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Editorial N° 145: ¡Elecciones ya!

Editorial N° 145

¡Elecciones ya!

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Daniel Fermín Álvarez  –  10 de marzo de 2017

“¡Elecciones ya!”. Más que un slogan, se trata de un clamor popular. De acuerdo a los estudios de opinión, existe una serie de consensos básicos en la sociedad venezolana en la actualidad: El país va por mal camino; la crisis es culpa del gobierno y de su modelo económico; debe impulsarse un cambio drástico pronto. Cuando la gente señala al gobierno como responsable, lo hace evaluando su gestión y las consecuencias de sus políticas. “Expropiaron el café, y ahora no hay café; el aceite, y no hay aceite”. La frase es de un focus group reciente y la voz es una de tantas que votaron por el presidente Maduro y que, cuatro años después, hoy se arrepiente y aspira algo distinto, algo mejor para el país. La gente saca cuentas.

Cuando señalamos que más de 80% de los venezolanos comparte una evaluación negativa de la situación y de la actuación del gobierno, debemos también destacar algo obvio, pero que se pierde en el ping-pong político: la crisis ha sobrepasado la polarización política. Hoy están inconformes los opositores de hace 18 años, pero también los que llegaron hace menos tiempo. Están descontentos los independientes. También los chavistas de ayer… y los de hoy.

¿Qué quiere la gente? Frente a la escasez, abastecimiento, diversidad, libertad de elegir. Frente a los bachaqueros, oferta y economía honesta. Frente a la violencia, educación, seguridad, orden, reglas claras. Frente a la dramática situación de desnutrición y carencia, alimentación. No olvidemos que la ENCOVI destaca que 74% de los venezolanos perdió más de 8 kilos el año pasado, producto de lo que la gente bautizó coloquialmente como “la dieta de Maduro”.

Los venezolanos quieren propuestas concretas. Señalan como errores del liderazgo las promesas vacías e imposibles de cumplir, como la de salir del gobierno en los primeros seis meses de 2016. Muchos marcharon el 1 de septiembre, algunos por primera vez desde desencantarse con el chavismo, pero se desilusionaron cuando las expectativas generadas sobre la manifestación no se cumplieron. Muchos de ellos no marcharán más hasta que se vea unidad de propósitos, propósitos claros para la consecución del cambio.

Resienten lo que sucede fronteras afuera, al menos en dos sentidos: Hay una crisis de autoestima colectiva, en la que la frustración y la vergüenza se combinan en la frase “estamos rayados en todo el mundo”. También está presente el dolor, y se verbaliza en una aspiración que trasciende estratos sociales: “que la gente no se tenga que ir”.

El venezolano que con un empleo sostenía ayer a su familia, hoy tiene tres o cuatro para que sobreviva. A ese ciudadano le urge vivir mejor y el cambio que sueña viene en la forma de oportunidades que le permitan, con su esfuerzo y el empujón solidario de las instituciones y la sociedad, surgir y salir adelante. Como en la canción, no quiere nada regalado.

¿Cómo se materializa esto? Los estudios cuantitativos y los cualitativos coinciden: los venezolanos tienen sus esperanzas puestas en lo electoral. La salida está en votar. Todos los caminos conducen al CNE, el mismo que hoy, orwellianamente, hace todo lo posible por impedir que se realicen elecciones en Venezuela, unas elecciones que sus superiores en el partido de gobierno no tienen manera de ganar…


Abrimos la Edición con la Mesa de Análisis. Ysrrael Camero nos trae la segunda entrega de “La MUD y el archipiélago de la sociedad democrática”. En esta oportunidad, Camero repasa la experiencia de la Coordinadora Democrática y analiza la conformación de lo que actualmente se conoce como la Mesa de Unidad Democrática.

En Debate Ciudadano, Carlos Romero escribe “La crisis del sistema electoral venezolano”, un trabajo que se remonta 20 años en el análisis de la actual coyuntura, en la que lo electoral no parece ser prioritario para el poder.

En Bitácora del Poder, Fernando Arreaza presenta “Las últimas notas de La Marsellesa”, un comentario agudo sobre los retos de la Unión Europea de cara al creciente movimiento euroescéptico.

Finalmente, en el Espacio Plural, Pedro González Caro escribe “Cultura Cívica: El camino hacia la Democracia como forma de vida”. El subdirector del Centro de Estudios Políticos hace hincapié en la planificación y en la iniciativa ciudadana como elementos consustanciales al sistema democrático.


¿Cómo se explica que los venezolanos vean en las elecciones la salida a la crisis cuando no confían en el CNE y lo saben subordinado al Ejecutivo? La respuesta tiene, al menos, dos partes: En primer lugar, pese a la falsificación sistemática de la historia y a un discurso empeñado en desprestigiar la obra democrática, 18 años de chavismo no han podido desaparecer la herencia democrática de la República Civil. “El pueblo es el que manda” es como se verbaliza en el focus group ya mencionado, y es un recordatorio que se torna advertencia, en boca de una menuda ex votante de Hugo Chávez, madre de cinco, víctima del mal gobierno, cuya esperanza es sacar a los responsables de sus penurias en las máquinas de votación.

En segundo lugar, la gente quiere votar porque no se quiere matar. Si algo deja claro la investigación en este campo es que los venezolanos no quieren violencia. Padeciendo de primera mano la epidemia de sangre y pólvora que es la vida cotidiana en la Venezuela de hoy, la ciudadanía aspira a una resolución pacífica del conflicto político, necesariamente electoral, que abra las puertas a un cambio genuino que abastezca los anaqueles, proporcione seguridad en las calles y vuelva a llenar los platos de la familia venezolana.

¿Y si no hay elecciones? Cuando se le pregunta a la gente qué pasaría si el gobierno, en CNE o el TSJ impiden la realización de comicios la respuesta es siempre la misma: ¡Calle! Es una respuesta significativa, pues implica vencer el miedo y luchar activamente por los derechos. También es relevante porque viene, en muchos casos, de parte de personas que nunca han marchado, sea por miedo o porque en su tránsito del chavismo a la disidencia todavía no han dado el paso de protestar como oposición.

¿Calle cómo? ¿Dónde? Nadie tiene una única respuesta, pero sí hay pistas de sobra: protesta contundente, con articulación entre distintos sectores. “Los estudiantes no pueden solos”, destaca un joven mensajero que trabaja tres empleos para poder darle de comer a su hijo. Antes, con uno le alcanzaba. Protesta no violenta: la violencia solo ahuyenta a la gente y sube las barreras de participación. Protesta simbólica y con propósito: de nada sirve protestar en una calle cualquiera, solo porque solo ahí se dio un permiso o por conveniencias logísticas. La gente quiere que el poder, prepotente en las alturas, lo vea. La gente quiere protestar en Miraflores, en paz, para hacerse sentir, para que el presidente –responsable de la crisis- los vea. Atrás quedaron los días de los llamados a marchas que se dispersan sin un llamado claro a la acción posterior.

La lucha del venezolano de a pie, de la gente de trabajo, es por un cambio que les permita vivir mejor y satisfacer las necesidades sin epopeyas ni épicas. Y la manera de cristalizar ese cambio es votando. Así lo ve la gente. Allí están hoy las esperanzas de un pueblo que quiere hacerse escuchar, pero que está dispuesto a tomar las calles si desde el poder pretenden ignorarlo. Hoy, cuando hay elecciones vencidas y ninguna garantía de que se realicen las que tocan, no se trata de un slogan, es un clamor popular. ¡Elecciones ya!

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