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Elecciones en la UCV: Entre lo importante y lo esencial

Tulio Ramírez

Si ha habido algo que le ha causado urticaria al gobierno chavista, son las elecciones universitarias. El ejercicio democrático de elección de las autoridades de las universidades autónomas previsto en la ley de universidades vigente, no ha sido escenario favorable para las aspiraciones gubernamentales de control de estas casas de estudio. La voluntad de los electores se ha inclinado, en todos los casos, a favorecer fórmulas y candidatos muy alejados ideológicamente de las políticas del socialismo del siglo XXI.

Con las elecciones estudiantiles o de representación de egresados a los cuerpos colegiados, ha sucedido otro tanto. Las Federaciones de Centros Universitarios, otrora controladas por simpatizantes de la política del gobierno chavista desde hace dos décadas, han pasado a manos de jóvenes con ideales democráticos y acérrimos críticos de las políticas que se proponen cercenar la autonomía. Las recientes elecciones de representantes de los egresados en la UCV se convirtieron prácticamente en un grito unánime de rechazo a la política gubernamental. El oficialismo perdió en más del 95% de los consejos de facultad y escuela.

Pese a estas reiteradas derrotas, el partido de gobierno no ha cejado en su empeño por hacerse de las universidades nacionales. Las estrategias que han utilizado han sido varias y variadas. Desde la toma violenta de sus sedes (este asedio comenzó desde el 2001 con la toma de la sede del Consejo Universitario de la UCV), hasta la designación a dedo de autoridades afines, en coyunturas de renuncia o muerte de las autoridades electas, tal como sucedió en el caso de la Universidad Simón Bolívar.

Para el próximo 26 de mayo están previstas las elecciones de autoridades en la Universidad Central de Venezuela. Después de 11 años de mora obligada, esta institución se apresta a renovar sus autoridades. La necesidad impostergable de realizar comicios llevó a su Consejo Universitario a conformar una Comisión Ad Hoc para que redactara unas condiciones electorales que asegurara la participación proporcional de sectores de la comunidad universitaria que no pertenecen a la comunidad académica taxativamente descrita en el artículo 109 de la Constitución Nacional, a saber, profesores, estudiantes y egresados.

Recordemos que lo que ha generado el retardo de estas elecciones ha sido la negativa de la Sala Electoral del TSJ de avalarlas, si se organizaran de acuerdo al reglamento electoral interno, el cual solo incluye a profesores, estudiantes y egresados, tal como lo establece el precepto constitucional arriba referido. Esto ocasionó que las universidades nacionales introdujeran en 2012 un Recurso de Nulidad por Inconstitucionalidad del artículo 34 de la LOE. La Sala Electoral, luego de 11 años, no se ha pronunciado sobre este recurso. Por si fuera poco, esta misma Sala ha amenazado con multas astronómicas a las autoridades rectorales y a miembros del Consejo Universitario, si osaren convocar a elecciones desatendiendo lo dispuesto en la LOE.

Siendo así, no sería exagerado sospechar que ha habido algún acuerdo político con el gobierno para llevar adelante el acto electoral previsto para el 26 de mayo, a pesar de las advertencias de la Sala Político Electoral del TSJ. El resto de las universidades autónomas están a la expectativa. Si se efectuarán las elecciones sin contratiempos, procederían, cual efecto dominó, a organizar sus propios eventos electorales. Tengo dudas si es interés del gobierno arriesgarse a perder elecciones antes de las presidenciales de 2024

Independientemente de la existencia, o no, de un eventual acuerdo político, está claro que las elecciones oxigenarían en algo la vida universitaria. Se convertirían en una tribuna para discutir sobre el futuro de la universidad. Volvería el clima de discusión y debate democrático que ha ido desapareciendo gracias a factores sobrevenidos como la pandemia, la no presencialidad, la desmotivación de los profesores por los ridículos salarios y la diáspora de docentes y estudiantes.

Hasta ahora se conocen 6 candidaturas para ocupar la Silla de Vargas, todas con planteamientos interesantes, aunque con énfasis diferentes. Una de estas candidaturas es la del profesor Víctor Rago Albujas, exdecano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales y cofundador de una de las experiencias más revolucionarias en la UCV, como lo es el Programa de Cooperación Interfacultades, un programa que ha impulsado la formación inter y transdisciplinaria de los estudiantes ucevistas.

En sus intervenciones públicas ha comentado sobre la necesidad de recomponer lo que ha dado en llamar la “atmósfera universitaria”, lo cual no es otra cosa que el ambiente académico que oxigena a toda universidad. Afirma que esta atmósfera contiene los elementos que le dan vida y alma a estas Casas de Estudios, haciendo posible que la comunidad universitaria pueda, de manera voluntaria y con pasión, dedicarse a la búsqueda de nuevos conocimientos. Son comunidades que interactúan exponiendo libremente el pensamiento, investigando de manera impenitente y ejerciendo la crítica argumentada sin ser víctimas de veto o control ideológico por parte de terceros.   

Plantea que, si bien es ineludible atender aspectos materiales para hacer posible el trabajo académico (planta física, salarios justos, providencias estudiantiles, financiamiento a la investigación, renovación de la planta tecnológica, actualización académica y formación del talento); no debe perderse el foco sobre lo que define finalmente a la universidad. Por ello, hay que evitar que esa delicada y vital capa que es la atmósfera universitaria, se siga deteriorando. Su recomposición impediría un posible “efecto invernadero” que acabe destruyendo el ecosistema que hace posible la vida académica.

He manifestado en diferentes escenarios estar de acuerdo con ese planteamiento. Para que una universidad se reconozca y sea reconocida como tal, debe generar saberes y cultura.  Transcribo unas palabras del profesor Rago Albujas que, a nuestro entender, dibujan el norte de lo esencial de la vida universitaria, cito: “aunque convirtamos a la universidad en un oasis, con instalaciones modernas, bellos jardines, laboratorios con tecnología de punta y profesores dignamente pagados (cosa por la que hay que luchar indudablemente), no necesariamente tendremos una universidad. Si carece de una atmósfera que estimule el pensamiento, la discusión libre y la pasión por el conocimiento, será solo una bonita y bien dotada edificación, pero nunca una universidad”.  Cuente con mi voto profesor Rago.

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