Opinión y análisis

De la Universidad y el Voluntariado

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María Fernanda Guevara Riera  –  28 de abril de 2017

Ser una consciencia o, más bien, ser una experiencia

es comunicar interiormente con el mundo,

el cuerpo y los demás,

ser con ellos en vez de ser al lado de ellos.

Merleau-Ponty, Fenomenología de la Percepción, p. 114.

Las líneas que siguen son una breve reflexión de lo que consideramos que debe ser la Universidad de cara a la necesidad que tenemos como sociedad de crear un léxico político inclusivo, según lo desarrolláramos en nuestra anterior entrega, titulada “A propósito de la perspectiva itinerante”. Relacionaremos, entonces, a la comunidad universitaria con el voluntariado y desarrollaremos el papel que ambos deben tener en la construcción de una polis sana.

Consideramos a la Universidad un ethos productor de sociedad. Gracias al cultivo que hacemos en nuestras aulas y en nuestros centros de investigación de valores demócratas respetuosos de la diversidad humana podemos afirmar que sembramos, regamos y cultivamos a los actores sociales que harán de nuestra sociedad un lugar con menores injusticias sociales. La Universidad es un lugar en donde se produce cultura y se crean modos de conocimiento y de actitudes con el fin de hacer del estudiante un futuro actor social en la producción y transformación de la sociedad.

Así, nos caracterizamos por ser un medio para la formación profesional cuyo fin radica en convertir a sus egresados en sujetos de libertad y justicia social: es acercar al individuo al saber y a la verdad que radica en ver al otro como un igual y en la necesidad que hay, por ello, de luchar por ver materializados en su vida cotidiana todos sus derechos sociales, sus derechos ciudadanos. Es buscar mejorar las condiciones de vida de la gente y disminuir la pobreza y la discriminación de la cual son objeto los grupos excluidos socialmente.

Se trata de realizar este fin universitario y universal a través de una educación general y liberal proporcionada por la conjunción de investigación y docencia. Es la transformación de la sociedad en función del ideal de justicia social mediante la configuración de un profesional interesado no sólo en elevar su condición social y económica sino, también, preocupado en mejorar humanamente los entornos laborales en los cuales se inserta cambiando allí, en concreto, los valores y las actitudes sociales que niegan los derechos democráticos del otro. Lo anterior supone un cuerpo profesoral creador y estudiantes capaces de aplicar ciertos principios generales.

Nuestra casa de estudios se inscribe en esta gran tarea de producir una sociedad más justa y el voluntariado es para la UCAB parte de ese gran proyecto que persigue transformar la universidad profesional en una universidad más atenta y volcada hacia la acción social. El voluntariado no es, entonces, algo accidental o complementario, sino que, más bien, pertenece a la esencia misma de la Universidad que somos y que queremos llegar a ser. El voluntariado se fundamenta en la sociabilidad del hombre y sobre todo en el querer compartir con el prójimo la realización de una función que deriva del sentimiento de solidaridad para con los semejantes. El voluntariado concibe al saber como una forma práctica de ayudar desde ya al más necesitado. Así, una universidad que persigue ser productora de una sociedad más justa ha de privilegiar la acción social, el trabajo social y, en consecuencia, los mismos valores básicos del voluntariado.

De forma tal que la creación de una comunidad universitaria ocupada en la concreción de tales ideales luce una tarea indispensable en la que el voluntariado contribuye con fuerza. Se trataría de difundir los valores básicos del voluntariado no sólo para incrementar el número de voluntarios ocupados en las labores sociales sino, también, en hacernos conscientes de la necesidad que tenemos de ser una comunidad universitaria volcada al trabajo social, en la medida en la cual, estaríamos incidiendo desde ya en lo social porque ayudamos a construir desde ya una polis sana. En este sentido, estamos en presencia de una noción de voluntariado más amplia en la que su misión consistiría en ayudar a la UCAB a realizar sus fines, fines que, como acabamos de exponer, son también parte del voluntariado.

Desde esta perspectiva, el voluntariado y la comunidad universitaria ponen en práctica la creación de lenguajes políticos inclusivos al abordar “codo a codo”-desde las aulas universitarias y sus centros de investigación, más allá de las aulas universitarias y sus centros de investigación- al hombre concreto de las comunidades adyacentes y relacionadas con la UCAB. En esta dirección, el voluntariado combate el divorcio entre las aulas y la vida diaria, viviendo y actuando aquello que se estudia y por lo cual se estudia: se trata de lograr con el trabajo en conjunto la construcción de una vida social más equitativa e igualitaria. Porque, además, sin la aplicación, sin un sujeto histórico que lo haga vivir, los textos terminan evaporándose, se convierten en expresión inauténtica de un saber disecado, en un remedio para tranquilizar las conciencias cuando éstas se perturban por alguna “mordedura de lo real”.

El voluntariado hace con su acción en las comunidades política inclusiva; con su presencia el voluntariado construye polis sana manifestando la Universidad a las comunidades -adyacentes y relacionadas con la UCAB– que requieren desde ya el encuentro con el saber encarnado. Y sólo gracias a ese contacto directo con los hombres, mujeres, niños y ancianos de nuestra sociedad, de nuestras comunidades, podemos afirmar que la Universidad está viva porque se nutre de los problemas reales que requieren su estudio y trabajo. Dicho en otras palabras, consideramos que el voluntariado es expresión de una Universidad, de una comunidad universitaria que hace cultura, que crea lenguajes políticos inclusivos basados en el reconocimiento del otro, en la escucha atenta de las necesidades del otro.

La transformación del saber en voluntariado significa cultivar desde ya lo humano en el servicio que se presta a las comunidades adyacentes o relacionadas con la UCAB; significa la capacidad de reconocer los valores que promueven humanidad y comprometerse con ellos y, sobre todo, alcanzar el significado del trabajo entendido como gesto humano al donar nuestras verdades y recibir las del otro. Es poner en marcha un proceso de educación a través del cual los hombres, mujeres, niños y ancianos al cambiar ellos mismos, cambian también sus condiciones de vida y aprendan a cooperar entre sí. Por ello, podemos pensar en el voluntariado como una acción educativa ampliada, como una lucha en torno al significado y por el significado del mundo en donde las letras estudiadas y escritas en nuestros libros se convierten desde ya en realidad.

En nuestra próxima entrega hablaremos de nuestros primeros pasos en el taller “La Perspectiva Itinerante: De dos horizontes culturales a un país” que tiene como meta crear y re-crear lenguajes políticos inclusivos. Gracias a la oportunidad que nos brinda Voluntariado UCAB, estudiaremos en las mesas de trabajo nuestra “perspectiva itinerante” como “espacio de traducción” requerido para dirimir conflictos y situaciones polarizadas. Así, nutriremos nuestros enunciados teóricos con las experiencias de los voluntarios y estudiantes ucabistas y de los profesores y líderes comunitarios de las parroquias de La Vega, Antímano y Caricuao con el fin de hacer desde ya política inclusiva; con el fin de construir desde ya una polis sana.

Me despido hasta la próxima. Muchas gracias.

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