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Economista Jesús Palacios proyecta inflación de 192% en bolívares y 20% en dólares al cierre del año

Foto: María Fernanda González

De acuerdo con estimaciones del profesor de la UCAB, el tipo de cambio oficial cerraría el año en 950 bolívares por dólar, mientras la tasa cambiaria en el mercado de referencia USDT se ubicaría en 1.025 bolívares. El crecimiento de la economía podría ser de 12%

Jesús Abreu Mena/ Comunicaciones UCAB

Al finalizar 2026, la economía venezolana, con 36% del tamaño que tenía en 2012, podría registrar una inflación de 192% –una reducción de 290 puntos porcentuales con respecto a 2025– y una variación de precios acumulada en dólares de 20,1%, lo que representaría un descenso de 15% frente al registro del año pasado. Las proyecciones son del economista y consultor financiero Jesús Palacios Chacín, quien ofreció una conferencia en el marco de la Semana Empresarial UCAB.

En su presentación, el profesor de Macroeconomía de la universidad, destacó que Venezuela necesita con urgencia una «política económica coherente» que priorice frenar la inflación y acabar con el diferencial cambiario, para poder pensar en la recuperación de una economía que perdió tres cuartas partes de su tamaño entre 2014 y 2021.

«Una recuperación que sustente el consumo y el poder de compra tiene que ser mucho más profunda, con industrias que se sumen. En el último año hemos visto algo de crecimiento muy volátil y eso habla de la fragilidad. Venezuela debería ir a un modelo de una única tasa de cambio sin diferencial y con el libre uso de moneda que funcionó entre 2021 y 2023. Eso generó mucha menos presión cambiaria y menos distorsiones inflacionarias», afirmó Palacios.

Obstáculos para el crecimiento

De acuerdo con las estimaciones que presentó Palacios, al cierre de 2025 el valor real del Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela respecto a 2012 se ubicó en unos 36.000 millones de dólares.

Este año, el crecimiento de la economía venezolana podría ser de 12%, un repunte de 10% con respecto a 2025. «El ritmo de crecimiento ha sido irregular: tras el fuerte rebote de 2022, la expansión se moderó en 2023 y 2025. Para 2026, nuestras estimaciones apuntan a una nueva aceleración del PIB», dijo Palacios.

Pero la expansión de la economía no solo dependerá del desempeño de la industria petrolera y del nuevo momento político y económico en la relación entre Venezuela y Estados Unidos, pues el país requiere de la ejecución de inversión extranjera sostenida en el corto y mediano plazo, lo que amerita del Ejecutivo nacional un manejo adecuado de la inflación y de la brecha cambiaria (diferencial entre el tipo de cambio del BCV y el del mercado de referencia o «paralelo»), dos elementos que generan dudas entre inversionistas, de acuerdo con Palacios.

«Es el principal problema y lo que genera más dudas: el diferencial cambiario y la inflación. Por eso los inversionistas prefieren dejar las conversaciones a nivel exploratorio. Hay escepticismo sobre cómo se va a manejar el tema cambiario».

Según los cálculos que mostró el experto, en abril la inflación acumulada se ubicó en 72%, mientras que la variación de precios calculada en dólares en los primeros cuatro meses se situó en 4,8%.

Devaluación a cuentagotas y tasa de cambio BCV «inexplicable»

En lo que va de año, las intervenciones cambiarias del Banco Central de Venezuela (BCV) suman 3.993 millones de dólares, según reportó el propio ente emisor. Para Jesús Palacios, la cifra denota la ineficacia de la política cambiaria que mantiene el Ejecutivo.

«Lo normal es que con ese nivel de intervenciones hubiera una reducción importante en la brecha cambiaria que, en lo que va de año, muestra un acumulado de entre 30% y 40%. Es para repensar la política cambiaria porque no ha generado el efecto deseado. Aquí se ha mantenido una devaluación a cuentagotas, con una tasa del BCV inexplicable y una realidad distinta en el mercado. Pareciera que el Gobierno escogió la lógica de mantener un diferencial que también ayude a financiar el gasto público», advirtió.

El economista adelantó que las proyecciones apuntan a un incremento del flujo de divisas de 69,7% frente a 2025, lo que generaría una reducción de la brecha cambiaria de forma gradual, mientras se nivelan las expectativas del mercado.

«Este año pareciera que la inflación en dólares va a cerrar cercana a 20%. Eso está asociado al mantenimiento de un diferencial cambiario que hoy llega a 45%, lo cual va directo al poder de compra», apuntó.

Los tres sectores de la economía con mayor inflación interanual en dólares son equipamiento del hogar (58,5%), esparcimiento y cultura (42,3%) y alimentos y bebidas no alcohólicas (41,1%).

De acuerdo con las proyecciones del experto, el tipo de cambio oficial cerraría 2026 en 950 bolívares por dólar, mientras que la tasa cambiaria en el mercado de referencia USDT, se ubicaría en 1.025 bolívares.

Repunte de producción petrolera

Las proyecciones vinculadas con el sector petrolero nacional, que creció 12% en 2025, apuntan a un escenario de producción que al cierre de 2026 se ubicaría en 1.320.000 barriles diarios de crudo, un incremento superior al 20%.

En abril, de acuerdo con los datos que reportaron las fuentes oficiales, la producción petrolera creció 3,7% para situarse en 1.136.000 barriles diarios de crudo, un incremento de 41.000 barriles diarios con respecto a marzo.

En el contexto actual de ampliación de licencias a las petroleras internacionales y con una distribución de los mercados de venta de crudo que sitúa a Estados Unidos como el principal destino (70%), los ingresos por exportación de crudo en 2026 podrían aumentar a $21,2 millardos. «El petróleo viene con un ritmo distinto a la dinámica de 2025. 73% de los ingresos petroleros vienen de EE. UU. Eso habla del cambio del mercado. Por primera vez desde 2019 estamos reportando producción por encima del millón de barriles diarios», dijo el experto.

Presión fiscal se mantiene

El Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat) registró una recaudación de 1.620 millones dólares en marzo de este año. La cifra, de acuerdo con Jesús Palacios, representa un aumento de 39% en comparación con el mes de febrero, cuando el registro se situó en un equivalente a 1.163 millones de dólares.

El monto acumulado en lo que va de año suma 3.549 millones de dólares, un incremento de 27% frente a 2025. «Hemos visto incrementarse la presión fiscal en los últimos años con nuevos aportes al Seniat (con Ley de Pensiones, IGTF, voracidad de impuestos municipales). El empresariado venezolano formal termina declarando 60% de su margen operativo», dijo Palacios.

La diáspora y la estabilización de las remesas

El flujo estabilizado de las remesas, con un monto cercano a 3.200 millones de dólares entre 2023 y 2025, confirman su papel «como una fuente relevante de divisas para los hogares y como un soporte clave para el consumo privado».

«Para 2026 se espera un comportamiento similar», acotó Palacios.

Pero hablar de remesas implica referirse a la migración venezolana que, según cálculos del Observatorio de la Diáspora Venezolana a los que aludió Palacios como fuente, supera los 9 millones de personas.

En ese contexto, 58% de los migrantes venezolanos envía remesas de forma regular.

De acuerdo con el perfil sociodemográfico y laboral de quienes integran la diáspora venezolana, 62% está en edad plenamente productiva y 51% cuenta con un empleo de jornada completa.

«Venezuela es un país que, si logra hacer las cosas bien, puede tener un bono demográfico enorme solo por el regreso de 20% o 30% de la diáspora», agregó Palacios.

«Las perspectivas mejoran, pero la realidad social sigue siendo crítica»

Palacios aludió a los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) 2025, que refleja el estancamiento del bienestar en el país, con 55% de pobreza multidimensional en la población, un indicador vinculado con las privaciones en áreas como servicios básicos, educación, vivienda, empleo y salud.

«Las perspectivas mejoran, pero la realidad social sigue siendo crítica en el acceso a servicios básicos. Estamos en un dilema complicado porque hay mucha presión para que se aumente la producción petrolera, pero en la medida en que se presiona el sistema eléctrico, lo que estamos viendo en cuanto a racionamientos se va a agudizando. Eso tiene impactos en productividad y en la capacidad para generar recuperación», destacó el profesor de la UCAB.

El economista mostró datos, basados en información gubernamental, que reflejan lo que calificó de «política insostenible» relacionada con los subsidios de las tarifas de la electricidad (96%), agua potable (92%) y gas (97%), entre otros. «Es una política insostenible que genera problemas a largo plazo. No es eficiente ni suficiente», añadió.

Salarios: un largo camino de reformas

En abril, la Canasta Alimentaria Familiar se ubicó en 730 dólares, por lo que se necesitan al menos 365.000 bolívares para cubrir el costo de la mayoría de los productos que la integran, de acuerdo con la medición mensual del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestro (Cendas-FVM).

Frente a esta cifra, el salario mínimo actual, así como las pensiones, de Bs 130, no representan ningún tipo de cobertura. Para Palacios, el reciente aumento del ingreso mínimo integral (vía bonificaciones) tampoco resuelve el problema, ante los niveles de inflación y la brecha cambiaria.

«Esas mejoras siguen siendo pensadas con una lógica temporal y de corto plazo. El principal punto para mejorar los sueldos es doblarle el brazo a la inflación y a la devaluación. Lo que vimos hasta ahora es una compensación por la inflación y el diferencial cambiario», dijo.

De acuerdo con el economista, llevar el ingreso promedio a un monto equivalente a 80% de la Canasta Alimentaria Familiar ($400) es un proceso que «tomará tiempo y pasará por reformas estructurales».

«De ocurrir este ajuste en el sector público (con 3,1 millones de trabajadores), se llevaría 100% de los ingresos petroleros este año», detalló.

Insistió en que la ruta para una mejora gradual del poder de compra real de los venezolanos, con efectos en 2027, debe priorizar un plan de reducción de la inflación y la devaluación, el acceso a recursos auditados, ajustes en bonos y asignaciones gubernamentales, así como la ejecución de cambios en la actual Ley del Trabajo, en el sistema de pensiones y en el tamaño del Estado.

¿El retorno del crédito?

Jesús Palacios Chacín destacó que, en una economía sin estabilización como la venezolana, el retorno o la masificación del crédito dependerá de la consistencia del marco operativo de recepción de divisas.

Reiteró la necesidad de reducir el encaje legal, porcentaje de los depósitos de los ahorristas que la banca debe inmovilizar, de manera obligatoria, por instrucciones del Banco Central de Venezuela.

Según el economista, luego de llegar a mínimos cercanos a 45% a comienzos de 2024, el encaje inició una trayectoria ascendente. «A lo largo de 2025 y 2026 el indicador se ha ubicado entre 70% y 75%, reflejando un giro hacia una política monetaria más restrictiva».

«El encaje legal, por encima de 70%, sigue siendo el mecanismo por el que el Ejecutivo intenta controlar el incremento inflacionario a costa del crecimiento. La premisa para que aumente mucho el crédito es que el encaje baje a niveles por debajo de 50%. El promedio en América Latina es de entre 10% y 12%. No creemos que Venezuela esté ahí en el corto plazo», explicó Palacios.

El economista también advirtió que, si se maneja de forma opaca lo relacionado con la dinámica cambiaria, en una economía sin estabilización, «va a ser difícil que el crédito no se traduzca en algo que no sea presión al tipo de cambio».

«Venezuela tiene dos puntos del PIB en crédito. Por eso no es difícil que se incremente a 10% del PIB en 2027. La cartera total de créditos en 2021 en Venezuela era de 200 millones de dólares. Hoy es una cartera de 2.000 millones. Sigue siendo el 25% de las necesidades mínimas del sector privado, por ejemplo. Hace falta avanzar en el flujo de divisas», detalló.

¿Es posible una dolarización?

Una dolarización formal en Venezuela ameritaría cambios legales y constitucionales. «Implica modificar el marco legal y posiblemente la Constitución para eliminar el bolívar como moneda de curso legal, algo que no se ha iniciado ni cuenta con consenso político», acotó Jesús Palacios.

El profesor de Economía UCAB resaltó que una medida de este tipo no mejorará automáticamente el poder de compra. «Adoptar formalmente el dólar no resuelve problemas estructurales como productividad, ingreso real y empleo; en muchos casos puede limitar la capacidad de ajustes de salarios y de incentivos económicos».

Más que una inclinación hacia la dolarización, Palacios considera que lo está pasando en Venezuela es «un intento por volver a un esquema de libre convertibilidad» con la idea de estabilizar el mercado cambiario y la inflación.

La deuda externa: un gran problema

La administración que lidera la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció el pasado 13 de mayo el inicio de un proceso para la reestructuración de la deuda pública externa del país, así como de la empresa estatal de hidrocarburos, Pdvsa.

Jesús Palacios apuntó que la complejidad de la deuda venezolana, de al menos 209.000 millones de dólares, radica en los distintos tipos de compromiso que debe atender la república.

«Si no es un proceso ordenado, acompañado de un programa institucional que cambie la forma en la que opera el Estado venezolano, con una política económica coherente, que sea consistente con disciplina fiscal y monetaria, será desfavorable para el país», apuntó Palacios.

De acuerdo con el economista, en el caso venezolano, con una contracción que fue transversal y que muestra una caída generalizada de 60% en 14 sectores económicos, entre 2014 y 2025, la forma en la que el país asuma la reestructuración de su deuda será un «tema neurálgico» para el crecimiento económico.

«Nuestra deuda acumula casi 200.000 millones de dólares, que es 200% de nuestro PIB. Eso es un problema muy serio no solo de liquidez, sino de solvencia. Habrá discusiones sobre el tamaño del recorte. El mercado va a exigir condiciones. Venezuela viene de un desastre fiscal y monetario tan grande, que lo mínimo será acompañar una reestructuración con un programa viable, entendiendo el tamaño del problema».

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