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Venezuela: apuntes del híper rentismo bolivariano, el ajuste fiscal y las sanciones

Manuel Sutherland

Venezuela es un proceso nacional de acumulación de capital centrado en la apropiación de la renta del suelo minera hidrocarburífera. Suena un poco larga esta definición del “capitalismo rentístico”, pero parece útil para indicar el enorme peso que ha tenido (y tiene) la renta petrolera en nuestras vidas. Por eso la historia económica de Venezuela, desde inicios del siglo XX, orbita alrededor del mal llamado “excremento del diablo”, que ha determinado el desarrollo social de un país con una gran potencialidad económica. En pocas líneas nos vamos a aproximar a la generalidad de este proceso social, hasta llegar a la más ferviente actualidad, con miras a entender ¿cómo hemos llegado hasta acá?, pensando en ¿cómo salir de semejante atolladero?

El ciclo económico rentístico es determinado por el «oro negro»

El ciclo económico rentístico se puede observar en su manifestación más sencilla: las variaciones interanuales del Producto Interno Bruto (PIB). En la figura 1 se pueden ver enérgicos ciclos de auge y caída que determinan la movilidad extrema de la producción, lo que a su vez refleja la feroz volatilidad en los precios del petróleo. El preciado hidrocarburo constituye el 95 % de las exportaciones en los años de auge en los precios (2012) y cerca del 65 % en los años donde el precio del petróleo es considerado bajo (1998), es decir, cuando la renta es exigua y el negocio petrolero ofrece una ganancia similar a la de una producción industrial normal.

Figura: 1. Gráfico relativo al PIB medido a través de sus variaciones interanuales.                                                     

Según se aprecia en el gráfico, a partir de 2014 los precios del petróleo empiezan a caer ligeramente y la economía ya muestra síntomas de la destrucción rentística que sufrió en los años precedentes. De 2015 a 2018 la economía continúa la senda recesiva inaugurada en 2014, cada año con mayor ahínco. A finales del 2018 la economía ya había perdido alrededor del 50 % de su PIB, un retroceso histórico sin parangón, que situaba al país en la segunda peor crisis en la historia de América Latina, detrás de la crisis del sandinismo, en su primera versión. Entre el 2019 y 2020 se presenta una acentuación en las sanciones económicas contra el país, una crisis migratoria y el severo impacto de la pandemia del covid-19. Ello destroza por entero a la economía, y ya en 2021 se considera que la economía ha perdido alrededor del 80 % de su tamaño, en comparación con el año 2013. En el 2022 se estima que ha habido un ligero crecimiento de 5 %, según estimaciones optimistas.

En la figura 2, se muestra, desde 1997 hasta 2021, la evolución del PIB per cápita. Para el año 2021 el PIB per cápita había caído a un nivel similar al del año 1950, un retroceso económico de casi 72 años.

Figura: 2. Gráfico del PIB per cápita (1997-2021).

Fuente: Gráfico de elaboración propia con base a la data oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) para el período 1997-2018. Para el período 2019-2021 se usó la estimación que provee el estudio del personal del FMI en su informe de octubre de 2021. Para la población se usó la proyección anual que, con base al censo de 2011, realiza el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), disponible en su página web.

La génesis del híper rentismo bolivariano

El híper rentismo petrolero bolivariano estalla justo cuando la renta se encuentra en pleno apogeo, es, diríase, un problema de sobre abundancia de ingresos que devienen de un incremento de precios del petróleo, que no pasa por un aumento en la cantidad de barriles extraídos. Por ello, se le considera como una especie de provento, un ingreso adicional a la economía que es generado en centros industriales foráneos, y que es transferido a los capitales que trabajan en condiciones naturales ventajosas, donde la faena se hace más productiva sólo por un aumento vertiginoso del precio y de una demanda que debe comprar esa mercancía en las tierras menos “rendidoras”, donde el trabajo es mucho menos eficiente[1]. Cuando es inmenso el ingreso en divisas, no puede ser absorbido por la economía, no de manera orgánica, de ahí surge el “problema de la absorción”[2] que se genera por la entrada masiva de dichos capitales.

La sobrevaluación del tipo de cambio crea un país ficticio en el que la economía luce mucho más grande de lo que en verdad es, al equiparar la productividad del sector petrolero con otros fragmentos de capital mucho menos eficientes. Ello ofrece un poder de compra mucho más grande que el agregado que devendría de la productividad de cada factor económico no petrolero. Cuando la renta cae estrepitosamente, no hay divisas para importar y se sobreviene un fuerte ajuste cambiario que trae inflación, caída en la demanda, baja de salarios y una maciza fuga de capitales, ello agudiza el ciclo recesivo de la economía. Todo esto tenía que terminar muy mal, el colapso debía acaecer en proporción a los horrores económicos acometidos. El estallido de la crisis era inevitable.

Lo que sucedió a partir de 2014 es el aterrizaje en el ciclo depresivo de la economía que llega con la caída de los precios del petróleo, primeramente, en 2009-2010, y luego con la combinación de precios bajos y la caída en la extracción petrolera (a partir de 2014). Desde 2014 el ciclo depresivo de la economía profundiza el declive natural del ciclo económico rentístico, exacerbado por pésimas políticas económicas previamente explicadas, con la dificultad adicional del estallido virulento de las principales distorsiones económicas que se habían venido acumulando.  

«Ajuste económico», apertura a medias y contracción fiscal

La ineludible crisis trajo consigo lo evidente, el advenimiento de un dramático recorte en el presupuesto nacional. Hablar con cifras sobre el presupuesto es harto complicado. Las estadísticas detalladas de gasto público no se publican desde 2016 y el último proyecto de ley presupuestaria (enero de 2022), carece de los guarismos más elementales. Preferimos hablar de “recorte presupuestario”, y no de “ajuste”, debido a que un ajuste económico es una especie de plan de ahorros y gastos, aparejados con una proyección de ingresos formal dotada de metas concretas y explicaciones sobre cómo llegar a ellas, de acuerdo a un “Plan de Estabilización Macroeconómica”. En Venezuela, no existe.

En palabras de la vicepresidente de la República, el presupuesto 2022, se ubicó en 62.379.454.806 bolívares digitales (cantidad aprobada en un primer debate), equivalentes a 13.437 millones de dólares, según el tipo de cambio vigente del BCV: 4,61 Bs. d. por dólar, a la fecha de su anuncio 10 de diciembre de 2021[3]. Si aplicamos el tipo de cambio del BCV, vigente al 23 de noviembre de 2022, tendríamos que el presupuesto proyectado ya es 53 % menor en dólares.

Si queremos medir la magnitud del “recorte presupuestario”, podríamos comparar el año 2012 con el 2022. En ese 2012 el presupuesto alcanzaba alrededor de 31 mil millones de dólares, unos 1.055 dólares[4] per cápita[5]. Para diciembre de 2021, esa cifra sólo llega a 458 dólares per cápita. Ello quiere decir que hay un enorme recorte de 57 % en el presupuesto nacional per cápita[6]sin considerar la depreciación del bolívar a noviembre de 2022. En los ajustes que generalmente se recomiendan para equilibrar las cuentas nacionales y reducir el déficit fiscal, nunca hemos visto una contracción ni tan siquiera parecida. Un gasto tan bajo está lejos de garantizar esas mínimas condiciones de bienestar.

¿Son las sanciones culpables de la crisis y la caída salarial?

En este punto, lo primero sería recordar que las sanciones son impuestas (agosto de 2017) cuando ya la economía venezolana atravesaba el punto más bajo de su historia, hasta esa fecha. De 2014 a 2016 la economía había caído ya en casi 25 %[7], y por primera vez en su historia registraba una caída sostenida de 12 trimestres. En los primeros 2 trimestres de 2017 la economía había disminuido en alrededor de 8 %, por ende, ya había caído en al menos 30 % (desde 2013). Por tanto, cuando las sanciones ingresan al escenario financiero, ya la economía estaba en una senda muy destructiva[8].

La prohibición de reestructurar la deuda externa con los bonistas estadounidenses dificultó de manera grave la posibilidad de renegociar la deuda externa de la República (y de PDVSA) con empresas y personas naturales estadounidenses. Pero estas ordenanzas no implican que otras firmas, no estadounidenses, no puedan recomprar los bonos. Por ende, la imposibilidad de reestructurar la deuda no es culpa de las sanciones sino del devenir desastroso de la economía. Ya en agosto de 2017 Venezuela estaba en default selectivo, ya había impuesto reestructuraciones forzadas de diversos bonos. Si se compara el año 2006 con el año 2017 se puede ver que, en ese período previo al estallido definitivo de las sanciones, ya se observa un descenso salarial de 83 %. Por ende, la ruina salarial no parece ser causada por las sanciones.

La ruina es reversible con voluntad política y compromiso social

Partiendo de reconocer la magnitud del colapso, surge como medida imperativa una tregua política/económica, que pueda traer a las partes protagonistas del conflicto, a una serie de negociaciones donde se haga énfasis en construir un consensuado plan de estabilización macroeconómica y de ayuda social. Dicho propósito debe pasar por la restitución de los derechos civiles, políticos y sociales, continuamente vulnerados. Tamaña empresa no debe ser resultado de un pacto entre cúpulas, debe ser construido a través de acuerdos de amplia base, con una muy activa participación de la sociedad civil organizada. La lucha por reconstruir el país amerita de desprendimiento y magnanimidad.


[1] Marx, K. (1867). El Capital, Crítica de la economía política. Tomo III. México: Fondo de Cultura Económica.

[2] Baptista, A. (1997). Teoría Económica del Capitalista rentístico. Caracas, Venezuela: IESA.

[3] Transparencia Venezuela. (17 de diciembre de 2021). Obtenido de https://transparencia.org.ve/presupuesto-2022-una-historia-que-se-repite/#:~:text=En%20palabras%20de%20la%20vocera,la%20fecha%20de%20su%20anuncio

[4] Los cálculos usaron el tipo de cambio de Dólar Today para diciembre de esos años, salvo el año 2022 que se usó la cotización del dólar que ofrece el BCV.

[5] Ministerio de Planificación. (septiembre de 2013). Obtenido de http://www.mppp.gob.ve/wp-content/uploads/2018/05/presupuestos_memoriaycuenta_2013-2019.pdf

[6] Se usó la cantidad de población que tiene publicada La División de Población de la CEPAL. Revisión 2019 y Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población (2019). World Population Prospects, 2019, edición online. Disponible en: https://www.cepal.org/es/temas/proyecciones-demograficas/estimaciones-proyecciones-excel

[7] Salas, J. B. (14 de marzo de 2017). Ecoanalitica. Obtenido de https://www.elimpulso.com/2017/03/14/pib-se-desplomo-totalmente-2016/

[8] Sutherland, M. (abril de 2018). La ruina del Socialismo no se debe al «socialismo» ni a la «revolución». Nueva Sociedad (274), 142-152.

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