Editorial

Editorial N° 148: Democracia sentenciada


Editorial N° 148

Democracia sentenciada

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Daniel Fermín Álvarez  –  31 de marzo de 2017

Un zarpazo judicial a la democracia constituyen las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia en días recientes. Desde su instalación, el 5 de enero de 2016, la Asamblea Nacional se ha visto obstruida en el ejercicio de sus funciones constitucionales de legislar y controlar por un TSJ conformado por magistrados cuestionados en su legitimidad de origen y que están, indudablemente y a la vista de todos, a las órdenes del partido de gobierno.

La dinámica ya nos es familiar: la Asamblea presenta la ley “x”, para que, seguidamente, el TSJ la declare inconstitucional. Este ping-pong entre dos poderes, uno electo por 14 millones de ciudadanos y el otro designado con base en criterios de incondicionalidad revolucionaria, ha desvirtuado la actividad parlamentaria y triturado la credibilidad del que se supone es el máximo tribunal de la República.

Esta vez han ido más allá. Poniéndole fin al ping-pong, el TSJ ha asumido las funciones de la Asamblea Nacional, en una movida inaudita e inconstitucional. Esto representa una usurpación de funciones y viola los más elementales principios democráticos de separación de poderes. Esa semilla ya había sido sembrada en la era Chávez, cuando la concentración de poder y la idea de “un solo gobierno” se hicieron política oficial. Basta recordar las declaraciones de la entonces presidenta del Tribunal Supremo, cuando decía que la separación de poderes era perjudicial porque diluía el poder del Estado.

La oposición ha denunciado un golpe de estado. La comunidad internacional ha reaccionado de manera activa en defensa de los derechos democráticos del pueblo venezolano. Incluso la Fiscal General de la República, cuyos vínculos al proyecto chavista son notorios, ha reclamado la inconstitucionalidad de estas acciones del TSJ, calificando de “deber histórico e ineludible” su pronunciamiento al respecto.

¿Qué buscan el TSJ y el régimen del señor Maduro con estas sentencias? ¿Por qué ahora? ¿Se acabó la época de guardar las formas? Intentaremos responder al final de este editorial…


Guillermo Ramos Flamerich abre nuestra edición con su Cable a Tierra y presenta “¡En defensa de la democracia!”, un llamado al ejercicio de la autoridad popular para salvaguardar el sistema democrático, a pesar de los obstáculos y los riesgos, como si estuviésemos defendiendo la capacidad de seguir existiendo.

En la Mesa de Análisis, Marcos Tarre Briceño escribe “Camuflaje de guerra”, y analiza el tono bélico del discurso oficial como un intento para apelar a un chavismo venido a menos.

En Debate Ciudadano, Carlos Romero nos trae “Es el momento de la unidad de objetivos y de actores”. Es urgente transformar la participación electoral en participación cívica, nos dice el autor, en defensa de la democracia.

La profesora María Fernanda Guevara estrena espacio con la Perspectiva Itinerante. En este primer aporte, escribe “A propósito de la Perspectiva Itinerante”, la presentación de esta columna que busca generar una lectura dialógica de nuestra realidad política. Sin duda, un artículo rico y de calidad que recomendamos ampliamente a nuestros lectores.

En el Espacio Plural, Pedro González Caro vuelve con “La dialéctica de la exclusión”. A partir de Castells, el autor plantea que la reconciliación y la unidad solo serán posibles a partir del reconocimiento de la diversidad.

Finalmente, en Recomendados, compartimos los Comunicados a la opinión pública de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello en rechazo a las sentencias 155 y 156 del TSJ y en pro de la supremacía constitucional.


Mucho nos hemos preguntado si esta encrucijada nos llevará a una transición democrática o si, por el contrario, nos acerca a la autocratización del proyecto político chavista. Queda claro que, por ahora, transitamos el curso de la autocratización para pasar de un autoritarismo competitivo a uno de carácter hegemónico.

¿Por qué ahora? Por la plata baila el mono, dice la conseja popular. El régimen, habiendo dilapidado los recursos exorbitantes del mayor ingreso petrolero de la historia, está urgido de recursos que le permitan sostener su red clientelar y maniobrar paños calientes a la crisis que ha provocado. Para ello, necesita endeudarse y esa deuda debe ser aprobada por el Parlamento. Amigo de la discrecionalidad y lo turbio, con esta sentencia el régimen busca saltarse el control legislativo para aprobar un nuevo endeudamiento por millones de dólares y la asignación discrecional de contratos y otras operaciones petroleras que en otra época habrían sido acusadas por la propia “izquierda” como privatizadoras de la sagrada industria que es de “todos”.

Las sentencias del Tribunal no han encontrado a una población dócil y resignada, sino que se han topado con la fuerza del pueblo en las calles. Estudiantes, partidos políticos, sociedad civil organizada, diputados de la República, todos han ido a las calles, venciendo el miedo y la represión abierta, para dejar claro que el pueblo venezolano no aceptará de brazos cruzados la imposición de la dictadura franca. Muchos han sido golpeados, otros detenidos, pero no logra el régimen autoritario apagar la llama de la libertad que arde fuerte en el corazón de cada venezolano de bien.

El presidente de la Asamblea Nacional ha calificado las sentencias como “basura” y en un mensaje contundente ha hecho un llamado un sector que sigue, al momento de escribir estas líneas, silente: la Fuerza Armada Nacional. No es un llamado a la insurrección, sino precisamente a la defensa de la Constitución. Siendo que, hasta ahora, los dos pilares del régimen han sido el Tribunal Supremo y la FAN (junto a un CNE que orwellianamente tiene la misión de impedir la realización de elecciones en Venezuela), será interesante ver qué postura, si alguna, toman quienes juraron defender la Constitución y las leyes de la Nación, y en ningún momento a parcialidad política alguna. ¿Continuarán en el plano del apoyo cómplice e incondicional a la dictadura?

Quienes sentencian hoy a muerte a la democracia venezolana olvidan que, lejos de la antigua diatriba gobierno vs. oposición, en estos momentos lo que existe es un pueblo unido en el convencimiento de que el gobierno es responsable de la crisis y de la erosión de la democracia, que constituye un obstáculo al progreso y el avance de los que habitamos esta tierra de gracia. El régimen, convertido en una minúscula casta para la rapiña y los privilegios, tiene de frente a un pueblo decidido a cambiar y determinado a rebelarse contra el grupito que lo pretende someter. Al final, solo habrá una sentencia que valga: la sentencia del pueblo venezolano, en uso de su acervo democrático y de su determinación patriota por la recuperación del país.

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