Editorial

Editorial N° 40: ¡Colas nuestras de cada día!

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¡Colas nuestras de cada día!

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Gustavo L. Moreno V.  / 23 de octubre de 2014

El país se ha convertido en una gran cola. Salimos a la calle y ya no solo encontramos colas de carros, como se había hecho costumbre, sino que la entrada de farmacias, supermercados, perfumerías, carnicerías, bombas de gasolina, bancos, y pare de contar, son lugares de socialización en colas interminables. La gente lleva sus kit: sillas, agua, sombrillas, etc. Conversan, se quejan, critican, pero siguen en pie de lucha por horas hasta recibir las tan necesitadas toallitas húmedas, o el paquetico de afeitadoras, o la cajita de Atamel. La vida cotidiana se ha convertido en eso, en esperar por horas las migajas que caen de la mesa de los amos que dirigen este país y que han arrasado, no sólo con todo lo material, sino con la autoestima de la gente, con la dignidad de un pueblo que parece paralizado ante tanto atropello.

Miramos el panorama y nos asombramos doblemente. Por un lado, nos parece inaudito que en un país como este un gobierno irresponsable llevara a una ruina tan desoladora, en medio de la bonanza petrolera más grande de la historia nacional, y con la complicidad de muchos que no necesariamente son gobierno; por otro lado, nos quedamos perplejos al ver cómo un pueblo, ese mismo que en otrora fue considerado como un cuero seco (que si se pisaba por un lado se levantaba por el otro) se permite tal nivel de humillación. Ante este panorama, las emociones pululan dentro de nosotros: rabia, desencanto de lo que somos, frustración por lo que podríamos ser y no somos, obstinación ante una cotidianidad tan violenta y hostil, etc.

En medio de este paisaje al que parece que nos vamos acostumbrando, recordaba que Silvia Conde[1] ha venido planteando en sus investigaciones sobre desarrollo de competencias ciudadanas para la democracia, que una de las principales competencias que ha de desarrollar el sujeto en su construcción como persona y como ciudadano es la autoestima: La autoestima y el aprecio por sí mismo contribuyen a la formación de un ser humano capaz de exigir el respeto a sus derechos en busca de cada vez mejores niveles de bienestar para sí y para su comunidad, de contribuir a la construcción de un poder ciudadano crítico y comprometido, así como de participar en la regulación del poder público”[2], por el contrario, mientras más baja sea la autoestima personal y social, más fácilmente seremos presa de las dádivas del gobierno de turno, y por supuesto, sobre esta base social es prácticamente imposible pensar en construir una democracia saludable y eficiente.

La persona no se reconoce como un sujeto de derechos y de deberes, por lo tanto ¿qué más podemos hacer?… ¡la cola! y en medio de ella pasémosla bien, riamos, conversemos, echemos broma, llevemos nuestra sillita y burlémonos de nuestra tragedia nacional; o busquemos los caminitos verdes para lograr lo que se necesita: unos reales a la cajera del supermercado para que avise cuándo llega la leche regulada o para que nos la guarde, al vigilante de la farmacia para que se tome un “fresco” y nos dé el pitazo de la llegada de una medicina, o un cafecito al de la carnicería… así entre sillitas y caminitos verdes se sobrevive a la tragedia nacional de la destrucción del espacio público, de la calidad de vida y a la aniquilación de la poca autoestima social que aun podría quedar por allí. La “democracia” se convierte en una misa de difuntos en donde se entierra la ciudadanía.

En nuestra edición de esta semana Mercedes Martelo nos ofrece su artículo “El Estado del mal-estar”, allí nos plantea que “el deterioro generalizado que venimos observando en todas las dimensiones de la vida, para un número cada vez mayor de personas en todo el territorio nacional, nos lleva a concluir que en Venezuela, si alguna vez se trabajó para el establecimiento del Estado de Bienestar, ese trabajo se ha esfumado y lo que se ha instalado es el Estado de Mal-estar”

También en Opinión y análisis, les ofrecemos la columna El Faro, de Benigno Alarcón, esta semana con el artículo “Ojo con el diálogo: las lecciones de Zimbabue”, en el que nos relata la experiencia del Acuerdo Político Global del 15 de septiembre de 2008, en donde Mugabe incorpora a la oposición a labores de gobierno, en una estrategia magistral para “lidiar con un momento de debilidad política y crisis económica, neutralizar a la oposición y endurecer el control hegemónico de quien, pese a tener más 30 años en el poder, se hace llamar el Libertador de Zimbabue”.

Por su parte Carlos Romero, en su columna Debate Ciudadano, nos ofrece el artículo El Cambio Climático y la ley como expresión de compromiso político, en él nos trae experiencias de dos países latinoamericanos “que han logrado Dos países latinoamericanos han logrado concretar su compromiso para enfrentar los efectos del Cambio Climático a través de la aprobación de leyes nacionales

Finalmente, Alfredo Yánez trae una interesante reflexión sobre las primarias dentro de la oposición, como mecanismo para la selección de los candidatos que se postularan para las próximas elecciones de diputados a la Asamblea Nacional. Su artículo titulado “¡Vamos a las primarias!” es un llamado de atención en relación a la reto político que tiene planteado la oposición en las próximas elecciones. Para Yánez, “si el país y su dirigencia (…) no define una estrategia de selección de candidatos (…) llegaremos a la fecha de la elección para enfrentar nuevamente ideologías frías y vacías.”

En nuestra sección del Proyecto Integridad Electoral Venezuela, les ofrecemos el Dossier N° 8, con un resumen interesante sobre los últimos acontecimientos en relación a la elección de los nuevos rectores al CNE, y los pasos que se deben seguir de ahora en adelante, una vez conformado el Comité de Postulaciones Electorales.

En Recomendados Mercedes Martelo nos invita a revisar dos libros: “Democracia” de Charles Tilly, publicado en el 2010; y Democracies and Dictatorships in Latin America de Scott Mainwaring y Aníbal Pérez Liñan, publicado este año. También Edgiannid Figueroa nos invita a ver el documental ¿Por qué la pobreza?

La reconstrucción nacional pasa necesariamente por la reconstrucción personal y ciudadana, el fortalecimiento de la democracia requiere que se convierta en una práctica de vida cotidiana y permee todas nuestras relaciones, nuestras formas de tomar decisiones, de asumir el espacio público, de defender nuestros derechos y asumir nuestros deberes. Desde las relaciones y discursos explícitos e implícitos de una aula de clases, por poner un ejemplo, hasta nuestra manera de comportarnos en el metro, condicionan nuestro rol ciudadano y con él la salud de la democracia. Podemos ser mucho más que sujetos que pasan horas en cola, no nos merecemos esta cotidianidad y está en nuestras manos cambiar esta realidad haciendo que el gobierno sea una expresión de la voluntad de la gente, y no seguir siendo la gente una expresión de un gobierno decadente.

[1] Es maestra en ciencias con especialidad en Investigaciones Educativas por el Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional de México. Ha sido asesora de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), de las Secretaría de Educación Pública de diversos estados de la República y del Servicio de Administración Tributaria (SAT) en la elaboración de materiales didácticos, programas de intervención y de formación docente. Así como consultora para el Instituto Federal Electoral para el Diseño de la Consulta Infantil y Juvenil 2003 y 2012.

[2] Conde, Silvia (2005) Fragmento del libro “Educar para la democracia. La educación ciudadana basada en el desarrollo de competencias cívicas y éticas”, México, IFE, 2004, en prensa. Pueden acceder al documento a través del enlace: http://www.ife.org.mx/documentos/DECEYEC/pdf/educar/cuaderno-01.pdf

1 reply »

  1. Interesante editorial, profundizaré en la lectura de los articulos recomendados hay que tener en cuenta que esa autoestima ciudadana se logra haciendo entender a la gente que son ciudadanos con derechos y deberes y que los mismos sólo le serán respetados si los exige y se reinstaura en el país una República. Saludos,

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