Editorial

Editorial Nº 89: 30 días

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30 días

 

Daniel Fermín Álvarez – 6 de noviembre de 2015

Al momento de escribir estas líneas, estamos exactamente a 30 días de las elecciones para elegir nuevos diputados a la Asamblea Nacional. Parece mentira, pero la campaña “aún no ha empezado”. Las comillas vienen al caso porque, a pesar de que la campaña comienza, oficialmente, el 13 de noviembre, todos los venezolanos sabemos que basta colocar un pie en la calle para, con cada valla, mural, cuña en radio, volanteo y demás, evidenciar que estamos, desde hace un buen rato, en campaña. Frente a esto, el CNE ha sido consistente con el argumento que ha venido utilizando desde hace algunos procesos atrás: sólo está facultado para regular el período oficial de campaña, no la precampaña. Una lavada de manos que convierte este lapso de precampaña, más largo que el de la campaña permitida, en un espacio que da rienda suelta al ventajismo y las irregularidades.

En el camino se acumulan varias deudas. Tres autoridades electorales con el período vencido fueron sustituidas por el Tribunal Supremo de Justicia, cuando correspondía hacerlo a una Asamblea Nacional que llamó “omisión” a la falta de acuerdo. Una de las coaliciones políticas escogió a sus candidatos mediante unas primarias que, sin embargo, reservaban para la cúpula partidista las plazas más importantes, mientras que, en la acera de enfrente, el proceso de primarias fue absolutamente escueto, dando prioridad al reparto entre las directivas de partidos. Se burló el espíritu del artículo 188 de la Constitución, y como resultado vemos a candidatos caraqueños en Vargas, mirandinos en el Delta, zulianos en Aragua, y pare usted de contar. En la “precampaña” vemos candidatos-funcionarios, candidatos acompañando a funcionarios a inaugurar obras de gobierno, a todo nivel, recursos públicos utilizados para fines proselitistas.

Hemos tenido también situaciones irregulares que afectan las condiciones electorales. Un TSJ interviniendo directivas de partidos, en una ofensiva de judicialización de la política; la declaratoria de estado de excepción en municipios de cuatro estados distintos que, si bien no interrumpe el acto electoral, sí modifica las condiciones de campaña; el tono agresivo del presidente, llamando a ganar “como sea”, amenazando con “no entregar”.

A pesar de las deudas, de las irregularidades, de lo lejos que ha sido todo esto de un escenario ideal de elecciones, lo cierto es que, a las puertas del “inicio” de la campaña formal, la gente está resuelta a votar. A pesar de la desconfianza y en medio de la peor crisis de nuestra historia contemporánea, una ciudadanía de profunda herencia democrática y vocación pacífica quiere expresarse en unos comicios que, lejos de perfilarse como una elección netamente legislativa, toman la forma de válvula de escape para una sociedad afligida. De lo que tenemos por delante en los siguientes treinta días hablaremos al cierre de este Editorial…

En el marco del Proyecto Integridad Electoral Venezuela, Eugenio Martínez escribe una nueva Baranda Electoral. En esta oportunidad, Martínez analiza las Normas Especiales de la Campaña Electoral para las elecciones a la Asamblea Nacional, aprobadas por el CNE el 5 de noviembre. El reglamento prohíbe que ONG y organizaciones no postulantes participen de la campaña electoral y no establece mecanismos claros para la regulación del uso de los recursos públicos en la campaña. Recomendamos la lectura y difusión del análisis de esta norma que será determinante en el desarrollo de la contienda rumbo al 6 de diciembre.

Luis Salamanca abre la sección Opinión y Análisis con su columna Testigo de Época. Salamanca escribe, en esta edición, “La cancha electoral”, donde resalta el concepto de competitividad electoral y analiza las características del proceso que se desarrolla en Venezuela, en medio de un juego desigual y un árbitro cuestionado.

Carlos Romero escribe “El intento de imponer el socialismo y la voluntad popular que se expresa con el voto”, en su Debate Ciudadano. El autor parte de la advertencia que hiciera el presidente Maduro sobre gobernar “con el pueblo y en unión cívico militar” en caso de perder las elecciones parlamentarias. ¿Qué significa esto en el marco de la institucionalidad democrática? Romero nos da luces sobre esta y otras interrogantes que surgen del discurso presidencial.

En Cable a Tierra, Guillermo Ramos Flamerich nos trae “La política como verdad”. El autor se pasea por los distintos prejuicios que existen sobre la actividad política y aterriza en un llamado a la honestidad a los candidatos a diputados. “Nada de mentir, la gente ya no quiere engaños”, advierte Ramos Flamerich, en un llamado a la responsabilidad y la ética política.

En nuestro Espacio Plural, Carlos Carrasco escribe “Candidato ¿Cuál es la propuesta?”. Carrasco comenta el foro “La Juventud Propone”, desarrollado en la UCAB el pasado 4 de noviembre, con la participación de los candidatos Jorge Millán, Freddy Guevara, Stalin González, Richard Blanco y Juan Andrés Mejías. La crítica del autor se concentra en la falta de propuestas legislativas por parte de los candidatos que, arguye, se quedan en el llamado al voto sin presentar la oferta real. El autor finaliza llamando a los candidatos a profundizar el discurso para llegar, así, a una ciudadanía que ya no se conforma “con una simple consigna”.

Los venezolanos quieren resolver los problemas en paz. Tanto los que apuestan al cambio del esquema político y económico, como los que apuntan a su profundización, reconocen que existe una crisis tremenda. Para unos, es originada por un modelo insostenible que, además, ha sido aliado del desangre de la corrupción; para otros, por una guerra económica y componenda internacional. Unos y otros ven en el 6 de diciembre la oportunidad para expresar sus pareceres de manera democrática. Es por esto, precisamente, que adquiere tanta importancia la garantía de condiciones que hagan de estas unas elecciones competitivas, transparentes e íntegras.

En las puertas de una campaña que ya empezó, pero que ahora es que “empieza”, estamos a tiempo para enderezar los entuertos. Esto pasa por abrir el compás de la observación electoral calificada, promover el secreto del voto, garantizar el acceso equitativo a los medios de comunicación social del Estado, controlar y castigar el uso de recursos públicos en la campaña.

Como hemos dicho, la paz del país está en manos del CNE, de las autoridades del Estado y de la dirigencia política. Sin embargo, el principal protagonista de los treinta días que vienen no son ni el CNE, ni el presidente ni los candidatos. El verdadero protagonista del 6 de diciembre es la ciudadanía, el pueblo venezolano. Es el pueblo el verdadero árbitro, el de la “santa palabra”, el de la “voz de mando”. Garantizar la transparencia del proceso es garantizar la paz.   Garantizar el respeto de la voluntad de ese pueblo es garantizar la paz. La gente, ansiosa y expectante del 6 de diciembre, está llamada a asumir la vigilancia real del próximo mes, atento a los abusos, al ventajismo, a las irregularidades; exigiendo altura en el debate, respeto de los candidatos en sus propuestas. En los próximos 30 días, el empoderamiento ciudadano será la clave para que el primer domingo de diciembre podamos dirimir nuestras diferencias y decidir nuestro futuro en paz.

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