Columnistas

Es tiempo para la política

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Johan Rodríguez Perozo – 15 de enero de 2016

El devenir del ejercicio democrático en el ámbito iberoamericano, ha puesto por delante varios retos interesantes, en cuanto al rol del liderazgo político y su comportamiento. Básicamente, nos referimos a los casos derivados de las últimas contiendas electorales y sus resultados finales. Los eventos de Portugal y España en Europa por una parte y los de Argentina y Venezuela en el ámbito latinoamericano. Entre los cuatro casos surgen, en primera instancia, la comparación de los modelos referidos al sistema político y de elección de autoridades. En Europa, por ejemplo, aún predomina el llamado sistema parlamentario mediante el cual, es en esta instancia donde se elige al Presidente de Gobierno. En cambio, en los casos latinoamericanos señalados, rige el sistema llamado presidencialista, donde la designación del Presidente se hace a través del voto popular.

En el sistema parlamentario, la elección de la máxima autoridad responsable de la administración de los asuntos del gobierno del país, requiere de la formación de una mayoría de los integrantes de esta instancia. Es por ello que, más allá de los resultados electorales y de los grupos políticos que resulten favorecidos, no necesariamente termina siendo investido como Presidente del Gobierno, el líder de la agrupación con mayor cantidad de votos. Es el caso de Portugal, donde las fuerzas conservadoras obtuvieron la primera minoría de votos pero, frente a la imposibilidad de conformar una mayoría, terminó por imponerse una coalición de grupos antagónicos para formar el gobierno. El caso español se presenta de manera similar. El reciente resultado electoral trajo consigo una nueva configuración del mapa político dominante en el parlamento de este país. La nueva realidad política marcó además, de manera diáfana, lo que expertos y analistas han denominado como el fin del bipartidismo español. Aunque aún está por definirse el epílogo de este capítulo político, es claro que, entre otras situaciones, podría producirse un caso similar al portugués. Son varias las opciones que surgen a la luz de la nueva realidad. Dos de éstas podrían ser: a) la repetición del caso de Portugal, donde varias minorías afines políticamente, podrían conformar el gobierno sin la participación de la agrupación que obtuvo la mayor cantidad de votos; b) que ante la imposibilidad de lograr acuerdos sólidos, los electores tengan que regresar a la urnas para dirimir la situación en la instancia de la participación de los ciudadanos a través del voto popular.

En Argentina resalta la situación surgida del Macriproceso electoral por varias circunstancias. La más protuberante, es el cambio de manos del poder de Cristina Kirchner a Mauricio Macri. El cambio representa el acontecimiento político más importante de los últimos veinte años en esa nación. Sobre todo, por la influencia marcada por el desplazamiento del eje político que, junto a Venezuela, Brasil, Uruguay, Bolivia y Ecuador representaba hasta éste momento. Tal desplazamiento adquiere mayor notoriedad, con los resultados de las elecciones parlamentarias en Venezuela. En el marco de una realidad paralela, respecto al tiempo en que ambos grupos vienen ejerciendo el poder, ésta tendencia latinoamericana es derrotada política y electoralmente en dos latitudes claves para el proceso político latinoamericano. Aunque existe una diferencia obvia en términos del tipo elecciones y sus resultados en ambos países, es claro el impacto y efecto para la nueva realidad que ahora se configura en ambos países.

Para Argentina significa el fin de la llamada era Kirchner, durante la cual el matrimonio deNéstor y Cristina impuso su ley de la manera como es conocida. Significa, además, el inicio de una etapa de recomposición en el seno del amplio y difuso movimiento denominado históricamente como “el peronismo”, cuya impronta ha marcado de manera significativa a la sociedad argentina durante un largo período histórico. El dominio de este sector político de la instancia parlamentaria y la mayor parte de los gobiernos regionales, le impone a quienes ahora manejan el poder presidencial, retos de verdadera importancia, frente a los cuales se ha de definir la Argentina de la primera mitad del siglo XXI.

En contrario, en el caso venezola904011no, aunque el régimen que detenta el poder ha sido derrotado de manera flagrante por sus opositores en la elección parlamentaria, aún le queda el recurso del poder ejecutivo y el control por éste ejercido, en la era chavista, del resto de los poderes públicos. En un caso y en otro, al margen de la diferencia de forma, comienza también una nueva era del manejo de la política, donde quien ejerce el poder ya no lo podrá hacer de manera hegemónica. El caso venezolano resulta de mayor interés, no sólo por el significado político de la derrota al chavismo, cuya impronta fundamental en el contexto latinoamericano ha quedado en tela de juicio. El resultado ha lesionado seriamente, además, la idea construida por Hugo Chávez, según la cual Venezuela, junto a sus mentores cubanos, venían ejerciendo una suerte de dominio político continental, capaz de disputarle a otros países la influencia política en la región. No cabe duda alguna acerca de la importancia que en términos de impacto y significado político de ambos casos tendrán sobre la nueva realidad política en el ámbito latinoamericano.

En el caso europeo y sobre todo en España, las nuevas realidades surgidas tras los procesos políticos y electorales imponen nuevas formas de comportamiento del liderazgo, en el contexto de la cultura política de estos países. Agregado al viejo debate independentista y separatista que no cede espacios en el cotarro político español, ahora se agrega la polifonía partidista, puesta de manifiesto en un parlamento acostumbrado al péndulo bipartidista. En Argentina y Venezuela, los retos políticos, aunque similares por cercanía geográfica y sistemas políticos, es claro que la realidad se hará mucho más exigente para las élites protagonistas de ambos procesos. En definitiva, la sociedad europea y latinoamericana, dada la complejidad de los niveles de conflicto político en los cuales conviven, tendrán la ocasión de conocer la madera de la cual están hechas las élites políticas que las conducen. Del comportamiento de los protagonistas, depende en mucho el futuro de estos países. De sus decisiones y capacidad para conducir sus respectivos procesos, depende también el futuro de varias generaciones. Al decir de los viejos pensadores y filósofos, tanto en el llamado viejo continente como en el nuevo, ha llegado el momento para la política.

 

 

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