Mesa de Análisis

Camuflaje de guerra

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Marcos Tarre Briceño  –  31 de marzo de 2017

Tras cada guerra hay un poco menos de democracia que salvar.

Brooks Atkinson[1]

Desde muy temprano el fallecido presidente Hugo Chávez, además de introducir constantemente términos y expresiones militares en su discurso, comenzó a decir una y otra vez que él, el pueblo y Venezuela, eran víctimas de una “guerra asimétrica” o “guerra de cuarta generación” impulsada por el imperio norteamericano y la oligarquía de ultraderecha venezolana. Utilizar el burdo pero efectivo recurso de acusar a los demás de lo que uno mismo está haciendo pasó casi desapercibido para la mayoría de la gente, oculto o disimulado entre el aluvión verbal y temático con el que Chávez inundó al país. Pero, para algunos avezados analistas la intención era muy clara[2]:

“…La insistencia chavista en las guerras asimétricas esconde una gigantesca operación psicológica orientada a disimular los verdaderos objetivos de su promotor: profundizar la Revolución Bolivariana e incrementar el control sobre la ciudadanía.”

Como la amenaza de la guerra asimétrica en algún momento se decía que podía evolucionar hacia una guerra convencional, se crearon las milicias bajo el mando directo del presidente y se invirtieron cientos de millones de dólares en compras, según algunos dicen casi siempre con sobreprecios, de armamento y equipos militares. La invasión de los marines nunca ocurrió, pero sí, paso por paso, la destrucción de la democracia y el acorralamiento de la sociedad y de los ciudadanos. El régimen Chávez-Maduro aplicó y continúa aplicando el “manual” de la guerra asimétrica, pero no contra la “planta insolente del extranjero que ha profanado el sagrado suelo de la patria”, sino contra el pueblo venezolano, tal como lo explican los ideólogos de ese nuevo tipo de conflicto:

“…Los nuevos[3] principios de la guerra consisten en ya no hacer uso de la fuerza armada para obligar a un enemigo a plegarse a nuestra voluntad; sino más bien utilizar todos los medios, tanta la fuerza armada como la fuerza no armada, militar o no militar, y medios letales y no letales para obligar al enemigo a someterse a nuestra voluntad.”

Los medios “no letales” empezaron con las “esquinas calientes”, la discriminatoria “lista Tascón”, el insulto y la descalificación sistemática al que opinara distinto o emitiera dudas o reservas sobre el proceso revolucionario. Otra reconocida analista de la guerra asimétrica afirma:

“También[4] la nueva guerra intenta evitar el combate y hacerse con el territorio a través del control político de la población, pero mientras que la guerra de guerrillas pretendía “ganarse a la gente”, la nueva guerra toma prestadas de la contrarrevolución unas técnicas de desestabilización dirigidas a sembrar “el miedo y el odio”. El objetivo es controlar a la población deshaciéndose de cualquiera que tenga una identidad distinta (e incluso una opinión distinta).”

El miedo en la población se sembró mediante la impunidad a la delincuencia, la promoción de colectivos armados, la represión mediante las bandas motorizadas y otras siniestras fórmulas; mientras que el odio fue un componente permanente en el discurso y acciones del Alto Gobierno. Primero la concepción de la guerra asimétrica se aplicó para mantenerse en el poder a cualquier precio, ahora, según revela la lista OFAC del departamento de Estado de Washington, también para otras inconfesables razones.

Pero, la guerra asimétrica no es el único conflicto que hemos padecido. En paralelo a ella, según los ideólogos del chavismo, se libró otra batalla. La “guerra mediática” estalló con fuerza y en éste otro frente de combate los métodos del gobierno fueron menos sutiles. El cierre de la popular Radio Caracas Televisión, RCTV, en el 2007, marcó un hito. 240 emisoras de radio han sido atacadas y estranguladas por el régimen y 34 emisoras independientes clausuradas definitivamente, muchas de ellas cuando Diosdado Cabello fue ministro de comunicaciones; 15 periódicos han cerrado por falta del papel o de acceso a divisas para comprarlo. Demasiados periodistas han perdido sus puestos de trabajo, o han sido golpeados, acosados o hasta encarcelados por un tweet, intentar volar un drone o retransmitir un video en Youtube.

Las enormes fortunas personales acumuladas por funcionarios, testaferros y amigos del proceso revolucionario permitieron cierta evolución y así se pasó del brutal cierre de medios, con un alto costo político, a la más discreta compra de emisoras, televisoras y prensa escrita, como los casos del diario El Universal, la televisora Globovisión, o el grupo Últimas Noticias por parte de personeros afines al gobierno. El régimen logró la soñada hegemonía comunicacional y nuevamente, de proclamarse víctima pasó a ser el victimario de la libertad de expresión. Para los resquicios aún por controlar, como los canales internacionales, se prohibió su difusión en los servicios de cable, como el caso de NTN24 o el más reciente de CNN.

Una hechura más nueva, desatada con furia desde que Nicolás Maduro es presidente, es la “guerra económica” jalada por sus tres caballos del apocalipsis: el desabastecimiento, la inflación incesante y la devaluación de la moneda, todas con un efecto devastador en la salud y calidad de vida, especialmente de las clases sociales más vulnerables.

Inspirados o siguiendo el modelo del “Bloqueo de Cuba”, que sí existió, los ideólogos del madurismo, o sus asesores extranjeros, se inventaron la “Guerra Económica”, explicación de todos los males que padece Venezuela y burda excusa para los fracasos sistemáticos y sostenidos del Gobierno.

El supuesto “Frente de Guerra” más importante, el económico, va de mal en peor. Y a diferencia de lo que ocurre en una guerra de verdad, cuando los mariscales o generales no dan la talla son inmediatamente relevados del mando, castigados y sustituidos; en Venezuela los ministros que no han logrado detener la inflación ni mejorar el abastecimiento de alimentos básicos o medicinas, son recompensados por sus fracasos, rotados a otros ministerios o exaltados como héroes de la revolución.

Pero, estos años de tantas “guerras” libradas en tantos “frentes” no dejan de traer consigo un mensaje tramposo escondido.

La historia no recuerda a ningún inglés que haya alzado su voz contra el racionamiento de alimentos, combustibles, energía y otras medidas muy duras tomadas por Winston Churchill como parte del esfuerzo nacional para resistir y vencer en la segunda guerra mundial. Las guerras de verdad obligan a medidas de excepción, en tiempos de guerra todo está permitido. De éste modo repetir una y otra vez que estamos en guerra explicaría las interminables colas, a gente comiendo de la basura, a niños y niñas desnutridos o muriendo de hambre, canibalismo en las cárceles, racionamiento, mercado negro y mercado rojo, privaciones de todo tipo y más de 150 mil bajas, daños directos o colaterales como son los homicidios ocurridos en estos casi veinte años…

Así que la guerra de cuarta generación, la guerra mediática y la guerra económica, la guerra permanente instauradas primero por Chávez e intensificada por Maduro, no pasan de ser una operación de camuflaje, de camuflaje de guerra, para ser más preciso. Como bien proclamaba el tullido Joseph[5] “…una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Mensaje de guerra obsesivo y repetitivo para la menguante minoría chavista desesperada por seguir creyendo y también para ese aparataje internacional que chupa de Venezuela incansablemente, hasta la última gota… o para utilizar un término bélico, hasta la última bala.

[1] Intelectual y crítico de teatro norteamericano. 1925-1960

[2] “Las guerras asimétricas y de cuarta generación dentro del pensamiento venezolano en materia de seguridad y defensa”, Dr. Mariano César Bartolomé,

[3] Qiao Liang y Wang Xiangsui, Unrestricted Warfare, 1999

[4] “Las Nuevas Guerras. Violencia organizada en el mundo global”. Mary Kaldor. 1999

[5] Joseph Goebbels, ministro de propaganda en la Alemania nazi.

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