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¿Quién nos gobierna?

El faro

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Benigno Alarcón

La pregunta sobre quién nos gobierna no es nueva, pero sigue siendo relevante y hoy más que nunca ante la incertidumbre sobre decisiones económicas y políticas que inevitablemente llegarán, para bien o para mal.

La crisis vivida por Maduro a principios de este año, inevitablemente nos recuerda la que tocó a Chávez entre el 2002 y el 2004, cuando una oposición movilizada retó su permanencia en el gobierno. Hoy, la crisis vivida entre febrero y mayo, que no creo terminada, aunque no tiene los mismos detonantes, sí coincide en origen y puede que también en desenlace, al menos por ahora.  El origen de esta conflictividad, así como la del 2002 entre otras, independientemente de sus detonantes políticos, económicos o sociales, coinciden en el estado de polarización del país que desde el 98, o quizás desde antes, vive una separación de cuerpos que amenaza a ratos con volverse irreconciliable y a punto de divorcio, que de materializarse condenaría a las partes a compartir no solo el mismo techo, sino el mismo suelo y el mismo futuro. Pero decimos que coincide también en desenlace porque, contra el pronóstico de muchos, Maduro hoy, al igual que Chávez en el pasado, logró lidiar no solo con la oposición política, sino con la oposición endógena también.

No es secreto para nadie, por mucho que insistan los actores oficialistas en lo contrario, que el gobierno no es monolítico y en su seno al menos dos tendencias se debaten. Una, la de los Centauros, o sea quienes se la jugaron en el golpe del 92 con Chávez, cuya cabeza más visible es Diosdado Cabello. Y la segunda la de los ¨hijos de Chávez¨, o quienes Chávez ascendió al poder y escogió para entregar su legado, evidentemente liderados por Maduro. La frontera que separa a ambos grupos no está tan claramente definida, siendo el caso de que existen actores que por su origen podríamos suponer del lado equivocado. Y es que en tiempos de crisis, la ubicación política responde menos a las lealtades naturales y más a las expectativas sobre quién ganará y quien perderá.

La manera en que Maduro ha venido manejando este conflicto y las coincidencias estratégicas con el manejo que Chávez hizo de los suyos propios, permite colocar sobre la mesa la hipótesis de que entre Chávez y Maduro existen actores comunes que intervienen en las decisiones clave. Al llegar a este punto de la lectura, creo adivinar que el lector estará pensando que pretendo descubrir el agua tibia y estará tentado a escribir un comentario sobre este artículo que podría decir algo así como lo que Clinton le dijo a Bush en medio de la campaña que le hizo presidente: ¨Es la economía, estúpido¨, pero en este caso aludiendo a los cubanos. Y aunque ciertamente la influencia de los cubanos es innegable y de vieja data, tal como quedó más que demostrado durante la convalecencia de Chávez y el ungimiento de Maduro, el tema pareciera más complejo, lo que es ya lo suficientemente grave.

Venezuela es hoy el rehén de una compleja red de intereses económicos y geopolíticos en la que los intereses de actores domésticos y foráneos se entrelazan en una dinámica poco transparente para el resto del país, tal como lo demuestra la investigación ¨Los messieurs del Chavismo¨ publicado por El Nacional el pasado 6 de Julio[1] en la cual se destapa el intríngulis de relaciones del gobierno venezolano con una firma francesa, a través de la cual se trata de convencer a los bancos y firmas de corretaje financiero internacionales, de una operación de endeudamiento de grandes proporciones para inyectar a la economía venezolana las divisas que desesperadamente necesita para tratar de normalizar la situación económica del país.

La preferencia de algunas entidades gubernamentales y corporativas por los gobiernos no-democráticos, pero estables, que permitan llevar adelante tratos, casi siempre poco transparentes con las ventajas de competir en un mercado muy reservado pero nada despreciable, el de las dictaduras, con poco o ningún escrutinio público, y sin el riesgo de las complicaciones propias de la separación de poderes y la alternabilidad democrática, no es un asunto nuevo. Es así como se dice que Cuba recibe alrededor de 100.000 barriles de petróleo al día, el gobierno argentino consigue financiamiento para su campaña presidencial y después para su país al conseguir que el gobierno venezolano comprara una parte significativa de sus bonos; China cubre una parte importante de sus necesidades energéticas hipotecando buena parte de una de las reservas de crudo más importantes del mundo; y las firmas financieras, como las que asistieron a la reunión de Londres, obtienen sustanciales honorarios y comisiones por la colocación de bonos para financiar las consecuencias del manejo irresponsable de un gobierno que durante varios años tuvo uno de los índices de crecimiento del PIB más elevados del mundo.

En esta relación ganar-perder para el país y ganar-ganar para quienes están involucrados en los negocios, los intercambios asumen diferentes formas de expresión, pero también imponen condiciones sobre los gobiernos. Es así como los Castro brindaron toda la experticia ganada durante más de 50 años para mantenerse en el poder, así como la inteligencia para el control social y político que permitió a Chávez gobernar durante 14 años, a cambio del auxilio económico que desapareció junto con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el fulcro sobre el cual apalancar una mayor influencia del modelo socialista en la región, condición que terminó trascendiendo al mismo Chávez y abonó el camino para el ascenso de Maduro, a favor de cuya estabilización se centran hoy los esfuerzos de quienes se benefician del status quo. Mientras tanto los brasileños obtienen importantes contratos de infraestructura que necesitan más de un período presidencial para su ejecución a cambio del apoyo político, sobretodo internacional, para desafiar a los adversarios regionales; al mismo tiempo una China hoy más pragmática y menos interesada en los aspectos regionales y domésticos, se centra en garantizarse los suministros petroleros necesarios, a cambio de financiamiento y acceso a oportunidades de negocios.

Entre otros muchos actores que ponen en entredicho el mito de la soberanía e independencia nacional, no podemos ignorar hoy a los financistas internacionales que en medio de la crisis económica ahora ganan mayor influencia y, por lo tanto, también ponen sus condiciones. Es así como vemos hoy el ascenso de Ramírez, el hombre de la chequera, quien ha sido durante muchos años quien ha manejado la principal fuente de ingresos de Venezuela, PDVSA, y por lo tanto la relación con países y mayores corporaciones petroleras del mundo, ahora añade a su lista de potenciales socios a nada menos que la banca internacional, forzando así a Maduro a colocarle en una posición desde la cual enviar, a quienes tienen la capacidad para financiar el enorme déficit venezolano, el mensaje de que la palabra de Ramírez es la suya propia, otorgándole todo el poder para materializar las condiciones y compromisos adquiridos, lo cual no está exento de peligros para Ramírez, quien junto al poder recibe la incómoda condición de convertirse en centro de la polémica de unas reformas cuyo costo político será inevitable.

Para cuadrar el círculo, y tratar de contestar a la pregunta sobre quien nos gobierna, invitamos al lector a imaginarse en la posición de quienes hoy ocupan el poder, enfrentados a una situación verdaderamente precaria que amenaza su propia gobernabilidad y estabilidad, a lo que se deben sumar costos de salida muy elevados, por lo que necesitan con urgencia de recursos para superar esta situación. Pero también de la experiencia y experticia de quienes han logrado superar las presiones propias de fenómenos como el empobrecimiento, la inflación y la escasez o han logrado ¨domesticar¨ a sus pueblos para mantener la gobernabilidad sin resolver sus problemas.

En todo este escenario no debe perderse de vista la evolución en las posiciones de poder entre  Hijos de Chávez (o Madurismo) y Centauros, en donde, mientras Maduro va imponiendo sus fichas en los puestos clave, los segundos se repliegan, bien sea porque no pueden o porque prefieren endosarle la factura de los costos políticos de la reforma a los primeros, aunque la lucha sigue en otros campos de batalla, como el Congreso del PSUV. En el juego de las alianzas de Maduro, no deja de llamar la atención lo que no parece ser una simple coincidencia. Alí Rodriguez Araque, uno de los hombres más cercano a los Castro, quien fuese enviado a Cuba como Embajador, según la interpretación de Nelson Bocaranda como castigo por sus críticas al gobierno de Maduro, es el mismo quien dio su apoyo a Ramírez, su pupilo, para que quedara al frente de PDVSA cuando  fue designado como representante de Venezuela ante la OPEP, y quien ahora pareciera estar colocando en los puestos clave a sus hombres de confianza, como es el caso de Rafael Ramírez en la Vicepresidencia y Bernardo Álvarez en PDVSA. Si esta conexión Castro-Alí-Maduro resulta cierta, quizás veamos próximamente el ascenso de algunos otros hombres cercanos al veterano dirigente de izquierda, lo que nos daría mayores luces sobre quien en realidad nos gobierna.

[1] http://www.el-nacional.com/siete_dias/messieurs-chavismo_0_439756243.html

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