Opinión y análisis

A propósito de la Perspectiva Itinerante

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María Fernanda Guevara Riera  –  31 de marzo de 2017

En Politika UCAB conversaremos sobre temas políticos formulando enunciados teóricos que nos permitan abordar la realidad venezolana desde diversas perspectivas, con el fin de generar una lectura dialógica de nuestra polis Venezuela. Pretendemos desde un compromiso con la teoría, superar la oposición entre teoría y política y ofrecer nuevos lenguajes de crítica que superen, así, los lenguajes binarios, los opuestos que prefiguran en la práctica socio-política una sociedad de opuestos, una sociedad enfrentada, polarizada e incapaz de dialogar auténticamente. Para ello nos valdremos de las herramientas que nos otorga la historia de la filosofía y ofreceremos como “espacio de traducción” una teoría crítica de nuevo sesgo, a saber, la “perspectiva itinerante”. La política de la verdad, la política de la identidad abre paso, entonces, con firmeza y convicción, a la “política de la traducción”: hemos de traducir los lenguajes opuestos para que la política promueva en la praxis social lenguajes de encuentro hacedores de una polis sana.

De forma tal que nuestro proceder interpretativo se realizará desde una “estructura de iteración”: itinerar indefinidamente, aportar soluciones y permanecer perplejos; moverse horizontalmente a través de las historias, las narraciones, los relatos que se superponen e intersecan, que definen y re-definen lo social. La obra traductora, más que buscar la verdad de los enunciados, busca los acuerdos en función de nuestros fines sociales, a saber, que logremos de facto promover en todas las dimensiones los derechos sociales. La teoría se vuelve teoría actuada, restituyendo a la realidad su complejidad para disolver los choques violentos, devolviéndonos al mundo en su perplejidad  y disminuyendo así el dolor social tanto de unos como de otros.

Ahora bien, itineraremos ¿de dónde a dónde? Metafóricamente, vamos a ir y venir a dos orillas que considero fundamentales para comprender la situación política venezolana, a saber, la orilla moderna y la orilla subalterna como dos proyectos culturales a los cuales les corresponde en la praxis social dos nociones de país, diversas y contrapuestas. En esta columna revisaremos, entonces, los valores políticos-modernos y los valores políticos-subalternos que visualizamos en la práctica política venezolana actual para extraer de cada uno de ellos lo mejor en pro de la unificación del país. A su vez, traeremos a estas páginas los resultados de la aplicación de la “perspectiva itinerante” en el Voluntariado UCAB. Gracias a la oportunidad que nos brinda el Voluntariado UCAB es un hecho la prueba piloto de la aplicación de nuestros enunciados teóricos a situaciones concretas, más allá de las aulas universitarias y de los textos; y con las aulas universitarias y los textos. Dictaremos un curso dirigido a voluntarios, profesores y líderes comunitarios de las parroquias La Vega, Antímano y Caricuao desde mayo hasta julio y Politika UCAB será la ventana para exponer los logros que alcancemos en las mesas de trabajo: realizaremos un esfuerzo en conjunto dirigido a construir un léxico político inclusivo.

Iniciaremos nuestro recorrido a la luz de un meta-valor que consideramos ineludible, a saber, el reconocimiento del otro como un igual. Modernidad-Subalternidad es nuestro punto de partida con la firme pretensión de mostrar la urgencia que tenemos como país de superar su contradicción. En fin, trataremos de señalar, ¿hasta cuándo es válida la persecución de un proyecto cultural con determinados valores si éste en la praxis se traduce en enfrentamiento, desolación social y hambre para los integrantes de una comunidad, para los habitantes de una polis?

La “perspectiva itinerante” no arroja certezas, sino un constante mudar de posición con el fin de una mejor traducción, de más re-escrituras. El relato que estamos elaborando con la “perspectiva itinerante” es un conjunto metafórico y, asimismo, un conjunto de argumentaciones dirigidas a persuadir a los habitantes venezolanos de la conveniencia de un nuevo “mapa de sentido” para quebrar las ideologías, sean éstas de derecha, de izquierdas o híbridas, que generan el cierre semiótico en la disputa sobre los caminos que hemos de tomar en lo social como colectivo. Conversación en común, cooperativa-conflictiva, de socios conscientes de sus propias limitaciones y deseosos de arribar a nuevos horizontes mediante el intercambio de argumentos.

La “perspectiva itinerante” pretende a fin de cuentas construir un nuevo léxico manifiestamente reconocido para lograr la apertura necesaria a la “traducción” y a la re-escritura de nuestros proyectos sociales y políticos porque con los que contamos, modernos vs. subalternos, no logramos resolver ni afrontar los problemas graves de exclusión intrasocietal que padecemos actualmente los venezolanos. Necesitamos una unión articulada mediante un léxico inclusivo para alcanzar una modernidad más madura y con menos “perversiones”, en lugar de un léxico excluyente que siga separándonos para mal de todos los habitantes de Venezuela. Vemos, entonces, que la “perspectiva itinerante” como propuesta se levanta sobre la base del presupuesto ético ineludible que mencionáramos arriba, a saber, el reconocimiento de otro como un igual.Esto es así porque la “perspectiva itinerante” permite una “relación dialógica” con el objeto mismo Venezuela, extensivo a Latinoamérica, que nos vuelve sensibles al dolor del otro, acercándonos. Porque mientras traduzco, soy traducido; mientras re-escribo soy re-escrito.

Nos preguntamos: ¿Qué yo sostiene esta propuesta de la “perspectiva itinerante”? Nos sostenemos en Rorty para decir que es un yo muy particular: un yo ironista. Un ironista está transido de léxicos en recíproca pugna, seducción, uso y desuso, léxicos que se ofrecen y retiran cuando no han logrado persuadir. El yo ironista habita la modernidad ironista: reconoce los léxicos subalternos, postcoloniales como otros léxicos en conflicto que aspiran a fines distintos y que tienen igualmente “derecho” a intentar ordenar el mundo conforme a sus preferencias. Sin embargo, el ironista que somos recurre a los léxicos modernos para formular la “perspectiva itinerante” porque considera que éstos como mapas de sentido orientan “mejor” que otros en la medida en la cual responden más rápidamente a los requerimientos que tiene nuestra Venezuela y sus problemas de polarización y enfrentamiento. La modernidad ironista es una modernidad sensible al dolor que lucha contra la crueldad y su mayor recurso es la imaginación política al estar siempre dispuesta a crear nuevos léxicos políticos inclusivos porque el otro es siempre, por encima de las circunstancias y de los léxicos políticos que nos enfrentan, un igual.

La “perspectiva itinerante” no se preocupa si ha alcanzado una fundamentación última, sino, más bien, si se ha sido lo suficientemente imaginativa como para pensar alternativas viables, léxicos inclusivos alternos con los cuales comenzar a transformar la realidad socio-política, esto es, los valores y elecciones de un pueblo determinado, en este caso, el venezolano. Está menos interesada de lograr una representación exacta de la realidad social y más preocupada de proponerse como un modo de usar la realidad. Hay que construir más allá de la confrontación estéril entre modernidad y subalternidad, derecha-izquierda, chavistas-opositores, una “teoría crítica” que en el marco del capitalismo, lo frene y moldee lo más posible a los usos populares, a la cultura de un país sin perder de vista el bienestar colectivo. Hay que edificar una crítica que supere los restos de marxismo que la animan en el seno de una “modernidad reflexiva”; una teoría crítica que se inserte en el núcleo del liberalismo.

La “perspectiva itinerante” se pretende un léxico entre muchos otros, considerándose “mejor” en relación a un “futuro” concebido como “esperanza” y no como certero conocimiento del proceso de la historia. Mejor en relación a otros lenguajes y no en relación al mundo a secas que es indiferente ante ellos. No hay que confundir ideología con retórica: la ideología se quiere siempre y desde ya “más allá de los lenguajes humanos”. Somos retóricos y así lo hacemos constar, por lo tanto, la verdad que informa y anima a la “perspectiva itinerante” es la verdad como el resultado del combate-encuentro de prácticas discursivas y no discursivas en el seno de una sociedad.

Finalmente, tal como se desprende del recorrido que hemos realizado, conversaremos en este espacio de Politika UCAB desde una mirada ético-política y lo haremos  una vez al mes. La retórica como “espacio de traducción” se propone como una nueva ética: diferenciamos, entonces, la ética retórica que plasmaremos en nuestras páginas de la retórica mala que usa la manipulación y la perversión del lenguaje. Nos urge destacar no sólo lo inevitable de la retórica y su función democrática, sino también su valía al redescubrir la pluralidad de la “verdad” –de la existencia de verdades y perspectivas- y la necesidad de una confrontación leal para edificar nuestro universo político que promueva la convivencia pacífica y el desarrollo de todos los habitantes nuestra polis Venezuela.

Me despido hasta la próxima entrega. Muchas gracias.

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