Opinión y análisis

Nicolás Maduro y los caballos que hablan

PDF compartir

Guillermo Ramos Flamerich / 21 de mayo de 2015

El sistema militarista que hoy controla el poder en Venezuela se afanó, desde sus primeros tiempos, en regir y copar todos los espacios de la sociedad.  No solo en lo político y económico, hasta lo más mínimo de la cotidianidad se ha querido llevar al cuartel.  Esa batalla desquiciada trajo consigo mayor número de problemas que se sumaron a los cientos, quizás miles, que ya existían.  Pero la fiesta del barril de petróleo se convirtió en tapadera e ilusión de un país a la deriva.  Ante cada dificultad se corría la arruga, esto sirvió por un buen rato pero, aunque se siga intentando, no da para más.  El gobierno lo tiene todo y a su vez no tiene nada, he allí su desgracia.

Cable a Tierra 2Las acciones de Nicolás Maduro recuerdan un relato que le escuché al profesor Tomás Straka, el del preso, el Sultán y los caballos que hablan.  Resulta que un prisionero, condenado a muerte, en su desesperación le pide al Sultán que si le perdona la vida durante un año, logrará que los caballos del monarca hablen. Ante esa posibilidad, el Sultán decide concederle ese año de gracia.  Al poco tiempo uno de los carceleros le pregunta al preso: ¿Y tú cómo piensas hacer para que esos caballos hablen? A lo que responde: En un año pueden pasar muchas cosas, puede morir el Sultán, lo pueden derrocar, se le puede pasar la rabieta y, quien quita… Hasta los caballos puedan aprender a hablar.

¿En eso anda Maduro? Quien quita que una ola de buena fortuna le traiga más divisas, o la oposición se fragmente y el panorama internacional se le haga favorable. ¿A eso juega? Pero huir hacia adelante y no medir consecuencias ha sido un ejercicio perturbador para la república.  La Revolución Bolivariana demuestra su fragilidad ideológica mientras se derrumban sus cimientos construidos por la corrupción, el clientelismo y una red de parcelas más parecidas a una mafia que a una propuesta política.  Eso nos gobierna.

Cable a Tierra 3Corrompida está la cabeza y lo terrible, indignante y mortal se ha convertido en norma.  Parece un panorama poco alentador, donde las dudas y el desespero nos han tocado a todos.  Los venezolanos actualmente nos movilizamos entre la resignación y la rabia.  La resignación de que nada cambia, ocurren cosas, pero nada cambia; la rabia de no solo perder nuestra mayor bonanza petrolera, sino de legar un país lleno de deudas y carencias por la mezquindad, el malandraje y la desacertada visión de quienes dijeron representar el interés nacional.  Pero si todo está malo ¿Qué podemos hacer los que queremos transformar a Venezuela?

Mucho se habla sobre el papel reactivo de la oposición venezolana y la búsqueda de espacios de poder dentro del orden establecido.  No se pueden perder esos frentes pero todos estos años deben haber servido, por lo menos, de una mínima lección: desde la disidencia proyectar y echar las bases del país que se anhela.

El sistema actual falló y la crisis de la democracia representativa, que nos rigió por cuatro décadas, nos dice que las reinvenciones deben ser hechas en su momento oportuno.  Sin una idea clara, un trabajo continuo y de inclusión, no solo el fracaso está asegurado, sino el retroceso a momentos de la historia que creíamos dominados.

Cable a Tierra 4La Venezuela que debemos construir y presentar como alternativa es la de la constante discusión, la pluralidad de las ideas.  Donde se conformen organizaciones sociales con propuestas, pero también respuestas, que se engranen con lo político y lo económico.  Una ciudadanía con poder real de maniobra y así dejar a un lado esos aires omnipotentes que históricamente han presentado nuestros dirigentes.  Ese país debe concebir a los partidos políticos como instrumentos de participación y no como intransigentes máquinas electorales.

Es comprender que si queremos una democracia que tenga respuestas concretas a los venezolanos, debemos de dejar un lado las desventuras desdichadas de quienes apuestan el futuro de treinta millones de venezolanos a que, tal vez, los caballos en un año puedan hablar.

1 respuesta »

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s