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El Desafío Venezolano: Continuidad Revolucionaria o Transición Democrática

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Benigno Alarcón / 23 de julio de 2014

Democratización es el resultado

de incrementar el costo de la opresión

al tiempo que se reduce el de la tolerancia.

Robert Dahl, 1971

Al momento de escribir esta columna nos preparamos para hacer el bautizo y lanzamiento de la primera publicación oficial del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello: El Desafío Venezolano. Continuidad Revolucionaria o Transición Democrática. Será esta noche a las 7pm en los espacios de la Librería El Buscón en el Nivel Trasnocho del C.C. Paseo Las Mercedes.

Cuando regresé a Venezuela en Octubre del 2007, después de algunos años trabajando y estudiando mi Maestría en Gerencia Pública en la Universidad de Maryland, el Padre Luis Ugalde, quien era Rector de la Universidad Católica Andrés Bello, me ofreció la coordinación de un prestigioso programa conocido hoy como el Diplomado en Gobernabilidad y Gerencia Política, que para hoy ya va por sus décima segunda cohorte. Lejos estaba de imaginar las gratificaciones que el haber aceptado aquella oferta traería a mi vida. El Diplomado en Gobernabilidad y Gerencia Política trajo otros programas de capacitación en los cuales se han formado para el día de hoy más de cuatro mil  profesionales de la política, y con ellos la creación de la Unidad de Extensión y Estudios Políticos en Junio de 2008, abriéndose para la UCAB un campo de acción nuevo, tan esencial como oportuno, en medio de la intensificación de la vida política que el país ha vivido a partir de la elección de Chávez en 1998.

Con la llegada de un nuevo Rector a la UCAB, el Padre José Virtuoso, la Unidad de Extensión y Estudios Políticos eleva su estatus y se transforma, a partir de Enero del 2013 en el Centro de Estudios Políticos, que hoy tengo el especial honor de haber fundado y en el que hoy continúo sirviendo.

En este camino que recorremos desde hace seis años, y en el cual seguimos trabajando y avanzando como equipo en una agenda llena de planes y proyectos, como si se tratará del primer día, impulsados por la convicción de que nuestro trabajo es y seguirá siendo trascendental para la construcción del país que queremos ser, el día de hoy representa para todos nosotros un hito especial que se materializa en una publicación que intenta poner al alcance de todos muchas de las respuestas que podrían ayudarnos a comprender el momento político que vivimos y nos tocará vivir durante esta nueva etapa que se inició el  5 de marzo de 2013 a las 5:20 pm, cuando Nicolás Maduro –en ese momento vicepresidente− anunciaba oficialmente el deceso del ¨comandante presidente¨ Hugo Rafael Chávez Frías.

Independientemente de la posición política de cada uno de nosotros, es innegable que la figura de Chávez, para bien o para mal, tuvo un efecto inimaginable para el momento de su aparición tras comandar el fallido golpe de estado del 04 de febrero de 1992, que terminó afectando en una forma u otra la vida de cada uno de nosotros. Chávez, amado por unos y odiado por otros, fue, y aún sigue siendo en buena parte, el centro de gravedad de la vida política nacional, pero también el de muchas conversaciones más o menos formales que abarcaban desde la charla con el taxista hasta las aulas de los postgrados universitarios, incluso más allá de nuestras propias fronteras, en donde pasamos de ser el país del petróleo y las mises a ser el país de Chávez.

Pero a pesar de haber convivido con Chávez los últimos catorce años, o quizás veinte, dependiendo de cómo se le mire, ¿cuánto sabemos en realidad de quien fuese uno de los presidentes más poderosos e influyentes de América Latina?, ¿llegamos a comprender las fuerzas y corrientes sociales que le permitieron navegar la ruta hacia el poder casi absoluto, en su intento por materializar sus ambiciones históricas?, ¿inventó Chávez un modelo de gobierno inédito o aprendió y nacionalizó experiencias exitosas de otros gobiernos?, ¿cuáles son las claves que permitieron a Chávez concentrar tal nivel de poder y mantenerlo durante 14 años?, ¿es el modelo heredado por el actual gobierno sostenible, independientemente de la ausencia de su liderazgo carismático?, ¿estamos en realidad en un proceso de transición o traspasamos ya el punto de no retorno?, ¿qué no depara el futuro de una Venezuela sin Chávez?

En un esfuerzo por arrojar luces sobre algunos aspectos fundamentales de este fenómeno político, un grupo de investigadores decidimos iniciar, desde el Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, un esfuerzo por colocar juntas las piezas de lo que sabíamos sobre este proceso político y sus consecuencias, en un intento por tratar de armar un complejo rompecabezas que nos permitiese una visión más realista y menos prejuiciada del país que Chávez nos deja tras catorce años de un proceso que él mismo reconoció como inconcluso antes de su partida, dejando a Nicolás Maduro a cargo de su continuación.

Es así como, tras largas horas de trabajo en medio de fascinantes y fructíferas conversaciones –que a veces se trasformaban en acalorados debates−, logramos avanzar en este esfuerzo conjunto, que no consideramos final pero sí como un importante aporte a la mejor comprensión de este proceso, para colocar en las manos de ustedes una obra en la que, quizás por primera vez, se hace el intento de unir los puntos de un dibujo que luce a todas luces aun complejo.

A través las páginas de El Desafío Venezolano el lector podrá acompañarnos y conocer el resultado de estos debates multidisciplinarios para indagar de la mano de Axel Capriles cómo la ambivalencia, la desconfianza, el miedo y la angustia son emociones características de momentos de cambio y de transición; comprender cómo la sociedad venezolana,  en el espíritu de los tiempos, atraviesa un período fronterizo, de fricción y ajuste en la relación entre el Estado y la sociedad, y cómo las demandas y promesas de participación obligan a la reestructuración del Estado y a la redistribución del poder en la sociedad en un proceso de trasformación aún lejos de haber concluido. Asimismo, el lector encontrará cómo la polarización que ha signado la convivencia y  el clima emocional del país durante los últimos lustros apunta hacia fracturas en nuestras representaciones del orden social y a una conflictiva noción de identidad nacional que frenan el proceso de transformación. La polarización y la dinámica nosotros-ellos puede interpretarse como un vehículo para lidiar con problemas de insoportables paradojas culturales hasta que el exceso de tensión active la función trascendente que mueva a la integridad social a través de acuerdos, objetivos comunes y consensos. Para concluir comprendiendo cómo la fricción de los opuestos y el sufrimiento vivido han creado, sin embargo, espacios y oportunidades para el aprendizaje que nos colocan a las puertas de un umbral que solo nosotros podemos traspasar para que ocurran los cambios a los que la mayoría aspiramos.

A partir de allí, Luis Pedro España, desde la óptica del investigador social, toma a este mismo individuo descrito por Axel Capriles para colocarlo y mejor comprenderlo desde las características, evolución y circunstancias de su propio entorno. Ese contexto social que sirvió de incubadora y dio viabilidad a un proyecto cuya audacia pretendió no solo crear una nueva república sino re-interpretar nuestra historia y nuestro presente para crear al ¨hombre nuevo¨, como centro de una nueva forma de ¨democracia directa y protagónica¨, contrapuesta a la representativa, pero que según todos los indicadores no es propiamente una democracia, pese a que la frecuencia con que se consulta a sus ciudadanos supera a buena parte de las democracias más reconocidas.

Pero si el régimen venezolano no es una democracia, entonces ¿qué es?. ¿Qué tipo de régimen distinto a una democracia permitió a Hugo Chávez combinar un aumento de la participación político-electoral con una mayor concentración de poder?. Respondiendo a estas interrogantes, Ángel Álvarez y mi persona tratamos de demostrar que el régimen progresivamente instalado por Chávez no es algo nuevo ni inédito −quizás sí para Venezuela− y se corresponde con un modelo híbrido que combina autoritarismo y elecciones competitivas, por lo que se le conoce como autoritarismo competitivo. Algo exitosamente explotado por el PRI mexicano, en el caso de América Latina, y que le permitió mantenerse en el poder por sesenta años. Hoy, tras la terminación de la Guerra Fría, esa modalidad se ha popularizado a tal punto que un tercio de los gobiernos del mundo con vocación autoritaria lo han implementado para mantenerse en el poder y como mecanismo de legitimación interna e internacional.

Es en este sentido que Elsa Cardozo nos explica cómo la globalización implica una corriente de influencia de doble vía, nos invita a comprender las condiciones internacionales que lo han favorecido, los propósitos y necesidades del régimen que perfilaron su articulación al mundo, los vínculos internacionales y transnacionales desarrollados y modificados para ello y la correspondencia entre los mecanismos de gobernabilidad interior y las estrategias internacionales que se han propuesto proteger y hacer irreversible la deriva autoritaria del régimen.

La instalación de un proyecto de largo plazo, como el de Chávez hacía necesario el desmontaje de controles y contrapesos institucionales, ya para entonces tremendamente debilitados, pero propios de una democracia, y que habían permitido apenas cinco años antes remover del poder al Presidente Carlos Andrés Pérez. El proceso de este desmontaje institucional junto a la elección de nuevos actores que permitieron una rápida transición del poder a favor de los aliados del nuevo gobierno se inicia a través de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, responsable de producir un nuevo orden constitucional, como Jesús María Casal nos explica, para centrase en el análisis de las posibles bases político-constitucionales desde las cuales es posible adelantar la reconstrucción institucional que el país exige, partiendo del examen de dos grandes problemas jurídico-políticos que han dificultado el desarrollo del Estado constitucional en estos años o, dicho de otra forma, que han menoscabado la institucionalidad de la Democracia constitucional plasmada, en sus principios fundamentales y sin perjuicio de sus múltiples deficiencias regulativas, en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Asimismo, Jesús María aborda en un análisis desapasionado y equilibrado los obstáculos que esta misma Constitución podría significar para ese levantamiento institucional situándose, al igual que otros capítulos, a mitad de camino entre el diagnóstico de la situación actual y el planteamiento de propuestas para el futuro devenir político-institucional, en un intento por demostrar que la actual Constitución, aunque adolece de muchas fallas, podría llenar las exigencias primordiales para una Democracia y la construcción del necesario Estado de Derecho, a partir del pluralismo político que por su origen ella representa.

En un capitulo siguiente de esta obra, Margarita López Maya desarrolla cómo en Venezuela el uso de la expresión “poder popular” ha reflejado cambios importantes en la naturaleza de las relaciones entre Estado y sociedad en la era de Chávez. Aunque pudiera parecer un término del lenguaje cotidiano, esta expresión tiene una genealogía anclada en corrientes del pensamiento marxista. Fue usada como denominación por las “Repúblicas Populares Socialistas” de Centroeuropa después de la II Guerra Mundial, con lo que revelaban su afiliación a la Internacional Comunista dirigida por la URSS. Sigue siendo el poder legitimador de la “democracia popular” de la República de Cuba. Una exploración sobre los documentos y discursos oficiales de estos años muestra cómo la expresión fue inexistente en los primeros años del gobierno de Chávez. Apareció luego y fue adquiriendo creciente visibilidad y centralidad en el lenguaje oficial a partir de su re-elección en el 2006. El uso del término poder popular revela un cambio al interior de la relación de fuerzas chavistas a partir de 2005, para dar preeminencia a actores de ideología leninista. Un resultado: la alteración del proyecto de la democracia participativa y protagónica de matriz liberal por otra democracia “popular” de matriz marxista leninista, próxima a Cuba y a los fenecidos regímenes socialistas estatistas del siglo XX.

Este nuevo enfoque de democracia popular busca su materialización y consolidación, como Claudia Curiel nos demuestra, a través de una institucionalidad paralela al Estado que adquiere la forma de una nueva organización político-social, el Estado Comunal y sus estructuras de participación política. Es así como Claudia nos interna, tal como ella lo ha hecho en persona, en un mundo que aunque convive con nosotros en el día a día, es poco conocido en lo íntimo y mucho menos en su naturaleza híbrida (social y política) y en su capacidad de transmutación de espacio de participación a maquinaria clientelar de movilización, sobre la cual descansa una buena parte de los éxitos electorales del actual régimen.

La promesa de construcción del Socialismo del siglo XXI, como alternativa al fracaso de las poco comprendidas y muy satanizadas políticas neo-liberales implementadas por Carlos Andrés Pérez, y que sirvieron de justificación a la intentona golpista encabezada por Chávez, pasaba por una transformación económica del Estado que quizás pocos puedan explicar y desmitificar mejor de lo que Ronald Balza lo ha logrado hacer en las páginas de El Desafío Venezolano.

Para cerrar Ángel Álvarez y mi persona dedicamos los dos capítulos finales de este trabajo a mirar hacia el futuro. Ángel hablándonos, desde un análisis detallado y muy bien fundamentado, de las ventajas de la estrategia electoral implementada por la oposición durante los últimos años  y las posibilidades reales del voto como mecanismo para retornar al país a una democracia capaz de reconciliarnos. En mi caso reconociendo que si bien los procesos electorales han servido hasta ahora para legitimar el autoritarismo en Venezuela, tal como sucede en muchos otros países gobernados por el mismo tipo de régimen, el modelo electoral tiene el potencial democratizador que Ángel Álvarez le atribuye sí, y solo sí, se cumplen tres condiciones esenciales que la ciencia política comparada ha identificado y que explico en detalle en el capítulo final.

Si bien es mucho lo que se ha escrito sobre Chávez, no es mucho lo que se ha hecho por colocar las piezas juntas para mejor comprender la naturaleza del régimen de gobierno implementado y puesto hoy en manos de Maduro, por lo que estamos convencidos de que este trabajo, del cual me siento orgulloso de formar parte y haber tenido la oportunidad de coordinar, constituye un esfuerzo interdisciplinario que merecerá la atención de muchos por haber colocado en un solo texto una riqueza de perspectivas, que normalmente encontramos aisladas y nunca inter-relacionadas, en un esfuerzo por unir los puntos entre lo individual, lo social, lo colectivo, lo político, lo internacional y lo jurídico para arrojar luces sobre el presente y el futuro de un fenómeno tremendamente complejo, que ya hoy es objeto de estudio dentro y fuera de nuestro país, y de cuya mejor comprensión dependerá el futuro de Venezuela.

Esperamos que El Desafío Venezolano. Continuidad Revolucionaria o Transición Democrática sea del agrado de todos ustedes y útil para una mejor comprensión de la realidad en que vivimos, solo me queda pedirles de manera muy especial que si así lo consideran nos ayude a darle la más amplia difusión, al tiempo que me despido hasta nuestro próximo encuentro cuando seguiremos conversando sobre la importante encrucijada en la que se encuentra hoy nuestro país.

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