo que es preocupante debido a la complejidad de la crisis social y económica del país. Sin embargo, hay algunas señales positivas en el camino hacia una posible realización de primarias. Una de ellas es que se han dado conversaciones en torno a la necesidad de ampliar la posibilidad de participación a otras organizaciones o partidos políticos que no forman parte de la Plataforma Unitaria, como sería el caso de Vente, Fuerza Vecinal o Futuro, el nuevo partido de Henri Falcón, por ejemplo. 

Por otra parte, prácticamente existe un acuerdo para que quien coordine todo el proceso referente a las primarias sea una comisión especial conformada por personalidades independientes y que sería nombrada por consenso o mayoría de los partidos con intención de participar en la elección. Esta emitiría un reglamento, tomaría las decisiones sobre lo que los partidos no hayan podido acordar, y asumiría la organización de estos comicios.

Pero todavía existen escollos relevantes por superar. Uno de los más importantes es la participación o no del Consejo Nacional Electoral como ente que cooperaría en la organización de las primarias. Se trata de un punto controversial, especialmente por el riesgo abstencionista que podría representar la presencia del CNE, cuya integridad está cuestionada. Algunas organizaciones están negadas a ello, pero quienes lo apoyan se basan en la importancia de que el voto se haga con las máquinas y no de manera manual; que se tenga acceso al registro actualizado de votantes, lo que podría dar cierto dejo de legitimidad a la elección.  Además, se alegan temas de logística como el acceso a los centros de votación designados por el ente electoral, entre otros.

Los detractores del CNE advierten que ese organismo no puede condicionar quién participa (habilitados o no) y quién vota en la primaria, si solo pueden ejercer el voto los que aparecen en el Registro Electoral o se podría incluir a los mayores de 18 años, aunque no estén inscritos, además de los electores venezolanos en el exterior.  Aún no está claro qué tesis va ganando allí, pero pesa el hecho de que la sola presencia del CNE generaría que mucha gente no participe en las primarias, tanto quienes no creen en su imparcialidad, así como los empleados públicos y otras personas que temen por su identidad y posibles represalias.

No obstante, donde existe un debate más fuerte es sobre el tema del voto en el exterior, lo que luce bastante complicado porque hay partidos que creen que esto se presta para un fraude por la manera informal en que se manejaría y por el poco control que existe sobre ese voto. Pero otros insisten en que es imperativo tomar en cuenta a la diáspora y no negar a los venezolanos en el exilio sus derechos políticos de la misma forma en que el gobierno lo ha venido haciendo.

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Otro tema donde pareciera haber diferencias importantes es el relacionado con la metodología de votación. Entre las opciones que se barajan están la de si se vota con las tarjetas de partidos o no, lo que permitiría medir el apoyo que tienen las diferentes organizaciones; o si se vota por el candidato. Lo otro es si el voto es múltiple, es decir que el elector pueda apoyar a más de un candidato; o simple, donde solo puede seleccionar una alternativa. Hasta ahora los partidos mayoritarios se inclinan por el voto simple, donde cada elector vota por un candidato y están cerrados a que sus electores voten por el candidato de otro partido o voten por más de un candidato. Asimismo, se le teme al voto cruzado. La realidad es que la modalidad múltiple permite que se elija un candidato con  consenso mucho mayor, dado que no solo sus electores votarían por él –o ella-, sino también los de otros partidos podrían hacerlo lo que contribuiría a que los candidatos con mayor apoyo tuvieran un respaldo mucho mayor en número de votos totales. Esto además reduce la posibilidad de polarización, ya que quien ataca o descalifica a otra candidatura deja de ser una opción para sus electores. Quienes están en contra del voto múltiple aseguran que la gente no va a entender cómo tiene que votar, pero la realidad es que ello es una excusa ante las incertidumbres que el voto múltiple y la agregación de preferencias genera en los cálculos estratégicos de los partidos sobre  sus propias posibilidades. 

Dentro del CNE, una comisión dirigida por el rector opositor, Roberto Picón, se ha estado reuniendo para definir lo del voto en el exterior, donde incluso participaron funcionarios del gobierno.  Pero, al parecer, hubo un llamado de atención por parte de las autoridades al más alto nivel para prohibir esa posibilidad. Hasta ahora ha habido discrepancias entre la posición de Picón y la del otro rector opositor, Enrique Márquez, quien apoya la línea gubernamental. Aún así, contradictoriamente, Picón se está convirtiendo en el principal defensor de la primaria con el CNE a pesar de los peligros que ello implica para garantizar los mayores niveles de participación y evitar las manipulaciones indirectas del gobierno a través del ente electoral, para hacer fracasar un evento que sería de especial importancia para reactivar la movilización opositora.  

El peligro de procrastinar

Hasta aquí pareciera que todo va relativamente bien encaminado pero hay un factor muy importante y que no se debe descuidar, que es el de los tiempos. Si se arrastran los pies y no se tiene nada concreto antes de finalizar este año, lo que puede terminar pasando es que terminen imponiéndose los que no quieren que el candidato sea electo en primarias, lo que podrá generar un importante divorcio entre partidos opositores y su electorado, que hoy reclama de forma unánime participar en la selección de su liderazgo, y en consecuencia, mayor desmovilización y abstención. 

Al día de hoy es evidente que entre el liderazgo aspitante a convertirse en referente unitario de la oposición, hay tres posiciones: Los que reclaman primarias ya, que son quienes están mejor poscionados para ganarlas hoy; los que dicen que aún no es el momento de hablar de primarias, que es muy temprano, pero tratan de posicionarse para aumentar sus posibilidades de ganar mañana; y los que dicen que no participarán porque ese no es el mecanismo idóneo para escoger al candidato unitario para el 2024, que son aquellos que juegan para el gobierno o no se sienten con posibilidades de ganar una primaria hoy ni mañana. 

Lo otro que está claro es que hay interés especial entre algunas organizaciones y/o dirigentes de imponer al CNE como organizador de la primaria, por razones más políticas que técnicas. Una primaria organizada por el CNE impediría e inhibiría la participación de un porcentaje importante de electores, entre ellos aquellos que trabajan en entes gubernamentales, tienen algún tipo de relación de dependencia con el gobierno, están en el exterior, o simplemente tienen miedo. Los que defienden tal opción prefieren una primaria más predecible donde lo que defina el resultado sea la movilización de maquinarias partidistas o de estructuras laborales y clientelares de gobiernos regionales o locales, lo que permitiría imponerse como ganador con un número relativamente pequeño de votos entre una participación que, difícilmente, llegaría a un 5% del total de electores. Un resultado como este se traduciría en el fracaso de una de las mejores oportunidades que la oposición habría tenido para movilizar y relegitimarse ante la gran mayoría del país. Asimismo, hacer primarias entre maquinarias equivaldría a negociar entre partidos quién va a ser el candidato, lo cual tendrá, como consecuencia predecible, ante la imposición de una candidatura que gana con un número poco representativo de votos, la incorporación a la carrera electoral de otros candidatos que no participaron, así como una potencial dispersión del voto y niveles altos de abstención como forma de castigo del elector hacia los actores de oposición. 

Dada las circunstancias, y ante la dispersión y debilidad opositora, lo que ha ganado terreno es que haya primarias pues no hay condiciones para que surjan candidatos por consenso, a diferencia de 2006 donde era evidente la popularidad de Rosales sobre Borges y Petkoff

Del cambio radical a “cohabitar”

Si ya muchos estaban sorprendidos por el cambio de dirección de organizaciones que anteriormente insistían en lo imperativo de un cambio político en el país para superar la crisis social y económica, y que ahora no sólo se reúnen con altos funcionarios del gobierno sino que aseguran que hay una mejoría; mayor impacto generó la carta del secretario general de la Organización de Estados Americanos, OEA, Luis Almagro, quien –luego de reconocer que ninguno de los problemas de Venezuela se ha resuelto sino todo lo contrario- propuso que se llevara adelante un proceso de cohabitación con el régimen, acompañado de contrapesos, como único mecanismo de caminar algún día hacia un cambio, luego de que se logre avanzar en algunos procesos de institucionalidad.

Para algunos analistas, en ese giro de Almagro sobre la cohabitación, habría pesado no solo el diagnóstico de consolidación del autoritarismo en Venezuela, sino también lleva a una manera distinta de ver este proceso como algo más complejo. 

Este planteamiento de Almagro y posiciones parecidas asumidas por el politólogo Michael Penfold y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), ha generado un debate sobre el enfoque de la estrategia para avanzar en la transición, pues los estudios de opinión parecieran evidenciar que hay una desconexión entre este tipo de planteamientos y el sentimiento mayoritario de la población venezolana, que aspira a que se dé un cambio político. El razonamiento sería: como hemos intentado todo y no hemos logrado nada, entonces, lo que tenemos que hacer es cohabitar con el enemigo, negociar con él y ver si algún día conseguimos alguna solución. Y ese discurso, si se extiende, podría hacer que la gente pierda toda esperanza y se vaya alejando aún más del liderazgo político para asumir una postura pasiva de adaptación para sobrevivir, mientras aparece un liderazgo que haga resonancia emocional con el sentir de la mayoría.

Si bien es cierto que ahora la población es menos radical para reclamar un cambio político, la realidad es que su aspiración sigue siendo que ese cambio se dé, pero está consciente de que quienes estaban al frente no pudieron lograr lo que se esperaba de ellos y mientras tanto toca esperar. Pero eso no significa que haya una aceptación de lo actual. Bajo esas circunstancias, hay que decir que el terreno está fértil para el surgimiento de un outsider que, si entra polarizando fuertemente, sería quien concentraría el voto de la oposición. Quien busque cohabitar no pareciera estar destinado a lograr mayores niveles de apoyo porque estaría haciendo una lectura equivocada, al confundir las actitudes asumidas para adaptarse a una realidad que la mayoría no sabe cómo enfrentar con las aspiraciones legítimas de cambio de la gran mayoría de los venezolanos.

Los aspirantes que apuestan en estos momentos al discurso de la reconciliación son los que tendrán menos apoyo al final del día. Con excepción de Rosales, se observa que quienes siguen encabezando la lista de candidatos son los más radicales. La gente quiere a alguien que los represente, que se atreva a correr riesgos y a decir lo que se piensa y se quiere. 

Sin embargo, vale la pena considerar que hay dos enfoques de preferencias no excluyentes entre la población, que por una parte espera acuerdos para el mejoramiento de sus necesidades del día a día, mientras que por la otra, sigue aspirando firmemente al cambio político para un futuro mejor. Se quiere a alguien para que gobierne y haga el cambio de sistema que se requiere, nadie quiere un líder para que cogobierne y concilie para que todo siga igual. Cuando la gente siente que hay posibilidad de cambio como ocurrió con Capriles en 2013, las parlamentarias de 2015, las protestas de 2017, Guaidó en 2019, o las elecciones de Barinas en enero de 2022, hay una mayor disposición a movilizarse, en contraste con procesos como la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, las regionales y municipales de 2017 (tras el fracaso de las protestas), la presidencial de 2018, las parlamentarias de 2020 o las regionales y municipales de 2021, con niveles muy elevados de abstención relacionados con la ausencia de expectativas.

Conclusiones 

En estos momentos la gente continua apoyando a alguien que pueda decir: “fui derrotado pero sigo luchando”, pero rechaza a quien su actitud se traduzca en: “fui derrotado y ahora estoy negociando”.  

Las primarias de la oposición, pese a tener enemigos tanto en el gobierno como en la misma oposición, lucen como una de las pocas oportunidades que tiene el liderazgo democrático para reanimar la lucha por el cambio político y la movilización de la mayoría opositora del país. Perder la oportunidad de hacer las cosas bien en una primaria que hoy goza del gran consenso de este sector mayoritario que demanda una transición, podría implicar la muerte política, de cara al 2024, de los partidos y líderes que hoy conforman lo que se conoce como la Plataforma Unitaria, sin que haya hasta ahora ningún liderazgo emergente con posibilidades reales de derrotar a Maduro. 

Todo indica que el proceso de negociación política que ha desarrollado la Plataforma Unitaria bajo la conducción de Omar Barboza dentro de la oposición para definir el proceso de primarias está tomando buen rumbo. Del pronto nombramiento de una comisión rectora de las primarias conformada por figuras independientes, con buena reputación y criterio político y estratégico, dependerá que estos comicios tengan credibilidad y tomen un mayor impulso.

Sin embargo, aún existen diferencias muy relevantes  por resolver, como es el caso de la intervención del CNE en este proceso, así como la participación de los aspirantes inhabilitados, los votantes en el exterior y los que aún no han podido registrarse para votar, además de los mecanismos de escogencia múltiple o uninominal que se utilizarán en este proceso, y las reglas de sustitución de candidatos en caso de que fuese necesario. Esto sin contar con las adversidades internas de la oposición que en ocasiones pareciera priorizar, de manera irresponsable, el evitar que otro líder o partido llegue, antes que un cambio político, jugando así, por motivos individuales y egoístas entre quienes deberían tener como prioridad el cambio, a la consolidación del oficialismo. 

Son múltiples asuntos que, en la medida en que se retrase su definición, pueden dar al traste con el objetivo que se persigue, que es contar con un liderazgo legitimado en unos comicios con gran volumen de participación que puedan representar los intereses de la mayoría que quiere un cambio político en el país. 

Por su parte, el gobierno seguirá jugando con sus cartas. Y dos de las cartas que tratará de jugar en el corto plazo tienen que ver con continuar con su estrategia de  fraccionamiento de la oposición y generar desesperanza para aumentar la abstención. Está claro que el tema de primarias y la participación del CNE puede ser un “parteaguas” entre oposiciones porque es muy difícil ver a las cooptadas participar en un proceso cuyo objetivo es unificar a la oposición, bajo un liderazgo único que pueda derrotar al oficialismo y desplazarlo del poder en 2024.

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