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¿Primarias y candidato de consenso?

Tomada de Tal Cual

Alex Fergusson

Como todos ya sabemos, Venezuela vive la crisis multifactorial más grave que haya tenido lugar en país alguno de la región.  Un país depauperado económicamente, con los índices de pobreza y desnutrición multiplicados junto con el costo de la vida, con una moneda en devaluación crónica, una capacidad productiva industrial y agropecuaria al mínimo, con la gente desconfiando de los partidos tradicionales y de la política, con una institucional desmantelada y una desigualdad social y jurídica exacerbada.

Nos enfrentamos ahora, luego de 9 años de un gobierno percibido como ilegítimo, a una condición de significativa inestabilidad política, social y económica, pese a la burbuja de bienestar artificial creada por el incremento en la circulación del dólar como moneda nacional de hecho.

Mientras tanto, la gente común continúa lidiando con las calamidades del día a día, sin que haya ningún anuncio que nos permita avizorar una mejoría en la crisis que nos agobia.

Venezuela es hoy un campo de batalla decisivo, no sólo en el ámbito geopolítico de la confrontación de los centros de poder mundial -Rusia, China, USA, UE-, sino también por la incertidumbre que se cierne sobre las posibilidades de avanzar en el proceso de transición democrática.

Al respecto, la situación, aunque confusa, permite imaginar diversos escenarios.

En el ámbito de la oposición, esta se enfrenta, en medio de una cierta apatía y desencanto, a un proceso de “renovación” de la dirigencia de los partidos que la componen, aunque lo conocido hasta ahora, no se corresponde con el concepto de “renovación”.

En tal sentido, lo que sabemos que ha ocurrido se parece más a un proceso de manejo de conflictos y negociación entre grupos de intereses para la distribución de cuotas de poder entre los líderes.

Esto, por supuesto no es una mala opción, en vista de las profundas fracturas que hay, las cuales han despertado muy poco interés, pues la participación fue menor al 30%, incluidos militantes y simpatizantes.

Terminada esta etapa, se pasará entonces a la escogencia, por vía de una consulta popular, del candidato unitario opositor, frente a la posible elección presidencial del 2024.

Al respecto, aún no hay fechas ni detalles operativos del proceso; sin embargo, ya hay una lista preliminar de candidatos que suma 17, y creciendo.

Como vemos, tampoco aquí hay buenas noticias; lo que sí hay son discursos descalificadores, críticas y desacuerdos, aunque los sondeos de opinión indican que más de 60% del pueblo opositor tiene intención de participar.

De cara a este evento de escogencia de candidato unitario opositor, podríamos considerar varios escenarios, bajo la cuestionada suposición de que las elecciones a las que se aspira sean “libres, justas y confiables”.

En primer lugar, el más anhelado y menos probable, en el que haya un candidato único, de consenso, que permita aglutinar el voto opositor frente a las aspiraciones de continuismo del sector oficialista, y por supuesto, que logre motivar a la gente y contrarrestar las “trampas” previstas, como son las inhabilitaciones y las propias de un proceso electoral manejado por el CNE.

El segundo escenario probable es que, aunque surja de la consulta un candidato unitario con mayoría aceptable, algunos de los perdedores heridos en su orgullo, vean esfumarse sus aspiraciones y decidan lanzar sus candidaturas independientes.

El tercero, en mi opinión el más probable, es que el segundo escenario se complique con el lanzamiento de candidaturas adicionales, provenientes de los grupos políticos que se dicen opositores pero que han estado coqueteando, descaradamente, con el gobierno desde hace ya bastante tiempo.

Por su parte, el sector oficialista continúa apostando al éxito de su ficción novelada de país, en la que “Venezuela se arregló”, y donde la crisis que vivimos es el resultado de las acciones desestabilizadoras del imperio, las sanciones, y la conspiración de la oligarquía criolla, a través de la “Guerra Económica”.

También apuesta a que el proceso de renovación parcial de la dirigencia opositora se prolongará -y con ello la apatía y el desencanto-, y a que el escenario de múltiples candidatos prevalecerá.

Si eso fuera así, no sería extraño que se intentara una jugada desesperada pero inteligente, que consistiría en promover u ordenar el adelanto de las elecciones presidenciales para mediados del 2023.

El contexto de esa acción táctica sería: un pueblo desencantado, una dirigencia opositora fragmentada y en pugna, un país dolarizado alimentándose con las migajas que salen de la burbuja de bienestar artificial y la esperanza de que las “Zonas Económicas Especiales”, recientemente creadas, y la entrega de territorio y empresas a otros países, puedan prolongar su existencia, y atraer inversionistas en vista de los incentivos fiscales y aduaneros de los cuales disfrutarán.

No obstante, contra este escenario conspiran sus propias incompetencias gerenciales, la crisis de servicios públicos, la pobreza, la inseguridad jurídica con la creciente pérdida de confianza que produce y que ya no puede ocultar, las profundas contradicciones internas generadas por el juego perverso de los grupos de intereses que lo conforman, en el marco de la creciente disminución de su capital político, social y económico.

Amanecerá y veremos.

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