Bitácora del Poder

La cacería del descontento político

sin-titulo-1

PDF compartir

Fernando Arreaza Vargas –  17 de febrero de 2017

Parece tan fácil, y tan esquivo al mismo tiempo. Todos nosotros creemos saber -la mayoría del tiempo- lo que la gente pide, lo que la gente reclama. Estamos convencidos de muchas cosas, hasta que nos convencemos de otras. En Venezuela hemos vivido una década en búsqueda del descontento político.

En las terrazas más iluminadas de las mejores urbanizaciones de Caracas, miles de personas van y vienen; se sientan, hablan y se toman un café. Debajo de un toldo, entre el bullicio de las calles aledañas y con el aroma a panadería en el ambiente, los vecinos conversan y la política sale tarde o temprano. Casi siempre coinciden. No tanto por las condiciones demográficas que suelen juntar a los que piensan parecido, más bien porque nuestros problemas son tan básicos que cualquiera entiende la solución.toma-caracas

Lo que hace 10 años era ¨patear la calle¨, hoy se convirtió en ¨tener pelotas¨. Esos son los reduccionismos ideológicos más populares, los estribillos que nos coreamos entre nosotros cuando nos cansamos de pensar en una elaborada solución. Hasta los más curtidos en conocimientos políticos se cansan y terminan diciendo: ¨lo que hace falta es voluntad¨.

Sí, y No. Esos planteamientos son tan básicos que difícilmente pueden ser mentira, pero ignoran la inmensa complejidad del asunto. Sin embargo, no es tanto culpa de la gente. Es culpa de algunos vicios políticos populistas que usaron individuos para explotar la frustración. ¨La política es simple, no se preocupen por nada, solo voten por mí que esto se arregla fácil¨. En algún punto años atrás, así empezó.

Diego Arria, vestigio de aquellos vicios que dieron entrada a la revolución, sirve de ejemplo. Año tras año, repite las mismas frases simplistas como si fueran una solución. ¨Hace falta una gran coalición nacional¨, ¨masiva presión de calle pacífica¨, y la que lo medio revivió políticamente: ¨nos vemos en la Haya¨. Lástima que se olvidó de proponer pequeños detalles como la manera de organizar la coalición con un abanico de posturas tan heterogéneo, las estrategias para sostener protestas masivas sin que la gente se canse o detectar infiltrados que las puedan tornar violentas. Ni siquiera mantuvo el tema de La Haya en la agenda pública.

Esa manera de vender las acciones políticas como si fueran una cajita feliz es lo que tiene confundido al vecino cuando se toma su café. ¨ ¡Pero si es tan obvio que hay que presionar contundentemente! ¨. Claro, lo que pasa es que en el otro bando también juegan.

Entender la agenda pública

Hay tres ideas sobre la manera en la que funciona la política en la agenda pública. Estas ideas parten de una premisa: nadie, o casi nadie, se sienta a leer detenidamente el panorama político. Un pequeño porcentaje de la población es el que se sienta a leer la propuesta de cada grupo político antes de tomar una decisión. Un menor aún reconsidera periódicamente sus afiliaciones para evaluar el progreso. Estas ideas parten de una aplastante realidad, poca gente se acuerda por qué realmente empezó a apoyar a alguien.

Una vez que asumes una de estas ideas, desarrollas todo lo demás alrededor de ella.

La primera es que la gente en general no entiende lo que pasa. Vamos a la deriva, tratando de direccionar ligeramente un tren sin frenos. Las personas reaccionan ligeramente a los slogans y emoción política. La mayoría ya tiene su decisión política antes de leer la primera propuesta.

La segunda es que las élites controlan la agenda. Hay una clase política privilegiada que entiende, digiere y comunica la política. Estos tienen una influencia profunda en el resto, y la sociedad se mueve según se mueva esta élite. Unos pocos deciden y hacen que el resto decida con ellos.

La tercera es que usamos atajos mentales. Pequeñas pistas conceptuales ahorran el trabajo de pensar en todas las propuestas y opciones objetivamente, antes de tomar una decisión. Utilizamos una mezcla de experiencia e instinto para llegar a una conclusión similar a la que llegaría si pensaras detenidamente en todas las variables.

El camino elegido

Una vez asumes una de las posturas anteriores como tuyas, entonces puedes comenzar a trabajar en función de ellas. No tiene mucho sentido el valor, si no interpretas la manera en la que funciona la gente. No tiene mucho sentido convocar a la sociedad, si culpas a las personas de no entender tu mensaje. No tiene mucho sentido trabajar en política, si quieres que el mundo se adapte a tus ideas.

En Venezuela la cacería del descontento político es sencilla. El problema es que pocos han sabido hacer algo cuando lo encuentran.

1 reply »

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s