
Tomada de Revista Estrategia y Negocios
Sadio Garavini di Turno 07.10.26
Los EEUU han decidido que la transición política se maneje a través de la negociación entre el gobierno interino y la Asamblea Nacional del 2015. Se trata por tanto de una transición negociada, muy distinta de la transición producto de una caída del régimen anterior, como fue el caso de Venezuela, con el golpe cívico-militar del 23 de enero 1958. También es muy distinta de la transición en Panamá de 1989, donde la ocupación militar norteamericana, con 27.000 soldados, permitió la juramentación inmediata del legítimo vencedor de las elecciones Guillermo Andara, que el dictador Noriega había desconocido.
En efecto, todas las transiciones exitosas, que no sean producto de un golpe de Estado o una ocupación militar son negociadas. Mandela negoció la transición con De Klerk, Alwyn con Pinochet, Violeta Chamorro con Ortega, Jaruzelsky con Walesa y Suárez con Felipe González y Santiago Carrillo. La actual negociación tampoco se parece a los numerosos “diálogos” fallidos de estos 27 años, entre el régimen y la oposición democrática.
La presencia activa en la negociación de un tutor muy poderoso hace la diferencia. Los EEUU decidieron actuar en Venezuela, evitando la muy políticamente costosa ocupación militar y optaron por lo que Robert Gates, ex secretario de la Defensa y ex director de la CIA, llama “diplomacia coercitiva” (ver su libro: “Exercise of Power”). Esta “diplomacia” se maneja básicamente a través de la utilización de amenazas creíbles. Ahora bien, es evidente que, después del 3 de enero, las amenazas de los EEUU en Venezuela tienen bastante credibilidad.
Otra gran diferencia entre el caso venezolano y otras transiciones negociadas es que esos regímenes autoritarios mantenían todavía posiciones de mucho poder, incluyendo apoyo popular. Es el caso, entre otros, de Pinochet frente a Alwyn y Suárez en España. En el caso venezolano, es evidente la debilidad del régimen, pero sobre todo hay que subrayar que el tutor ha claramente definido que el proceso debe terminar con unas elecciones libres y transparentes. Las declaraciones de Rubio, de otros ministros y de los senadores y representantes de ambos partidos, son más relevantes que la foto de Delcy con Trump. Además, tanto Trump como Delcy han anunciado que habrá elecciones. La diferencia está en los tiempos y cuáles elecciones vienen primero. Dinorah Figuera, que dirige la delegación de oposición en la negociación, ha anunciado que en diciembre tendremos un Tribunal Supremo respetable y un nuevo CNE, aceptable para todos, que se encargará de organizar las elecciones. Expertos electorales como Roberto Picón han afirmado que, para organizar unas elecciones, a partir de un nuevo CNE, se requiere entre un mínimo “defectuoso” de seis meses y diez meses. La misma María Corina ha hablado de diez meses. El límite máximo para que haya elecciones presidenciales en Venezuela es, en mi opinión, la segunda mitad del 2028. Como lo he afirmado en anteriores columnas, por razones geopolíticas, dado el retorno de la doctrina Monroe, con corolario Trump, cualquiera sea el candidato presidencial republicano, el gobierno no puede terminar sin que Venezuela deje de tener un gobierno liderizado por personas que han sido aliadas de Irán, Rusia, China, Hezbollah y Hamas. Pero sobre todo por necesidades de política interna, el partido republicano no puede enfrentar las elecciones del 2028 sin que Venezuela tenga un gobierno producto de elecciones. El candidato republicano perdería el apoyo de importantes sectores de su electorado, particularmente en Florida. La crítica de los demócratas en la campaña sería demoledora. Recordemos que los demócratas, que probablemente tengan pronto el control de la Cámara y quizás también del Senado, han sido los que, en las interpelaciones, le han exigido a Rubio que defina fecha para la conclusión de la transición política.
Finalmente, creo factibles unas elecciones en la segunda mitad del 2027, sin embargo, me parece que la verdadera negociación será en el orden de las elecciones pendientes. Obviamente, al régimen le interesa dejar de último las elecciones presidenciales para retrasar la entrega del poder. Por eso habla de elecciones regionales y locales primero y después las parlamentarias. Creo que el debate fundamental va a ser entre parlamentarias y presidenciales, porque también a algunos partidos que apoyan a María Corina, podría convenirles las parlamentarias primero, con la esperanza de obtener un número mayor de diputados y evitar el efecto multiplicador para el partido del candidato, en unas elecciones presidenciales y parlamentarias al mismo tiempo, o en unas parlamentarias posteriores a las presidenciales.
¡Amanecerá y veremos!
@sadiocaracas
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